Ilustración: Esme Blegvad | Noisey

Daddy Yankee es un ícono mundial

El puertoriqueño labró el camino para que el reggaetón entrara al mainstream mundial, amplificando y normalizando así una marginada identidad latina.

por Rachel Grace Almeida; ilustraciones por Esme Blegvad
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ago. 22 2017, 4:55pm

Ilustración: Esme Blegvad | Noisey

Este artículo se publicó originalmente en Noisey Reino Unido.

La primera vez que escuché 'Gasolina', sonaba en el radio de mi panadería local cubana en el sur de Florida. Aquí, la estación que siempre se escuchaba era El Zól 95 —la estación de radio latina más importante del área. Estaba sentado al lado del dueño puertorriqueño de la tienda, Mauricio, quien no dejaba de hablar de este nuevo artista de reggaetón, Daddy Yankee, que aparentemente iba a cambiar la música latina para siempre con esta canción. Era 2004 y yo era una peladita amargada y despreocupada de 12 años de edad —medio emo, que quede claro. Mientras ponía mis ojos en blanco, mi mamá me lanzó una mirada desde el otro lado de la panadería, como diciéndome "si contestas de mala manera, vas a ver cómo te va en la casa". Así que me senté bien y escuché la canción que Mauricio prometía que cambiaría la vida de todos.

A medida que la canción sonaba con sus rápidos versos, su violento y pesado beat, y un coro casi infantil, fui testigo de como todo el lugar se levantó y se puso a bailar —incluyéndome a mí, la preadolescente caprichosa que rechazó cualquier tipo de cultura dominante porque era demasiado alternativa para esa mierda. Cuando la canción terminó, le pregunté a Mauricio qué demonios significaba todo, "¿qué significa gasolina aquí? ¿alcohol? ¿drogas? ¿sexo?". Explicó que en algunos lugares de América Latina, la gente solía bromear con las mujeres que salían con los chicos que tenían los carros más cool con la frase "cómo le gusta la gasolina". Fue en este momento que caí en cuenta de algo —esta frase simple resumió lo que amaba sobre mi cultura; las frases ridículas, las actitudes atrevidas, la calidez de mi gente. Volví a casa y bajé la canción en iTunes, la grabé en un CD y la puse una y otra vez hasta no soportar escucharla más.

Unos días después dejé Florida para visitar a mi familia en Venezuela. No era de sorprender que 'Gasolina' estuviera en todas partes: el aeropuerto, la radio en el carro de mi abuelo, la bodega de al lado. A mi regreso a Florida, esperaba que la canción estuviera pasando por alto, programada esporádicamente en algunas radio hispanas, desvaneciéndose con el tiempo. Pero 'Gasolina' nunca se fue; de hecho, creció más día tras día, hasta que llegó a lo más alto de los charts mundiales.

Ese año, 'Gasolina' fue la canción mejor recibida en la radio de mi colegio. Todos mis bíblicos y americanos amigos estaban gritando palabras en español mientras intentaban perrear cada que el coro caía. Pronto, mis compañeros comenzaron a interesarse por mis raíces –éstos eran niños que, en el mejor de los casos, asumirían que era mexicana porque era latina, y en el peor de ellos, no tendrían ni idea de que Venezuela era un país. Daddy Yankee logró penetrar el mainstream estadounidense con tanta fuerza que cambió la percepción de todos, no sólo del reggaetón, sino de Latinoamérica como conjunto. Hasta entonces, el reggaetón parecía existir en su propia burbuja; lo que antes era visto como un género subversivo y callejero que fue activamente rechazado por grandes disqueras, tanto latinas como mundiales, ahora era visto como una forma legítima de arte y de valor.

A pesar de que el sur de Florida es una de las áreas hispanas más densamente pobladas de EE. UU., mi entorno cercano no lo era; mi escuela, con más de 1.000 estudiantes, tenía un total de 12 personas de color. Tenía compañeros de clase cuyas camionetas lucían orgullosamente la bandera confederada. Tenía compañeros de clase que dudaban de mi comprensión de la lengua inglesa, como si ser bilingüe significara que mi uso de las dos lenguas era mutuamente excluyente. Tenía compañeros que solían decirme spic (hispano, de manera despectiva). Toda tu existencia se basa en preguntas que no puedes contestar directamente: "¿Qué idioma es ese?'; '¿Por qué celebras la Navidad el 24 de diciembre y no el 25?'; '¿Por qué tu abuela no habla inglés? estas en Estados Unidos". Un latino en la parte alta de las listas de éxitos respondió todas esas preguntas con una simple acción: representación.

Ver a Daddy Yankee pavimentar el camino para las voces de latinos en la música me hizo dar cuenta del rechazo deliberado de nuestra cultura en los principales medios de comunicación. Lo más parecido que había habido a una superestrella cuya identidad pública fuera puramente presentada como latinoamericana fue Selena. Y Selena fue brutalmente asesinada por su manager en 1995. Alrededor de la época del éxito inicial de Daddy Yankee, los críticos de televisión argumentaban que Jennifer López era ya una voz de la comunidad latina (a pesar de que su marca estaba fuertemente construida alrededor del Bronx) y que con ella era suficiente. Justo así, nuestras identidades fueron matizadas y prácticamente borradas.

Incluso con la reticencia de los medios de aceptar a Daddy Yankee como un icono cultural en ascenso, su disco Barrio Fino debutó en el número 1 de la lista de álbumes latinos de Billboard y fue el primer disco de reggaetón en alcanzar ese lugar. Más tarde se convirtió en el álbum latino más vendido de 2005 y de toda la década. Revivió las ventas de música latina a través del reggaetón y marcó el inicio de una nueva era para la música latina urbana y la visibilidad de lo latino. Algo tan aparentemente trivial como una canción creada puramente para el perreo y el slut-drop me recordó que no estoy sola en mis experiencias: me ayudó a entender que está bien ser estadounidense y hablar español en casa, que está bien tener problemas con la identidad, que está bien venir de un origen étnico considerado "diferente". El gran éxito de Daddy Yankee comenzó a aliviar el aislamiento de crecer alrededor de gente que no sólo no entendía mi cultura, sino que en gran parte era intolerante con ella.

Con América Latina viviendo uno de sus momentos creativos más autónomos, alimentado por artistas que desarrollan sus propias voces y cultura musical, el avance pop de Daddy Yankee también desencadenó un renacimiento del reggaetón dentro del continente mismo. Las disqueras comenzaron a buscar a los talentos latinos; Yankee lideró el trayecto, llevando a varios tras de sí a artistas como Don Omar, Arcangel y Wisin & Yandel, que siguen siendo actos de reggaetón dominantes que iniciaron su carrera por el camino que Daddy Yankee había labrado en las listas de éxitos. Farruko, un reggaetonero en ascenso de Puerto Rico, ha hablado anteriormente sobre cómo Daddy Yankee dio a artistas emergentes como él, la oportunidad de colaborar musicalmente –algo que no suele suceder en otros géneros, como el pop, por ejemplo. El tipo grande que ayudaba al chico a subir en las listas no sólo significaba un cambio generacional sino, más aún, las actitudes hacia el parentesco que caracterizan al pueblo hispano: en lo que a nosotros respecta, si eres uno de nosotros, eres de la familia.

Daddy Yankee desempeñó un papel vital al momento de traer glamour al barrio y desafió la representación general de los medios del mainstream de la pobreza hispana en esos vecindarios. Por lo general, el barrio se presentaba como un paisaje unidimensional desprovisto de complejidad, lleno de violencia, privación y desesperación y, hasta cierto punto, es verdad. El barrio hispano es un lugar de intensa penuria, pero también es un lugar de afecto, de fraternidad y de comprensión: No hay nada como que te inviten a comer; ayudar a tu abuela a bajar las escaleras; divertirse jugando hasta con los restos de basura. Los videos musicales de Daddy Yankee pintaban un cuadro ininterrumpido de alegrías del pueblo hispano, lleno de colores llamativos, fiestas callejeras, baile íntimo y, lo más importante, un fuerte sentido de comunidad. Daddy Yankee trascendió de ser un one-hit wonder a ser el punto de partida de un movimiento que envió un mensaje retumbante a los niños de barrio: si Yankee puede, yo también.

Así como 'Gasolina' lanzó su movida, 'Despacito' ha consolidado su contribución a la cultura como algo más que una moda pasajera. Los números hablan por sí solos: es la canción más escuchada de Spotify en todos los tiempos; es el primer video de YouTube que alcanza más de 3,000 millones de visitas y contando; es la primera canción hablada en español que encabeza las listas a nivel mundial desde 'La Macarena' a mediados de los 90. 'Despacito' ya era enorme antes de que Justin Bieber se colara en el remix, por eso destaca la colaboración que Daddy Yankee estableció desde el principio como un ejemplo de lo que es el reggaetón como género. Evoluciona, se compromete con otros estilos musicales, y nunca toma su propia singularidad por sentada. Es un género que llena todas las características de lo que es la música popular hoy –las bases dembow, los coros de una palabra, las melodías pop, la atracción a la cadera– es extremadamente accesible y rompe barreras culturales, una palabra en spanglish a la vez.

El reggaetón sigue siendo tan relevante y dominante como siempre, dando espacio para que los hispanos celebren la experiencia multicultural, exploren sus talentos o simplemente existan. Trece años después del lanzamiento inicial de 'Gasolina', tengo 25 años y todavía perreo con Daddy Yankee en fiestas a lo largo y ancho de Inglaterra. Nadie cuestiona el por qué escogí una canción suya; nadie me interrumpe a la mitad de la canción para preguntar qué significan las palabras en español; nadie se enoja por mi sandungueo. Y ese es el eterno legado de Daddy Yankee: ha desmitificado la identidad del latino y la ha convertido en algo que se ve muy normal –lo cual hemos sido siempre.


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