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Estéreo Picnic día dos: The Strokes tu papá

Las leyendas neoyorkinas del rock alternativo se mandaron un show directo y repleto de clásicos que nos hicieron escurrir lágrima.

Fotos por Julián Gallo.

Pasada la medianoche del segundo día del Estéreo Picnic, el Parque de la 222 fue testigo del que fue probablemente uno de los conciertos más esperados en los últimos tiempos: The Strokes, insignia del rock alternativo, se presentaba en Colombia por primera vez desde su formación en 1998. Sus canciones aceleradas y garajeras son la banda sonora de toda una generación y, aunque Casablancas y Hammond Jr. ya habían pasado con sus proyectos alternos a la banda por las tarimas del Picnic, ayer, 24 de marzo, fue el día en el que finalmente llegaron con la banda que los elevó al estatus de iconos del rock en el mundo.

Desde que abrieron las puertas del festival a eso de las 3 de la tarde, el Estéreo Picnic se fue llenando de asistentes con gorras y camisetas de la banda y aunque fue una jornada bien nutridita con otros artistas como Silversun Pickups, Two Door Cinema Club y el siempre finísimo Caribou, estaba claro que el grupo de las grandes expectativas era The Strokes, los neoyorkinos que desde hace rato tenían una cita obligada con estas tierras. Por eso fue que 45 minutos antes de que comenzara su presentación, el escenario Tigo Music, que es el único al aire libre del festival, ya estaba casi que completamente copado y los coros de "¡Oe oe oe oe! ¡The Strokes! ¡The Strokes!" se repetían constantemente, alternándose con los gritos de emoción que se echaba la gente cada vez que había un espacio entre las canciones que ponen antes de comenzar los shows.

Luego se silenció la música de los parlantes y parados frente a un estallido de colores fluorescentes que pasaban a toda velocidad por la pantalla del escenario apareció The Strokes con "The Modern Age", la canción que le dio el nombre al EP con el que debutaron en el 2001. La gente estaba extasiada, con cara del que no cree que lo que está viendo es de verdad y, frente a ellos, estaba Julian Casablancas, el ídolo de toda la vida bien pegado al micrófono vestido con una camiseta larga, lentes oscuros, con su pelo largo y desorganizado y esa actitud de puto rockstar, la misma que indigna a uno que otro genio que lo clasifica de "pedante" o "ebrio" y que le conocimos de primera mano en el 2014 cuando vino con The Voidz.

Una tras otra se fueron viniendo "Soma", "Someday", "12:51", "Last Night", "Heart in a Cage" y por supuesto "Reptilia", su gran éxito del 2003 que levantó los pozos de lodo a punta de saltos, literalmente puso a temblar el piso y que se tocaron al pie de la letra con una interpretación impecable, como todo el resto del show. En el espacio entre ellas apenas se escucharon algunos murmullos de Casablancas que con un ánimo como del que quiere de salir de las cosa rápido, se botaba una que otra palabra en español, contaba que se sentía enfermo de la voz pero que el show iba a seguir y decía uno que otro "I love Colombia" o "Hello Bogotá" para el gusto de un público que le bastaba con eso para armar la gritería.

Fue una hora pasada de recorrido por algunos de los temas más reconocidos de la discografía de The Strokes, esos que marcaron adolescencias, eran fijos en el iPod, sonaban y aparecían en todos los canales de música y que nos pudimos dar el gusto de finalmente escuchar en vivo. Un viaje nostálgico que no tuvo necesidad de una gran parafernalia y en el que la banda, sin despegarse del libreto original, supo sacarle la lágrima a un público que como en muchas partes del mundo los tiene en un altar y los reconoce justamente por lo que son: un hito.