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'Sangre cita': El lado honesto de Dënver en su nuevo disco

La semana pasada Dënver sacó un preview de 'Sangre Cita', su cuarto álbum, y esta es la reseña.

Cuando se piensa en música pop DIY de Latinoamérica, en los últimos años, los primeros referentes suelen ser artistas como Javiera Mena, Gepe, Astro o Dënver. Estos son los nombres que conforman parte de la primera oleada chilena que invadió el continente hace menos de una década, los mismos que alcanzaron las listas de popularidad como pocas bandas lo habían logrado de forma independiente, en ese entonces.

Algunos consideran que esta generación fue la generación que creció a la par de la reivindicación de la música alternativa en América Latina. Hecho que se dice fácil, pero que requirió de mucho esfuerzo, considerando que todo lo “vanguardista” parecía llegar de Estados Unidos o Europa. Si bien no considero que Chile haya sido el único país en donde sucedían cosas que destacar (porque evidentemente no es así), tampoco podría negar la clara influencia que esta generación chilena ha tenido dentro de la música en español.

Dënver tiene un poco más de diez años de haberser formado, a la fecha acumulan cuatro LPs y tres EPs contudentes. Uno de esos lanzamientos es Música, Gramática, Gimnasia, que los catapultó como uno de los nombres más fuertes de esta escena macro-regional y le dio empuje a la misma. Recapitulando un poco en la vida de este dúo originario de San Felipe, en Chile, y maravillado por lo que hicieron en Sangre cita, su nuevo álbum, me quedé pensando en lo cerca que estuvimos de perder la oportunidad de ver nacer su cuarto larga duración. La carrera de Mariana y Milton, ha sido agitada e inclusiva con sus fans: cuando fueron detenidos en España por un problema de visas, sus fans estuvieron ahí; cuando sufrieron la desgracia del hurto de los instrumentos en el estudio donde ensayaban, sus fans los apoyaron; y nada impactó impactó tanto a su público, y a los medios que los cubrían, como el anuncio de su separación definitiva, después del lanzamiento de su álbum Fuera de Campo, en el 2013. El nivel de confusión que generaron fue sorpresivo: Muchos no lo podían creer, otros pensaron que era una broma, y todo se enrareció aún más cuando declararon, días después, que permanecerían juntos y que todo estaba “bien”.


En su momento, el abjordaje me pareció morboso e infantil, público y medios querían buscar razones especulando escenarios muy elaborados que sólo propagaron más el fuego. Pero, para mí, lo importante se redujo a que, a pesar de todo, seguirían juntos, con apenas un dejo de cautela por cómo evolucionarían las cosas en futuras presentaciones o nuevas búsquedas. Pasaron sólo unos pocos meses para que yo los pudiera volver a ver en vivo en un espectáculo digno del recuerdo gracias a la química que mostraron arriba del escenario (la coreografía estuvo medio desfasada, pero realizada con mucho amor). Ya sólo quedaba esperar el resultado de su nuevo álbum y eso llegó hace una semana.

Esta historia la retomo por algo destacable expresado por el par de músicos en algunas de sus entrevistas (porque hubo varias, según recuerdo): declararon que tener un grupo de música, como toda relación, tiene sus momentos álgidos, donde se piensan de más las cosas –o no se piensa en lo absoluto- y se toman decisiones apresuradas. Nuevamente, la gente los tachó de poco profesionales y de infantiles. Los chicos de Dënver se declararon humanos y reales; tienen razón. Si algo me queda claro es que estos jóvenes no intentan ser quienes esperamos que sean. Como al parecer lo anunciaron en los "Los adolescentes", su canción más famosa y, aparentemente autobiográfica, se limitan a ser y sentir según lo que son (cosa muy complicada, si me lo preguntan): tienen dudas, frustraciones, errores, pero también tienen aciertos, que los han llevado a ser una de las bandas más exportables de Chile.

Sangre cita, su cuarto álbum, trajo consigo nuevos elementos y algunas sopresas: no se veía venir el cambio en la sutileza de los metales y las cuerdas, sustituído por la bravura de los beats techno-pop de los años ochenta. En su nuevo disco, ya no se encuentra la dulzura como medio para abordar las incertidumbres nacidas a partir de una relación adolescente, sino la dolencia niñata expresada de forma superficial a través de los estrobos y el humo de discoteca (al menos de primera instancia). Diría que es un caso contrario a lo que hizo MKRNI, otra banda contemporánea en Chile, con su transición de Playa Futuro a Canciones. No obstante, es aquí donde podemos tener dos lecturas de Sangre cita.

Por un lado, podríamos decir que Dënver ha sido un dueto con mucha personalidad, que despuntó gracias a su estilo pop, ingenuo en sus letras y luminoso en su musicalidad, un sello muy propio y definido. El haber hecho un cambio notorio en su más reciente producción, sólo puede considerarse valentía. Ahora, en este apartado, habría que definir qué tipo de valentía: el acto pudo ser muy inteligente o muy tonto, del otro lado de la moneda. Porque sí, he leído comentarios que tachan a este álbum de ser muy facilón o aburrido, de poca seriedad. En parte tienen razón, pero si continuamos proyectando esa "profesionalidad aburrida" en lo que consideramos "artístico", donde siempre tiene que haber cupo para lo poético, orientado hacia el esclarecimiento de la verdad y sin darle espacio al juego, ¿entonces de qué nos sirve tanta independencia? Si nos pusieramos a rechazar todos los álbumes nuevos por el simple hecho de evocar a las estrellas pop de los ochenta y noventa, que quizá llegaste a odiar, caeríamos en los mismos prejuicios que alguna vez quisimos eliminar. Es por eso que yo me apego a mi primera opinión: son valientes.

Estos cambios perceptibles fueron una jugada inteligente, pero no sólo por tenerlos bien puestos a la hora de querer intentar cosas diferentes. Y es aquí donde entra la segunda posible lectura, misma que comprende su triunfo y encanto, gracias al encuentro sincero que hemos tenido con Mariana y Miltón a través de su música. A pesar de tener las características propias de un álbum de matices pop enfocado al romanticismo juvenil, Sangre cita se percibe como la narración de un encuentro íntimo en la habitación de ese alguien especial a oscuras: en un momento que envuelve parte de su mística adolescente y que involucra una introspección procrastinante y el deseo de recibir un beso prohibido frente a la entrada de tu casa. Y entre todo, son doce canciones llevadas de forma magistral a la exasperación cadenciosa previa al mesar y el guindar inofensivo que es un tema recurrente en la música, pero que pocas veces logra conectar con las experiencias de quienes lo escuchan.

“Me pides que me desvista; por primera vez en la vida”, canta Mariana en “La última canción”, una especie de balada electrónica que, junto a “Pequeños momentos de satisfacción” y “La lava”, entraña el perfil más lascivo de Mariana y Milton, eso también es cierto. No obstante, y retomando lo mencionado en párrafos anteriores, este encuentro de terneza se atribuye a un sentimentalismo que no puede considerarse barato. El reptar de calatez y jadeos atañe a la personalidad honesta y bailable de estos chilenos, quizá llevada a un páramo plástico iracundo en pistas fluorescentes, pero, a fin de cuentas, un lado más maduro de estos grandes músicos que no dudan ni un segundo a la hora de mostrarse desnudos en cada nueva canción que crean.

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