Celso Piña: “La cumbia salió del pueblo para ir a todo el mundo”

Nos encontramos con “El Rebelde del Acordeón” en medio de su gira “Cumbia por el Mundo”. Hablamos sobre su carrera, el amor que tiene por el acordeón y la profunda relación que tiene con la cultura musical colombiana.

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10 abril 2017, 9:52pm

Celso Piña es un hombre pegado a un acordeón. Eso fue lo que pude comprobar cuando me encontré con él en Buenos Aires para entrevistarlo. La enorme ventana de la casa en la que se hospeda junto a su banda, La Ronda Bogotá, está abierta de par en par y hasta la calle llegan las notas de su acordeón. Celso lo toca sin ningún esfuerzo mientras ve televisión sentado en el sofá, como si el instrumento fuese una extensión de su propio cuerpo y como si tocarlo fuese algo tan mecánico como respirar. Me asomo a la ventana y desde afuera le digo: "Hola Celso, vengo a entrevistarte" y él muy amable y con un inconfundible acento regiomontano me responde "¡Pues pase no más!".

Vino para promocionar su más reciente disco "Aquí Presente Compa" (2015) . Estuvo en Brasil, donde se presentó por primera vez con dos shows en Saõ Paulo y Belo Horizonte; Y luego tuvo una seguidilla de conciertos por cuatro ciudades de Argentina y Uruguay en cuatro días: La Plata, Montevideo, Córdoba y finalmente Buenos Aires, antes de volver a su Monterrey natal en México para celebrar su cumpleaños número 64 y luego seguir con presentaciones en Zacatecas y Sinaloa. Desde el 2011 hasta hoy ha tocado en más de 20 países de todo el mundo con su infinita gira "Cumbia por el Mundo": Europa, Asia, África, América, donde quieran. Celso está acostumbrado a este ritmo frenético aunque confiesa que nunca imaginó darle la vuelta al planeta a fuerza de cumbia.

Luego de un embarazoso episodio de varios minutos tratando de meter mi bicicleta por la angosta puerta de la casa y sobre el que no vale la pena profundizar, finalmente me siento frente a él en la sala y empezamos a conversar. Su aspecto es bonachón. Es robusto, lleva una poblada barba casi completamente blanca que contrasta con su abundante cabello oscuro y nunca deja de sonreír. Ya listos para comenzar, Celso apaga el televisor y deja su acordeón Hohner Corona II rojo a un lado pero siempre al alcance de su mano. De tanto en tanto mientras habla lo soba o le da un par de palmaditas, como para que el instrumento no se impaciente mientras charlamos.

¿Cómo fueron tus primeros acercamientos a la música? Tengo entendido que nada tienen que ver con la cumbia y el acordeón.

Sí, yo crecí con la música de los Beatles y mucha banda americana. Escuchaba Jimi Hendrix, The Doors, Janis Joplin; y más pa'cá, empecé a escuchar a Black Sabbath, ACDC y todo eso. Fíjate que allá en mi tierra, en Monterrey, había un programa de radio que se llamaba "La Hora de los Beatles", y yo la escuchaba. Me parecía padre. Hasta que un día viene un tipo y me dice:

  • "Oye Celso, ¿Ya escuchaste "La hora de los Corraleros de Majagual"?".
  • Y yo: "¿Qué? ¿Los corraleros de qué?". Hasta el nombre se me hizo raro.
  • Y me dice: "No hombre, tocan bien padre".
  • "¿A qué hora es?"
  • "No pues a las 7"
  • Pero a las 7 es "La Hora de los Beatles" ¿Cómo le hago?... Pues oigo una u oigo otra…

Y así, pues empecé a escuchar y me llamó mucho la atención el ritmo de Los Corraleros del Majagual y hasta hoy me sigue pareciendo la agrupación más grande que ha dado Colombia a pesar de otras grandes orquestas como las de Pacho Galán, Climaco Sarmiento o Isaac Villanueva y mucha gente de ellos.
También esa música me llegó escuchando sonideros de la Colonia Independencia que iban a tocar allí en La Campana, un barrio súper humilde de donde yo soy. Allí no te asusta nada, ni la muerte. Entonces para allá iban los sonideros que eran tipos que llevaban sus equipos y sus discos y ponían música en la calle o en una casa. Ellos ponían música más pesada que en la radio como por ejemplo acordeonistas como Alejandro Durán, Alfredo Gutiérrez o Aníbal Velásquez.

¿Y cómo llega esa música colombiana a Monterrey?

Yo creo que por Estados Unidos. Allá hay gente de donde sea y creo que algunos vallenateros colombianos se iban para allá y se llevaban sus discos. Allá se cruzaban con los mexicanos y se los vendían o regalaban. Entonces los mexicanos llegaban con esos discos a Monterrey y los ponían en los sonideros y como era un sonido muy bonito empezó a sonar mucho esa música con acordeón.

Antes de conocer la música colombiana, además del rock también tenías mucho de música norteña…

Pues claro, si esa es mi música y mis orígenes; pero no sé, se me hacía un poco monótona porque la oía en dondequiera. Allá en cualquier estación de radio o en cualquier cantina se oía mi música, que es el corrido, el huapango, la redova, el chopis, la polka… todo eso.

¿Todas esos ritmos tienen acordeón?

Sí, claro. Monterrey es cuna de acordeones, es insigne por su acordeón. Entonces, yo creo que fue muy fácil entrarle a la música colombiana por eso. Ambos instrumentos en apariencia son iguales, pero no es lo mismo. Un acordeón de Monterrey suena un poco más seco mientras que en Colombia los acordeones están alterados: los abren y los pulen, les ponen y le quitan algo de modo que suena como más brillante y más vibrante que el nuestro y la música suena como más rellena. Entonces cuando yo escuché esa música me pareció padre y empecé a incursionar en eso, en ese momento no había nadie que tocara eso allá. Yo soy pionero de la música colombiana en Monterrey.

Debió ser muy duro tratar de abrirse camino tocando música colombiana en Monterrey cuando ahí la música norteña estaba tan arraigada

Fue muy duro porque no te entendían, pero yo igual me dije "Voy a intentarlo". Entonces la raza como que te veían medio raro y algunos hasta como que se enojaban, como que les daba un poco de celos. Me decían:

  • "Oye Celso, ¿qué haces tocando esa música? ¡Toca lo nuestro!".
  • Y yo les decía: "Lo que pasa es que aquí lo nuestro cualquiera lo toca y esta música no la toca nadie. Muéstrame alguien que agarre un instrumento y toque esa música en vivo"
  • "No pues no hay nadie"
  • "Entonces yo lo voy a hacer"

¡Y lo hice!, y claro que tuve muchos problemas. Tuve que tocar muchísimo, hasta gratis para que me vieran los empresarios. Los tipos me decían: "Oye Celso, pero es que tocas muy raro. Pero se siente el ritmito… pues vente, pero no te voy a pagar". Y yo: "Pues no importa". Yo alquilaba todo, los equipos y todo y hasta le daba dinero a la raza para que me acompañaran y los llevaba a todos los escenarios. Y así me la pasé cuatro años tocando en antros mientras aprendía a tocar el acordeón y así me fui dando a conocer. Tocaba en bailes clandestinos, en casas de cuadras o en festividades patronales como el día de la Virgen de Guadalupe, lo que saliera. Yo lo que quería era difundir la música y darle a la gente otra opción. Empecé así a hacerme de seguidores. Antes de empezar ya era famoso… en mi cuadra, pero era famoso al fin y al cabo.

¿Y hasta ese momento cómo te ganabas la vida?

Yo fui muchas cosa. Fui tapicero de muros, ponía alfombras, fui pintor, fui tortillero, trabajé en una fundición pequeña haciendo imágenes de metal de Cristo, Vírgenes y Santos. El último trabajo que tuve fue en un hospital infantil de Monterrey en el que trabajaba mi papá y el me metió a trabajar ahí y con lo que ganaba era que pagaba todo y me compraba mis instrumentos. Entonces llegó un momento en que dije "O la música o el trabajo". Mi papá me apoyo en todo moral, económica y sentimentalmente. Él me decía: "¿Quieres eso? Pues hazlo, yo te apoyo, pero aviéntate". En cambio mi mamá no, ella me decía: "Pero hijo si ahí tienes seguro, tienes prestaciones, tienes todo. ¿Estás loco?". Y yo me dije: "Pues hazte caso a ti, ya estás grande. Ya no te van a dar unas nalgadas".

¿Cómo fueron esos primeros años de tu carrera?

Del 74 al 75 me la pasé tocando aquí, tocando allá y afinándome bien. En el 80 grabé mi primer disco y fue todo un éxito. Desde ahí empecé a grabar discos y discos. Tuve altas y bajas, algunos funcionaban y algunos no. Estuve 20 años tocando música colombiana, muchas versiones aunque también había canciones mías y de mi papá. Los primeros cinco años era el único que tocaba esa música y luego tuve algunos problemas con tres integrantes de mi banda, ellos se fueron e hicieron La Tropa Colombiana, luego ellos se dividieron e hicieron La Tropa Vallenata. Se fue dividiendo y regando como una célula hasta que ya habían infinidad de grupos en todo el país. Eso duro como 15 años. Al final yo ya me sentía como ahogado porque todo era lo mismo, los grupos se regalaban para tocar a cualquier precio y luego los comparaban conmigo y los productores no querían pagarme lo que yo pedía. Todo eso me dolió porque se estaban malbaratando todos y se hizo una competencia muy desleal. Ahí me dije "Tengo que hacer algo".

Y ahí fue que hiciste "Barrio Bravo" y empezaste a mezclar la cumbia con otros ritmos más modernos…

¡Ándale! Me junté con varias personas por ahí: seguidores, rockerillos, hiphoperos, raperos, norteños, hasta un brasilero y un argentino… empecé a hacer la convocatoria y me dije "Vamos a hacer una revoltura a ver que pasa". Así nació "Barrio Bravo" en el año 2000 que fue todo un éxito y que terminó siendo como un nuevo estilo de música mexicana.

Es como que a lo largo de tu vida siempre has ido a contracorriente: dejaste el trabajo para meterte a músico, dejaste la música norteña para hacer música colombiana, dejaste la música colombiana para hacer algo diferente y nuevo…

Yo creo que cuando haces las cosas bien y de corazón Dios te ayuda. No hay que pensar tanto, aviéntate y todo lo demás viene solito. Yo no pensaba que iba a estar acá en Buenos Aires, que iba a ir a China, a Marruecos, a Alemania. ¡Nunca! Yo todo lo que quería era darle otra alternativa musical a la gente de mi barrio y luego todo se fue extendiendo.

¿Y cómo era el panorama de la cumbia en México antes de que tu introdujeras esta onda colombiana?

Era todo como más orquestado y con trompetas. Más tropical tipo Los Ángeles Azules. Luego yo empecé con esta influencia de la música colombiana y el vallenato de antes, no este vallenato llorón de ahora… y le metí puro acordeón libre y eso se fue extendiendo por todo México. Todas estas mezclas que me llevaron a mi sonido son las que me han valido el andar por todo el mundo. He colaborado con todo el mundo en México y lo sigo haciendo, ahora llego a Monterrey y tengo varias invitaciones para hacer varios homenajes.

En tu vida tiene mucho peso la cultura musical colombiana. Se ve que te llega al corazón…

¡Sí claro! Porque fue lo que me gustó en aquel tiempo y le estoy muy agradecido a la cultura colombiana, sobre todo a la música porque me ha dado mucho. Yo nunca pensé que iba a conocer a Gabriel García Márquez en persona, nunca imaginé que iba a tocarle en persona al gran escritor mexicano Carlos Monsiváis, que iba a tocarle a un presidente, que iba a ver la Torre Eiffel o el muro de Berlín en persona. La verdad es que este aparato me ha dado bastante -en este momento Celso con una sonrisa llena de satisfacción le da un par de palmaditas afectuosas a su acordeón que descansa a un lado de él en el sofá- …Bueno este no porque está nuevecito, pero el que tengo en casa que ya no quiero ni que le dé el aire porque ya le faltan dientes pero lo conservo como historia.

Y si a ti toda esta cultura colombiana te llegó tan profundo ¿por qué tardaste tanto en ir para allá? Recién fuiste en el 2010…

Las cosas son así y no sabes por qué son. Mira que ironías, primero fueron La Tropa Colombiana y La Tropa Vallenata. Las agrupaciones que salieron después de mí fueron primero a Colombia pero no pasó nada. Yo les preguntaba:

  • "¿Y ustedes fueron como turistas o qué?"
  • "No pues fuimos a tocar"
  • "¿Y qué pasó?"
  • "Pues no pasó nada"

Ese no es el chiste güey, el chiste es llegar y hacer ruido. Yo me dije: "yo cuando vaya voy a hacer ruido" e hice bastante ruido.

¿Qué significó para ti finalmente conocer Colombia?

¡No pues ¿qué te pasa?! Fue una cosa muy padre que sentí cuando en el teatro me reciben Alfredo Gutiérrez y Aníbal Velásquez, haz de cuenta cabrón que te recibe John Lennon ahí, o Jimi Hendrix, algo así… pues fue una cosa maravillosa y de ahí nació una buena amistad, tanto así que una vez fue Aníbal Velásquez a Monterrey y lo invité a comer en un restaurant por ahí y luego me dijo, "Tú cuando vayas a Barranquilla búscame y yo te voy a hacer un puerco, un asado o un sancocho"… y yo "Bueno, pues está bien. Por ahí te caigo". Y Alfredo también me invitó a su casa ¿Padre no?. No me puedo quejar, aunque las cosas a veces llegan un poco tarde, ya lo hice y no solamente esa vez porque ya van como cuatro veces que vamos a Colombia.

¿Y cómo te sientes presentando tu música ante públicos más jóvenes y que vienen de ramas más alternativas?

Como yo siempre he dicho, música es música. Yo puedo tocar frente a rockeros, gruperos, hiphoperos o norteños y todos me van a entender porque mi música no es un estilo conservador. Yo me abrí a la música y puedo tocar lo que quiera dentro de mi estilo.

¿Alguna vez pensaste en parar?

¿Retirarme dices? Pues claro. Yo creo que el retiro es algo que siempre está ahí, además es duro estar todo el tiempo viajando y de gira tomando aviones, autobuses, barcos. Lo que pasa es que cuando arrancas es como que no puedes parar. Pero yo sí creo que seis o siete años más tengo. Ahora yo veo que hay muchos que se retiran porque se enferman y ya no pueden más y eso es lo que creo que no está bien ¡Hay que seguir siempre!

Monterrey es una ciudad muy cerca de la frontera con Estados Unidos, ¿todo lo que está pasando con la situación actual del gobierno de Donald Trump afecta en algo tú música?

No mi música en especial, afecta a todos. Fíjate en esto, una vez antes de Trump fuimos a tocar en California y cuando llegamos estaba vacío el estacionamiento y cuando preguntamos que pasó, uno de los organizadores nos dice: "No es que alguien en las redes aventó la bomba de que en el concierto iba a estar la migra", y no fue cierto pero si nos afectó. Ahora, después de Trump, hace 20 días fuimos a tocar a Dallas, Texas que es la frontera que nos queda más cerquita de Monterrey, como a 200 Km; cuando íbamos hace un par de años hacíamos cola de dos o tres horas para llegar a la frontera y está vez llegamos y había muy pocos carros y pasamos rápido. Las grandes tiendas de aquel lado estaban vacías, entonces es como que sí está afectando al mexicano pero también al comerciante de Estados Unidos. La gente está temerosa de ir.

¿Cómo ves el panorama de la cumbia en México en comparación a los demás países de América Latina?

Yo creo que hay gustos para todos. La cumbia mexicana, la cumbia argentina, la cumbia peruana; todas son cumbias pero suenan diferentes por sus interpretes. Yo nunca voy a poder tocar una cumbia como la tocan los colombianos, ni un colombiano va a poder tocar una cumbia como la tocamos nosotros; pero el ritmo es el mismo y ahí es donde entran los gustos de cada quien. A algunos les gusta más la cumbia villera, a otros los pajaritos de Perú.

Ahora se escucha cumbia en lugares como Europa o en Asia ¿Por qué crees que ha sucedido esta especie de boom mundial de la cumbia?

En los últimos años la cumbia salió del pueblo para ir a todo el mundo y yo creo que eso es por el ritmo que tiene. No importa de donde seas, el ritmo hay que sentirlo y eso es lo que le atrae a la gente. ¿Pues qué te da que estamos allá en Alemania, en Holanda y todo eso y se paran los güeros a moverse? ¡No entienden ni papa pero se paran a moverse y se sienten bien cumbianberos! ¡Les gusta!. La música es un lenguaje universal y no tiene fronteras. Mientras toques pura música no hay problema… pero eso sí, tienes que cantar algo. Jejeje.

Muchas gracias Celso.

¡A ti, a ti compadrito!

Una ultima cosa, ¿Tocarías un poquito para mí?

¡Pues claro! Ahí va…