La historia detrás de 'Cuentos de la Cripta', el compilado que arregla cualquier fiesta

Recordando esta trilogía dosmilera que nos ha puesto a bailar desde los tiempos de la miniteca hasta nuestros días.

|
dic. 2 2016, 12:16am

¿Qué tienen en común "El gato volador", "Papichulo", "Chacarrón", "Las chicas quieren chorizo", "A mover el Q lo" y "El cubo de leche", a parte de ser clásicos dosmileros?

Solo con el nombre de cada uno de estos temas podríamos hablar de una regresión en el tiempo, hacia una época de minitecas de colegio, de jean days, de ventanas cubiertas por bolsas de basura en un salón grande y hacinado. Todo iluminado con un mecanismo en forma de bola disco que tiraba rayos multicolor y que servía para simular una fiesta de gente "grande".

Eran también los días de aquel clásico disco sombrío en cuya portada se leía en tipografía hallowinesca "Cuentos de la Cripta". Una trilogía con una advertencia en la portada: "Contiene lírica impertinente", y una invitación subliminal al baile desenfrenado con canciones sinsentido que, valga la pena aclararlo, nos encantaban. 

Amábamos movernos al ritmo de aquel gato sospechosamente volador; queríamos ser ese "papichulo" y que la vieja más buena del lugar nos dijera "ven a mí, ven a mí" y luego se acercara peligrosa "A mover el q lo". Ese juego de venenosas palabras y canciones de doble sentido era el picante de nuestros días, nuestra motivación para atacar la "pista de baile".

Una época: Los últimos años de la década de los 90 y los primeros del nuevo milenio.
Un disco: Cuentos de la Cripta.
Y un personaje: El Chombo.

Eso tienen esas canciones en común.

Eso, aparte de marcar a toda una generación que vivió el movimiento de la música urbana desde sus inicios; de convertirse en clásicos;  y de haber sido la vanguardia.

Vivimos para contarlo. 

****

La voz al otro lado del teléfono es grave, pausada y fuerte. Pronuncia con claridad cada palabra que sale de su boca, tanto así que parece sacada de las cortinillas de una estación de radio o de las pausas comerciales de un canal de televisión. Su nombre es Rodney Clark, pero lo que lo identifica es su apodo: El Chombo. Un tipo que a lo largo de su vida ha ejercido como actor de voz, locutor comercial, DJ y productor; un personaje cuyo sello es precisamente ese timbre grave que articula palabras para emisoras en Panamá, Costa Rica, El Salvador y Washington. Pero, sobretodo, una persona vital para los inicios de la música urbana en latinoamérica en los 90, autoproclamado creador de tendencias y visionario de un género que él mismo, en uno de los discos de Cuentos de la cripta, predijo: "Algún día este ritmo se tomará el mundo". Y bueno, dice él, "eso fue en el 98 creo y estamos en el 2016 y todavía no nos deshacemos de él, ahí está, como uno de los más importantes a nivel mundial".

La finalidad de aquella llamada era saber qué había pasado antes, durante y después de ese disco que, aún hoy, tiene el místico poder de arreglar la fiesta más muerta. Todo con motivo de su regreso luego de un periodo fuera de la música y con la reedición de su catálogo para las plataformas de streaming.

Desde el principio, su negocio ha sido la locución comercial, pero solo hasta el 93 se inició en la producción musical cuando, según él, todavía salían discos en acetato. En ese momento se dedicaba a hacer canciones de artistas panameños que emulaban lo que se estaba haciendo en Jamaica, pero aterrizando el lenguaje y el sonido a algo más latino. Tiempo después, el climax se dio en el 97 con la primera entrega de Cuentos de la Cripta, nombre que tomó no de la serie gringa, sino de la tendencia en el idioma "de la calle" en Panamá de que cuando algo estaba muy bueno, se decía que estaba horrible. 

"Acá en el argot popular la tendencia era así, a lo contrario de las cosas y siempre tiraba a ese lado del terror. Cuando tocó ponerle el nombre al disco, cada canción era un cuento y decidimos que fueran 'de la cripta' porque tenían ese terror y ese misterio de lo desconocido", cuenta el Chombo.

Esa primera placa incluía en su tracklist a un combinado de artistas como Hector & Tito, Kafu Banton, Baby Ranks y Danger Man entre otros. Nombres que en su momento no gozaban de mayor fama, pero sí tenían proyección y eran actos prometedores. Aún hoy, algunos de ellos se mantienen en la industria y la siguen rompiendo como Kafu Banton.

Después de eso vendría, en el 98, la segunda entrega de esta serie, un disco que terminaría de poner en el radar el nombre del Chombo. De aquí se desprenden los primeros grandes hits como "Quieren chorizo", de Wassa Banga, "El cubo de leche", de Jam & Suppose y "Que se agarren", de Original Jamaican. Eran en total 24 canciones donde se incluían artistas panameños, puertorriqueños y jamaiquinos, en una época en la que los artistas en realidad no eran cantantes que tuvieran la capacidad de hacerse una producción completa y el mismo género en sí todavía no lo requería. 

"El género se trataba más bien de ritmo, de ideas frescas, de locura y era una idea donde primaba el estilo libre y por eso se grababan más de 20 artistas dentro de una sola producción. Lo que ataba todo ese concepto era el productor y ese era el formato que se hacía en aquella época".

Naturalmente, y en el momento más álgido de la música panameña, llegaron entre el 99 y el 2003 la tercera y cuarta entrega de Cuentos de la Cripta, seguido de una serie de remixes y sencillos entre los cuales estaban incluidos temas como"El gato volador", "Chacarrón" y "Papichulo", siendo este uno de los mejores momentos no solo para el legendario compilado, sino también para El Chombo. Su proyecto visionario logró trascender la barrera latinoamericana y llegar a Europa, lugar en el que, por ejemplo, "Papichulo" fue número uno y canción del verano en el 2003 en países como Italia, Holanda y España. Incluso una canción como "Chacarrón" llegó a ser número 2 en el Reino Unido en el 2005.

"Era una canción que uno no pensaría que fuera a pegar en un país europeo, porque la cultura de esa gente es otra cosa. Pero parte de la genialidad de esta canción es que no está en ningún idioma, el ritmo es muy bueno y gracias a eso reventó allá."

Para el 2004 , habiendo finalizado la etapa de Cuentos de la Cripta, El Chombo hizo unos de sus últimos grandes aportes a la música urbana, que más adelante se convirtió también en tendencia. Seguramente de esta etapa, todos recordamos esa canción cuyo coro decía algo así como "Esta noche harémos el amor (bailando)/ tu cuerpo es mío, tuyo es mi corazón/ vamos a perder el control (bailando)/ estoy caliente y ardiendo en pasión". Pues bien, este tema de Jimmy Bad Boy fue creación de este productor panameño quien, para "Bailando", tuvo al idea de musicalizar un género que para ese entonces ya recibía el nombre de reggaetón en Puerto Rico y sonaban temas como "La gasolina" de Daddy Yankee. Mientras tanto, en Panamá, El Chombo cogía las básicas pistas del reggaetón y les metía acordeón y guitarra, una idea que después se vería reflejada en canciones como "Pobre diabla" de Don Omar, donde se empezaba a incluir la guitarra de la bachata. 

Entre 2004 y 2006, El Chombo giró por Europa cultivando éxitos hasta que se cansó. Lo que había iniciado como un hobby se convirtió en su vida diaria hasta consumirlo. 

"Uno a veces  se aburre del negocio porque implica y te quita mucho tiempo. Tienes que vivir básicamente montado en un avión, viajando de una parte ahora, reuniéndote con empresarios y lidiando con muchas cosas. Llegó un momento en el que decidí calmarme con esto, hacer familia y a retomar mi negocio de la locución". 

Una pausa que este año cumplió una década, pero de la cual no se arrepiente. Durante toda su trayectoria nunca tuvo problemas legales con las disqueras, porque al fin y al cabo su música viajó y tomó fuerza por sí sola, las disqueras llegaron después, cuando ya el disco había sido un éxito. Lo único con lo que sí tuvo que lidiar fue con los egos de algunos artistas que cuando crecen, se olvidan de su camino y la gente que los puso ahí. "Gajes del oficio", dice él.

Hoy, diez años después de dejar de lado su faceta como productor, El Chombo está de vuelta en una industria que ha crecido, se ha potencializado y ha convertido el género urbano en algo mainstream y poderoso. Su regreso se enmarca además en una era digital distinta a la suya. 


Actualmente está conectando sus clásicos de siempre y dándoles un tratamiento coherente con el sonido actual antes de empezar sus nuevas producciones. Lo suyo, finalmente es hacer tendencia y no simplemente montarse en la ola de lo que está pegando, "porque creo que si fui uno de los primeros en exponer un género, no creo que me toque imitar años después a otras personas, sino crear algo nuevo y eso es lo que estamos haciendo en este momento", asegura como quien es consciente de su misión en la música.

De aquellos días las experiencias que quedan son anécdotas de canciones como "El gato volador", que según cuenta él, fue una canción que se inventaron en una noche en el estudio porque los dos cantantes del tema aparecieron en el último día de la grabación. Y como ellos no se querían quedar por fuera del disco y no fueron preparados, llegaron a un punto de frustración dentro del estudio donde vieron en un televisor pequeño sintonizado en Cartoon Network donde estaban pasando una promo de todos los gatos de las caricaturas que iban a estar juntos en una serie. 

"Allí había un gato que se vestía de súper héroe, como si fuera Superman y cuando yo veía eso les dije: '¿Saben una cosa? Canten esa vaina que están viendo ahí, vamos a hacer algo del gato volador' y así se quedó, era una canción que ni siquiera iba a entrar en el disco y fue la que más pegó hasta el día de hoy". 

En cuanto al "Chacarrón", cuenta que es un tema inspirado en un rapero de los años 70 medio gringo pero que en realidad no hablaba inglés sino su propio idioma que no se entiende y la verdad no hay nada que entender. Esa era la idea original. 

"Pensábamos en el video como algo donde el intérprete estuviera en el mar y un tiburón le empezara a dar vueltas mientras él rapeaba la letra en su idioma loco, porque el tema en realidad tiene doble sentido, aunque se escriba 'chacarrón', en realidad en inglés sería Shark Around (tiburón alrededor). Finalmente hacer el video así resultaba muy peligroso entonces por eso no se hizo".

Y aunque pocos de los interpretes hayan seguido sus pasos en la música, El Chombo cuenta que de los que hicieron parte de sus discos, 2 o 3 están metidos en la iglesia "porque parece que allá van a dar los cantantes después de que se aburren de la vida pagana de ser artista… jaja". Otros todavía cantan de vez en cuando, pero no se dedican 100% a eso.

"La mayoría no eran cantantes, eran más bien gente común y corriente con buenas ideas que participaban en la producción como un hobby". 

Con este reencuentro del productor panameño con la música, no nos queda más que esperar qué genialidad visionaria sea la que salga de su cabeza y nos ponga a sudar en la pista del mañana. Por todo esto, y desde lo más profundo de nuestro corazón, solo podemos decir: ¡Larga vida a El Chombo!

***