Time Warp Argentina 2016. Screenshot vía.

Buenos Aires: La prohibición de festivales, la reducción de daños y un largo camino por recorrer

¿Desaconsejar las fiestas o reducir su volumen de público es una solución o, en tiempos mundialistas, solo “patea el balón para adelante”?

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12 julio 2018, 9:06pm

Time Warp Argentina 2016. Screenshot vía.

La noche del 16 de abril de 2016 cinco jóvenes murieron durante Time Warp Buenos Aires a raíz de un marco de motivos que incluyen el consumo de múltiples drogas, la sobreventa de boletos y el corte del agua potable en el venue Costa Salguero, y la presunta complicidad de organizadores y fuerzas de seguridad para permitir el comercio de estupefacientes. A partir de esa tragedia y hasta la sanción de la vigente Ley de Eventos Masivos, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires prohibió las fiestas electrónicas apoyándose en un fallo judicial, e incluso intentó cancelar el show de Kraftwerk en noviembre de 2016. Recientemente, en un festival organizado al aire libre en la capital argentina, cayó un rayo cerca del escenario y obligó a la suspensión del evento y a la pregunta: ¿puede gestionarse de una manera diferente?

Tu nombre en clave es control

En principio, a partir del desastre de Time Warp, con la agenda pública marcada por la discusión en torno a las muertes, el Poder Legislativo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires trabajó en una nueva legislación sobre “eventos masivos”. El resultado fue la Ley 5641, que desde enero del año pasado organiza el entretenimiento a gran escala en la ciudad. Consultados por Noisey, desde el área de Comunicación de la Agencia Gubernamental de Control (AGC) de Buenos Aires, reconocen que “la cantidad de público habilitada para eventos de música electrónica en espacios cerrados es mucho menor a la permitida para un espectáculo común”.

En el ente encargado de fiscalizar los venues porteños, explican: “Hay dos tipos de eventos masivos, de diversión pública y de espectáculo público. La diferencia consiste en que en los primeros el público interactúa y en los segundos el público permanece como espectador. Los eventos de música electrónica son considerados de diversión pública porque el público, al bailar, está interactuando. La ley prevé que en este tipo de eventos la cantidad de público permitido en espacios cerrados sea menor”.

Como supimos publicar aquí, el fiscal a cargo de investigar a los organizadores de Time Warp, argumentó que uno de los tantos factores que desencadenó la tragedia fue la sobreventa de entradas: había 20 mil personas en un lugar cerrado habilitado para 13 mil. Con el daño hecho, el GCBA (Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires) disminuye la cantidad de público habilitado para los indoors. “Asimismo, en la AGC no aconsejamos hacer este tipo de actividades en espacios cerrados”, advierten en el ente regulador. “Si tienes dos escenarios —argumentan en la Agencia— y va a haber miles de personas moviéndose de uno a otro durante la noche, eso dificulta las cosas en cuanto al movimiento de la masa en un espacio cerrado”.

El marco regulatorio que rige los eventos masivos en Buenos Aires parece suscribir a eso de “mejor prevenir que lamentar”, pero en el recorte de espectadores y las críticas hacia los venues cerrados también puede haber, por elipsis, un repliegue frente a otro de los factores que, según el fiscal Federico Delgado, provocó la tragedia y estigmatizó a las fiestas electrónicas: la ambición de las productoras más poderosas y su margen de acción dentro y fuera del marco de la ley.

“En un espacio cerrado, la organización generó las condiciones para que un grupo de personas vendiesen libremente drogas a los concurrentes. Permitieron la venta porque las sintéticas requieren de hidratación constante, y la organización vendía el agua. De este modo las drogas fueron el vehículo para vender más agua”, afirmó Delgado en su investigación. ¿Desaconsejar las fiestas o reducir su volumen de público es un camino a la solución o, en tiempos mundialistas, sólo “patea el balón para adelante”?

Beatcoin

Si la idea es caminar la movida electrónica de Buenos Aires, Under Club es hito obligado de cualquiera que quiera conocer la noche porteña. Consultado por Noisey sobre la actualidad de la producción de eventos electrónicos, Joel Silva, uno de sus responsables, argumentó: “Lo que debemos entender es que en Argentina quienes tienen posibilidad de realizar eventos masivos mayormente son empresarios que no tienen la intención de cuidar a sus asistentes. Solo cuidar de ellos bajo la exigencia de una ley y no desde el lado humano, como debería ser. Aquí pocos empresarios ven el lado humano del movimiento electrónico”.

Como el hecho que reseteó la gestión de eventos electrónicos y disparó el nuevo marco legal fue la tragedia de Time Warp, siempre es útil recordar cómo los investigadores judiciales caracterizaron la producción de ese evento: “un entramado empresario” que hizo del festival una “zona liberada para la venta de droga” con las pastillas “como vehículo para vender agua a 100 pesos la botella”. Los dictámenes del fiscal Delgado y su equipo son contundentes para remarcarlo: no sólo se vendieron 7 mil entradas por encima de lo permitido, la ganancia del hacinamiento terminó de completarse con la venta carísima de agua mineral.

Desde su experiencia como gestor de fechas en espacios cerrados, Silva insistió: “Claramente en eventos masivos se debería trabajar en la información, pero no como una obligación, sino que nazca de la organización, ya que estamos hablando de un tema tan importante como el cuidado de personas y su salud”.

Al respecto de los cuidados, en la AGC señalaron que a partir de la ley nueva “se capacita a personas para que trabajen como ‘promotores de la salud’ en estos eventos. Se da un curso, se arma un registro público de promotores capacitados a lo largo de dos años por la Cruz Roja, la Defensoría del Pueblo y los organizadores deben, por ley, contratarlos para que estén presentes durante los espectáculos”.

¿Es suficiente esta medida como política de reducción de daño teniendo en cuenta antecedentes como el de Time Warp? “Esa no es una cuestión que le competa a la Agencia de Control”, contestaron en el organismo.

Noisey intentó contactarse con productoras masivas, pero sus representantes alegaron estar “de vacaciones” o no terminaron de contestar las preguntas que se comprometieron a responder.

Cuidarse entre pares

Como contracara, Silva resalta el trabajo de los voluntarios del Proyecto de Atención en Fiestas (PAF!). Se trata de un grupo de habitués capacitados por ONGs y el Estado Nacional que van a los eventos y —sin ocupar el rol de los médicos— se ofrecen como apoyo y contención para quienes haya tomado algo y no se sienta bien. Under Club fue uno de los primeros espacios en recibirlos.

“Para nuestra familia —explica Silva— es muy importante cuidar a cada persona porque no son ‘clientes’, sino personas que fuera de nuestro club tienen una vida. Por eso siempre aportamos de nuestro lugar un mensaje informativo y positivo. Sabemos que al gobierno le cuesta aceptar esta mirada porque son más tendientes a la prohibición, pero nuestro camino fue y será la información. Para que uno pueda decidir libremente sobre su bienestar con una base de conocimiento sobre los riesgos que se asumen al consumir alguna sustancia”.

Del lado de la sociedad civil, Tomás Pérez Ponisio, coordinador de PAF! recoge el guante: “Eso de pensar un mundo sin drogas es una utopía que la mayoría de los gobiernos del mundo persigue y cuyas políticas de prohibición no han dado resultados positivos. Frente a la situación de que hay mucha gente que decide usar drogas, nosotros aportamos información y acompañamiento. Si se decide consumir algo, nuestro objetivo es minimizar los riesgos eventuales. En el caso de Time Warp, donde se presentó una serie de condiciones que terminaron muy mal, creemos que quizás si alguno de los chicos tenía la información que necesitaba sobre los efectos de sustancias en un lugar como en el que estaba, podía no haber mezclado o consumido drogas. Time Warp visibilizó la falta de información en general”.

Acerca de lo que sucede cuando participan de eventos, Tomás comenta: “La gente se sorprende para bien de no escuchar prejuicios ni nada por el estilo. Nos damos cuenta que la necesidad de información está porque se acercan con dudas sobre mezclas o nos dicen que si no estuviéramos nosotros, no irían a apoyarse en el personal de seguridad porque no se sentirían contenidos por ellos. Incluso hubo quienes nos dijeron que les costaba dirigirse a un médico por temor a ser juzgado. Nos ven como pares. Y lo somos. Si alguien viene y se desmaya vamos a buscar un médico inmediatamente. Pero si en la previa alguien nos consulta sobre sustancias, vamos a darle información para evitar que llegue a sentirse mal”.

¿Puede el Estado atender y entender la realidad de las personas que usamos drogas? “Ojalá se pueda avanzar en ese sentido— insiste Tomás. Entiendo que el Estado argentino o el de la Ciudad de Buenos Aires entra en una contradicción porque legalmente las drogas están prohibidas y la reducción de daños los enfrentaría a aceptar que se consumen, pero estas políticas funcionan en muchos países. Eso sí, en casi todos los casos se trata de proyectos que han surgido desde la sociedad civil. Desde la gente”.

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