Detrás de Epicentro 2018, el festival más emocionante de Costa Rica

Lucas Vernon

En un país que suele ser ignorado por las grandes bandas internacionales se fortalece y crece un proyecto que busca posicionarlo como una parada más crucial dentro del circuito de festivales latinoamericano.

Todos los festivales de música comienzan con el sueño de una o un grupo de personas. Levitation, por ejemplo, nació como el Austin Psych Fest, una fiesta organizada por un grupo de amigos (entre ellos un par de integrantes de los Black Angels) para celebrar la escena psicodélica de Austin. El Primavera Sound nació como un festival de 8,000 personas, tras una serie de conciertos que llevaban el mismo nombre en los noventa. Y Epicentro es el sueño de Roberto Montero, un tico que lleva varios años obsesionado con crecer la industria musical en su país, y que ha buscado conseguirlo de distintas maneras: creando un sello discográfico (Clap Clap Records), haciendo una versión local de la revista musical Warp, organizando conciertos y, más recientemente, creando el festival Epicentro.

Roberto Montero

Costa Rica es un país pequeño, de casi cinco millones de habitantes. Por lo mismo, históricamente no se ha considerado un mercado importante para las bandas internacionales, y es difícil que los grandes actos hagan paradas ahí. Es por ese vacío que Roberto decidió crear Epicentro en 2014, festival que en ese entonces nació como una serie de conferencias y showcases alrededor del mundo de la música, llevando a Costa Rica a ponentes como Valerie Miranda, en ese entonces Artist and Label Manager en Spotify [y quien fue la editora que empezó Noisey México en 2013, <3 ], y José Manuel de la Barra, director de Lotus, una de las promotoras más grandes en Chile (encargados, por ejemplo, de Lollapalooza Chile), además de bandas emergentes latinoamericanas como Astro o el Instituto Mexicano del Sonido. Un año después, el festival mutó y se alió con Nrmal, continuando con las conferencias, pero dejando el lado musical al festival originario de Monterrey.

Nrmal x Epicentro, en 2015. Foto cortesía de Epicentro.

Cada año, Epicentro ha evolucionado, hasta convertirse en lo que se llevará a cabo este fin de semana: un festival de más de 12 horas de música que busca crecer la escena musical costarricense, apoyando a bandas locales (como Javier Arce, Monte, Sonámbulo, Las Robertas y la banda que Montero maneja, 424); creando lazos y apoyando a bandas emergentes latinoamericanas (Alex Anwandter, Jesse Baez, Little Jesus, Elsa y Elmar, Álvaro Díaz y Clubz, –estos últimos también manejados por Montero) y llevando al país además a bandas internacionales que tocan en el circuito mundial de festivales, y que probablemente de otra manera no se presentarían en el país, ni en Centroamérica en general (The Voidz, Jessy Lanza, Survive, 2ManyDjs y hasta Celso Piña).

Pongamos las cosas un poco en perspectiva: en Costa Rica hay, actualmente, tres festivales de música para jóvenes. Uno de ellos es el Picnic, cuya cuarta edición se llevó a cabo el fin de semana pasado, y que está enfocado primordialmente en reggaetón (este año se presentaron Piso 21, Tito el Bambino, Nacho, Farruko, Juanes y Manuel Turizo, entre otros). Después está Envision, que Montero llama "un festival transformacional cuyo público es en gran parte internacional, de gente que viene a Costa Rica por sus bellezas naturales para vivir una experiencia en conjunto con la música", y que ofrece yoga, surf, arte, y DJ's y productores como Bob Moses, DJ Tennis, Matanza y Audiofly, entre muchos otros, a lo largo de cuatro días. Y ahí es donde radica la importancia de Epicentro: "Nosotros venimos a hablarle a un segmento de gente que no estaba atendida ni por uno ni por el otro," dice Montero, "gente que estaba buscando nuevas propuestas de música, que también les gusta escuchar conciertos de rock, o tiene una apreciación más ecléctica de gustos, que puede pasar de la cumbia al pop por el indie rock, y que tiene una apreciación de artistas un poco más de culto. Este público en Costa Rica ha sido sistemáticamente negado de experiencias de conciertos, y es para ellos que nosotros terminamos haciendo el festival más grande, aprovechando el hecho de que no sólo en Costa Rica no existe, sino en el resto de la región no hay un festival con estas características."

El Último Vecino en 2016, en uno de los showcases de Epicentro. Foto cortesía de Epicentro.

El único antecedente directo que tiene Epicentro en Costa Rica es el Festival Imperial, que únicamente se llevó a cabo en tres ocasiones (2006, 2008 y 2012), y que presentó en su última edición a artistas como Björk, The Flaming Lips, Major Lazer y Skrillex, entre muchos más. El Imperial "era un festival de un corte más alternativo," recuerda Montero, quien ayudó con la curaduría de su última edición, "y que obligó a los costarricences a enfrentar ir a un festival en el cual no necesariamente conocían a todos los artistas que tocaban, lo cual fue para algunos una experiencia muy grata, y para otros muy estresante." No obstante, según Montero, "al final del día todos terminaron yendo y creo que no hay una persona que no guarde un buen recuerdo de la experiencia." Al no hacerse una nueva edición de dicho festival, Montero decidió llenar el vacío que quedó para "este público que le gusta conocer cosas nuevas, y que anda viajando fuera inclusive a otros festivales de la región como Estereopicnic o Corona Capital." Esto además de aprovechar el gran momento que Roberto cree que se vive actualmente en el país: "No sólo la oferta local cada vez es mejor y más amplia, sino que creo que el público tiene una sed de ver y consumir cosas diferentes y nuevas. Es un momento en el cual las bandas están queriendo hacer un mejor trabajo, y eso se ve reflejado con mejor calidad de shows, y más personas interesadas en consumir música en vivo."

Pese a todo su esfuerzo e ilusiones, el futuro de Epicentro depende en gran parte del éxito que tenga este fin de semana, y Montero lo sabe. "Es un festival de una escala pequeña, pues todos los festivales empezaron por ahí, y si lo que se hace le gusta a la gente tendremos oportunidad de repetirlo, crecerlo. Eso es lo que tenemos por delante: ejecutar a la mejor de nuestras capacidades la primera edición del festival por el cual hemos trabajado mucho." Sin embargo, él cree firmemente en el éxito del proyecto que lleva años forjando, y que planea desarrollar por varios años más de la mano de los asistentes: "Queremos crecer el festival junto al público, que sea una plataforma muy abierta, en la cual la gente se pueda sentir en confianza de dar recomendaciones, de querer aportar sus gustos musicales para poder construir juntos una ruta de un festival que tenga bandas que la gente en serio quiera ver." Ojalá lo consigan, y Costa Rica pueda tener cada vez más artistas internacionales visitando el país.