Un 'sommelier' nos hizo cinco cocteles con Chamber

Distintos sabores del célebre 'dejameciego' colombiano. Advertencia: ¡No intenten esto en casa!

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jun. 24 2017, 12:13am

Llevé a las oficinas de Noisey a un "sommelier" experto para que me ayudara a desentrañar las diferentes variedades de Chamber: la alquimia completa de uno de los bebistrajos más baratos y artesanales de la fauna urbana colombiana.

Estoy segura de que muchos van a pensar que el segundo puente de junio llega y uno, a pesar de las ganas de beber, no tiene un peso y ven en esto la solución. Cuando hablo de "solución" hago referencia al "procedimiento químico" que resume la forma artesanal de elaborar este coctel criollo, este "dejameciego" o "raspatripas", como lo llaman.

Antes de comenzar, quiero aclarar que el Chamber es una bebida alcohólica casera hecha originalmente con alcohol antiséptico, o desnaturalizado, mezclado con un sobre de refresco en polvo. Ese es el clásico.

Aclaro, de paso, que este fenómeno ha recorrido las calles y suburbios de algunas capitales latinoamericanas: en México está el Teporocho –tres copas de gaseosa y ocho copas de alcohol por ochocentavos— o en Cuba el famoso "Chispa e Tren" y "Duérmete mi niño". Merece atención, por ser un hecho cultural, de rebusque.

El consumo constante de Chamber, y su mala elaboración, acarrea consecuencias mortales y degenerativas en el organismo. Y eso también hay que dejarlo claro.

Hay razones sencillas que sobrevienen a la explicación de por qué este trago, a pesar de que causa problemas de salubridad sigue calentando las noches urbanas de muchos adeptos a la informalidad. La primera: economía. El chamber o chamberlaine puede emborrachar a cinco personas por solo $3.000 y, por más barato que salga, es ante todo una práctica lumpen, una salida para los que no tienen realmente absolutamente nada que perder con la ingesta frecuente de este trago.

Mucho ojo. Un mal paso puede dejarlo ciego, con gastritis aguda, comprometer su sistema nervioso (al punto de dejarlo en un coma etílico). Por ejemplo, el uso de alcohol industrial o metílico al 96% (que puede reemplazar la gasolina al ser un biocombustible) está prohibido para hacer el Chamber, lo mismo sucede con el uso de ACPM. Entre mayor sea la concentración de alcohol, mayor es el riesgo de intoxicación, ceguera o convulsiones. Para evitar esto, los arriesgados que lo beben lo rebajan con agua, lo cual no es seguro al 100% porque la cantidad de agua debe ser mayor a la cantidad de alcohol. En las etiquetas del alcohol de farmacia, dice que este tiene una pureza del 70%, algo que sigue siendo bastante alto. "El mismo alcohol antiséptico, de por sí, es una mezcla de alcohol etílico con otros alcoholes o glicoles, que es tóxica de por sí", asegura Jairo Téllez, el toxicólogo de cabecera.

Téllez advierte que "los efectos de la mezcla de alcohol antiséptico con etanol o con Frutiño, o con cualquier otro tipo de sustancia, pero especialmente con metanol (alcohol industrial), produce consecuencias adversas agudas y crónicas". Entre ellas se encuentra dificultad para respirar, alteraciones en la visión (ver borroso o distorsionado), dolor de cabeza severo, anoxia cerebral (falta de oxigenación del tejido cerebral). Y en los casos más severos (casos de acidocis metabólica), convulsiones e incluso la muerte.

Con el antecedente de este potencial tóxico, debe añadirse que no es puro cuento lo de la ceguera. Es más, el mismo Téllez sostiene que "la complicación crónica más frecuente y de mayor impacto es la ceguera, que generalmente es bilateral (ambos ojos) e irreversible (permanente). La ceguera la produce fundamentalmente el alcohol industrial (alcohol metílico), el cual tiene como sitio preferente de daño un órgano blanco (los ojos) donde produce una desnaturalización del nervio óptico, llevándolo a perder su fisiología y su funcionalidad de manera total".

Entonces, advertidos. Por favor, no comprometan su salud de manera recurrente y aléjense del alcohol industrial o metanol. Ya lo que viene es pura información seudo científica o, si se quiere, nula científicamente. Y sobre todo, no recomendamos la preparación de ninguno de estos cocteles y mucho menos su consumo.

Vamos, pues.

Nuestro experto en Chamber accedió a enseñarnos en qué consiste el encanto de este veneno, sobre todo porque con el paso del tiempo se han añadido diferentes ingredientes que van desde la leche condensada hasta la leche en polvo y se han vetado otros tantos por sus consecuencias irreversibles.

Krelyn se prepara y alista los ingredientes. Se arremanga la chamarra de cuero: manos a la obra.

El recetario

En esta ocasión, me dice, "no le sacamos el diablo" al trago, porque estaba en botella de plástico. Con eso quiere decir: meterle un encendedor prendido en la boca del tarro para disminuir la concentración de alcohol. No obstante, me dice, hacer esto apenas disminuye en un 10% o un 5% la concentración total de un frasco que contiene 70% de alcohol puro.

Los tragos se prepararon con el diablo adentro.

Chamber tradicional

Este es el clásico, el primitivo, el original. En palabras de nuestro "experto", con esto se dan en la torre durante los toques bogotanos de punk, porque es una salida breve. Asegura, sin embargo, que cuando la noche comienza a remojarse en Chamber es porque realmente ya se han quedado sin un solo peso, más no porque sea el licor predilecto. Cuando el recipiente es de plástico, los que toman esto seguido no flamaen la botella, porque, dicen, se corre el riesgo de que el futuro coctel se vuelva una bomba en potencia. Me contó que muchas personas han sufrido graves quemaduras al hacerlo; algunos optan por envasar en una botella desocupada de vidrio, de quién sabe cuál vecino que se encuentre por la calle, para poder flamearla con tranquilidad.

Pero tampoco es recomendable hacerlo. Mejor, ni lo intente.

Hay que rebajar con agua: con solo oler se sabe qué tan concentrado está el alcohol. Krelyn utiliza el mismo frasco para todas las preparaciones y a su vez lo usa de mezclador: le pone la tapa y lo agita hasta que la mezcla quede uniforme. Recuerda que hace poco en Manizales, después de una noche de "cocteles", vomitaba tan rojo que no sabían si era sangre o era el colorante del refresco. "¡Qué jarterón tan gonorrea!", dice, y me sirve la primera receta.

Resultado: como no lo rebajó con agua, quedó muy dulce, fue como tomarse una gelatina de fresa hediendo a botiquín.

Chamber de Yogourt

Luego de haber lavado el frasco en el baño, Krelyn advierte que antes este se preparaba con yogourt de verdad, pero se le volvía mierda el estómago, una diarrea tremenda. Como luego salió un "refresco en polvo cremoso" se ahorraron la compra del lácteo y, de paso, la disentería.

Con los dedos y los dientes destapa el refresco, lo vierte en el tarro y lo agita con la maestría de costumbre, a medida que disminuye la velocidad se puede ver una contextura espesa con aspecto a sabajón.

Chamber Mojito

—¿Las nenas quieren un Chamber?— pregunta en voz baja a una de las modelos que estaban alrededor nuestro (ese día, no sé por qué, había modelos en las oficinas de VICE). Para esta receta macera las hojas de hierbabuena con sus propias manos y las deja al fondo del vaso de vidrio. Vierte unas dos cucharadas de azúcar y una pizca de sal común —en realidad se le fue un montón—; por otro lado, al medio frasco de alcohol le agrega otro tanto de azúcar y le exprime con las manos medio limón partido ¿Y qué pasó con el otro medio? Lo dejó para decorar el vaso, porque lo chirri no le quita lo elegante.

Agita de nuevo la botella y luego la vierte en el vaso de vidrio. Con la misma gracia le echa una ramita de hierbabuena a modo de mezclador, pero lo revuelve con el cuchillo con el que partió el limón, lo bebe y con gesto de aceptación nos lo comparte: dice que se le fue la mano en la sal, porque, como no es de la receta original, sino que fue idea propia, todavía no está perfeccionado y se le puede poner más limón.

Resultado: extrañamos el ron para el mojito, e intentamos recordar el sabor de uno de verdad mientras los ojos seguían llorosos por la ráfaga incendiaria del alcohol. No obstante, el azúcar deja un gusto dulce en la boca y la hierbabuena comienza a aromatizar el recuerdo del de alcohol que nos costó $1,350.

Chamber "Baileys": el ganador

Es sorprendente que en tres minutos haya salido esta maravilla. Un sobre de leche en polvo, un sobre de café instantáneo, la mitad de una latica de leche condensada y más de la mitad del frasco de alcohol fueron suficientes para plagiar la contextura y el aspecto de una crema de Whiskey. Para esta receta en especial dejó la misma mitad del frasco de alcohol, luego agregó el sobre entero de leche en polvo, el tubito de café instantáneo, la mitad de la lata de leche condensada y menos de un cuarto de agua (para rebajarle lo dulce, no el alcohol, según él). Agitó una y otra vez el tarro hasta lograr el espesor que necesitaba.

Resultado: Con orgullo, Krelyn prueba primero. "¡Qué olor, qué sabor, pero qué textura!", dice, y nos larga el brazo para probarlo. No entiendo cómo puede saber tan bien, ni tampoco cómo se asemeja a la crema "Baileys"; a estas alturas del paseo la idea de la anoxia cerebral y la ceguera se disolvía a la par que los grumitos de café en la lengua con cada trago que pasábamos.

***

Hay cifras alarmantes de muertes causadas por "no sacarle bien el diablo" o por irse de genios al hacer el dichoso coctel con alcohol industrial, combinarlo con sustancias alucinógenas o hacerlo "engalochados", como se denomina al trance en el que caen los inhaladores de pegante bóxer. El toxicólogo anota que "los inhalantes son sustancias que tienen un efecto adverso directo sobre las neuronas, que son las células cerebrales, por tanto se presentan dos efectos sinérgicos: daño neuronal, daño ocular y en el sistema homeostático".

Con el dulzor de la leche condensada y con la lengua un poco entumecida nos fuimos con esa camaradería resultante del trago: donde toma uno, toman todos.

Groucho Marx bebía para hacer más interesantes a las personas que no bebían, pero con Krelyn aprendí a beber con el diablo adentro sin perder la cabeza y sin hacerme interesante. En total, las cuatro recetas costaron $10.000. Algunos miembros de la revista me dijeron que les dio mareo apenas un sorbo. A otros, les gustó, sobre todo el de crema.