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Marbeya Sound: a colonizar oídos

Dos pulgares bien parados y apuntando hacia arriba para Marbeya Sound: hicieron un discote, uno para el que ya se antoja la contraparte visual.

Cuando Hansel, el hermano mayor de un amigo llamado Osiris (sí, amigo, no amiga), me prestaba sus vinilos de Jean-Michel Jarre, mi imaginación todavía era un músculo flácido y no alcanzaba a crear en mi mente paisajes llenos de detalles y, mucho menos, futuristas. Sólo sabía que eso que salía de las bocinas cuando comenzaba a sonar Oxygène me trasladaba a otro lugar, y me llevaba de la sensación de estar comenzando las vacaciones sin nada de tarea a un domingo cualquiera por la noche. Hoy sé que sus sintetizadores eran capaces de transmitirme desde un gozo inmenso y optimista y situarme en los zapatos de quien, en plan contemplativo y en plena conexión, disfruta un atardecer frente al mar, hasta contagiarme del vértigo de encontrarme ante un peligro inminente. Tal era su poder sobre mí. Y tan agradecido le estaba a Hansel que siempre le devolvía los discos, para que no se detuvieran los préstamos de música que no había escuchado en ningún otro lado a esas alturas de la primaria.

Ahora que lo pienso, quizás a él le deba el nacimiento de mi gusto por la música sintética, y no a Juan José, el otro adulto que, desde sus diez años adelante, me recomendaba oír estaciones de radio o programas especializados con hi-nrg. A los sintetizadores emotivos de Jarre podría deberles que hoy disfrute la música de Marbeya Sound, esos hijos putativos de montones de cosas que me han gustado desde que descubrí el embrujo del hardware musical.

De hecho, hace varios meses, cuando tuve la suerte de que Chuck me mostrara los ocho tracks de Colonies, el disco que por fin tiene fecha de lanzamiento (24 de septiembre), le escribí que iba a disfrutar como enano en peli XXX y Sasha Grey de co-protagonista incluir alguno de esos temas en los sets y playlists en los que programara cosas de Todd Terje, Professor Genius, Bot'Ox, Zombie Zombie, Château Flight, Prins Thomas, Psychemagik, los edits de Morgan Geist…

Y me preguntaba en voz alta por aquellos días: ¿Soy el único al que le pasa que mientras escucha este disco quiere plantarse frente a los chicos de Marbeya Sound para hacerles montones de preguntas? El periodista que llevo dentro se me alborota y quiere saber desde qué aparatejos usan y dónde y cómo fueron haciéndose de ellos, hasta qué joyas hay en sus colecciones de discos (si alguien me asegurara que sus bibliotecas musicales son exclusivamente digitales, no podría creerlo) o las historias que hay detrás de los tracks y sus títulos ("Grow Back To Be Eaten Again", "Your Ears Are Hours", "Spectrum", "The Alignment"…) o de la portada, tan estimulantes como el tráiler de una película distópica en la que descubriremos finalmente cómo y cuándo va a acabar la humanidad (ahora sí).

En "Impanted Memories" me hicieron pensar en un Jean Michel Jarre colocadísimo (o conectado con la fuente), jugueteando con sus máquinas e hipnotizado por el poder de la repetición.

Cualquiera que haya meditado sabe que llega un momento en el que comienza a percibirse el flujo de cierta energía saliendo y entrando de la coronilla, y en algunos pasajes, Colonies me hizo creer que Abraham y Alan habían dado con una posible manera de musicalizar aquel flujo.

Desde las reverberancias cósmicas que abren Colonies puede percibirse una narrativa poderosa y enigmática, con dos retos de por medio: con instrumentos sintéticos y con temas en los que predomina lo instrumental (sin palabrería, no lyrics, sin blablablá), algo nada fácil de conseguir.

Dos pulgares bien parados y apuntando hacia arriba para Marbeya Sound: hicieron un discote, uno para el que ya se antoja la contraparte visual. ¿Será que están preparando para nuestros ojos pequeñas historias en las que el desastre, la ciudad y el error (como esos que se intuyen viendo la portada) acompañarán la música? Ai joup sou.

@peach_melba