Retratos increíbles de la olvidada escena punk de San Francisco

40 años después de documentarla, Jim Jocoy, uno de los grandes responsables de inmortalizar la escena punk de la zona de la bahía, repasa su obra.

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jun. 23 2017, 9:16pm

Este artículo fue publicado originalmente por i-D US

Jim Jocoy era estudiante en la Universidad de Santa Cruz cuando vio por primera vez a los Ramones tocar en el Savoy Tivoli Theater de San Francisco en 1976. Aquel mes de abril, el cuarteto neoyorquino había publicado su incendiario álbum de debut y había iniciado una gira por todo el país que cambiaría la música y la cultura norteamericanas para siempre. "Los Ramones iban dejando huella a su paso y, en cada ciudad que visitaban, se formaban bandas, la gente creaba fanzines y después aquellos fanzines desembocaron en una especie de cultura de la moda", recuerda Jocoy. "Todo aquello junto creó esa maravillosa energía en la que me vi atrapado al instante".

Rico cortando el pelo a Jonnie, 1977. Imagen cortesía de la Casemore Kirkeby Gallery, San Francisco / TBW Books

El año siguiente abandonó sus estudios y se dedicó a fotografiar la floreciente escena punk de San Francisco. Jocoy realizaba las imágenes mientras se preparaba para salir por la noche a un club o a un concierto, capturó a bandas cruciales como X y The Nuns tocando en directo y retrató al reparto de aves nocturnas que formaban parte de esta nueva cultura.

Sharon arreglándose para salir, 1979. Imagen cortesía de la Casemore Kirkeby Gallery, San Francisco / TBW Books

Mientras que otros fotógrafos de todo el país capturaban sus escenas punk locales en blanco y negro, Jocoy realizaba las fotografías en vibrante color empleando película para diapositivas. Si sus tonalidades recuerdan al tipo de saturación, luz y sombra que podemos encontrar en las fotografías que realizaron Nan Goldin y William Eggleston en el mismo período, es porque el cronista de Nueva York y el maestro nacido en Memphis también fotografiaban empleando película para diapositivas. En todos los casos, incluso el objeto más cotidiano o la escena más tranquila cobran vida con ricos y evocadores colores.

Tony con una chaqueta roja, 1978. Imagen cortesía de la Casemore Kirkeby Gallery, San Francisco / TBW Books

Jocoy pudo realizar tantas diapositivas a finales de los 70 gracias a su trabajo en una fotocopiadora en el sur de la Bahía de San Francisco. Aquel establecimiento contaba con la primera máquina Xerox que podía producir imágenes a color mediante la unión de un proyector de diapositivas de tipo carrusel. La dirección de la tienda tenía un acuerdo con Xerox que estipulaba que tras un número concreto de copias se facturarían a un precio diferente. "Así que acordé con mi jefe que si no llegábamos a esa cantidad, yo podría usar el resto", explica Jocoy. "Así fue como creé montones y montones de imágenes y eso es lo que me llevó a hacer tantas fotografías. Cuando dejé de trabajar allí ya no podía permitírmelo".

Javier Escovedo de los Zeros, 1979. Imagen cortesía de la Casemore Kirkeby Gallery, San Francisco / TBW Books

Las fotografías se exhibieron solo dos veces durante el período en que se realizaron: en una exposición en la Universidad Estatal de San Francisco que incluía las impresiones que había hecho en la fotocopiadora y en la fiesta que celebraba el 70º cumpleaños de William Burroughs, donde se proyectaron como diapositivas. Ahora estas fotografías conforman Order of Appearance, un nuevo libro publicado por TBW Books, por lo cual aprovechamos para hablar con Jocoy para saber más sobre cómo reaccionó la escena punk de San Francisco contra su histórica época hippie y por qué es de vital importancia que las personas creativas se unan.

Robert Lee chocando contra una furgoneta blanca, 1977. Imagen cortesía de la Casemore Kirkeby Gallery, San Francisco / TBW Books

¿Cómo empezaste a hacer fotografías?
Mi padre siempre tenía cámaras en la casa y le parecía muy bien que yo las utilizara, así que siempre me he sentido cómodo con una cámara en la mano. Cuando iba al instituto tomé algunas clases de revelado en blanco y negro en cuarto oscuro, pero nunca estudié fotografía en realidad, fue mi interés el que me guió siempre. Soy autodidacta y me gusta pensar en mí mismo como un artista en lugar de como fotógrafo profesional. La cámara es una herramienta entre diversos medios, incluyendo la ilustración y los collages.

En los 70, cuando los Ramones estaban de gira, pensé que sería divertido ir a una tienda de segunda mano y comprar una cámara de juguete para llevármela al concierto. De modo que, después de aquello, cuando salía a fotografiar cosas por las que se me ha llegado a reconocer, gran parte del tiempo usaba cámaras de juguete. Tenía la visión de lo que quería conseguir y después hacía que la cámara que yo llevara en ese momento me sirviera para mis propósitos.

Siempre me ha interesado la música. Es uno de los motivos fundamentales por los que empecé a hacer fotos en clubes y conciertos. Escuchaba rock norteamericano en las emisoras de radio de la base militar cuando era más joven y debía de tener 11 o 12 años cuando vi por primera vez a Little Richard, los Everly Brothers y los Beatles a principios de los 60. Recuerdo saltarme las clases para ir a un concierto de James Brown en El Paso en 1967.

Mary Monday de Mary Monday and the Bitches, 1977. Imagen cortesía de la Casemore Kirkeby Gallery, San Francisco / TBW Books

¿Qué te llevó hasta San Francisco?
Mi padre estaba en el ejército y se jubiló allí, así que llevo viviendo en la Bahía desde finales de los 60. Cuando nos mudamos aquí, la era hippie estaba en cierto modo desapareciendo en el mismo lugar en el que había florecido tan solo unos años antes. Creo que el Verano del Amor es más mítico por lo que imagina de él la gente que por lo que la ciudad era en realidad, pero San Francisco por aquel entonces era algo oscura y más pesada. Cuando nos mudamos aquí, el punk rock estaba en el horizonte. En 1976 mis amigos me preguntaron si quería ir a ver a los Ramones. Eso fue lo que despertó mi interés en el punk rock, la moda y la cultura que se asoció con él. Me sentía muy inclinado a rodearme de personas creativas y a experimentarlo todo.

Allen Ginsberg y un amigo, 1979. Imagen cortesía de la Casemore Kirkeby Gallery, San Francisco / TBW Books

¿Cómo viste cristalizar la escena punk de la ciudad una década después del Verano del Amor?
Estoy muy abierto a los estilos de vida alternativos en diversas manifestaciones, incluyendo el hippie. Aunque no pertenecía a esa generación, aun así la respetaba. Y en esa época creo que reaccioné igual que muchos otros en términos de cómo las ideas que habían iniciado aquella contracultura se habían modificado y suavizado demasiado. La sensación general era que las cosas se movían en una dirección en la que todo era demasiado procesado y predecible. Hacía falta que apareciera algo que renovara el ambiente. El punk era como el dadaísmo: sirvió de broche final y de revulsivo al mismo tiempo. Destruyó las cosas para volver a construirlas. Fue como si dijera 'Quitemos de en medio todo lo que vemos ahora'. La gente estaba motivada para salir y crear. El punk recogió aquella energía que era más oscura, más cínica. Infundió el latido que había estado faltando entre tanta blandura.

Mujer reclinada sobre un coche, 1977. Imagen cortesía de la Casemore Kirkeby Gallery, San Francisco / TBW Books

Cuando ibas a un concierto de punk o a un club, ¿qué atraía tu mirada para fotografiar a una persona determinada?
Por aquel entonces dividía mi fotografía en tres áreas: La primera era una especie de retrato formalizado para el que fotografíaba a alguien contra una pared. La llamo mi colección de bichos, porque pensaba en ella como si saliera a capturar aquellas exóticas criaturas de la noche, como un entomólogo. Quería ver qué aspecto tenían y cómo vestían de arriba abajo. Como sucede con un insecto, quieres ver cada pequeño detalle. El segundo grupo de fotos eran como grabaciones en directo. Me encantaba bajar al foso para capturar a las bandas actuando en vivo. El tercero ―que es sobre todo lo que Paul y Lester de TBW Books han recopilado para este libro― eran fotografías informales. Antes de salir por la noche, iba a casa de mis amigos a vestirme, arreglarme, cargar mis cámaras y hacer fotos.

Jennifer Miro de The Nuns, 1977. Imagen cortesía de la Casemore Kirkeby Gallery, San Francisco / TBW Books

Hablemos de la relación del punk con el clima político de la época.
En California veíamos lo que estaba pasando con el gobernador que teníamos, que finalmente se convirtió en presidente y que creó una atmósfera ―y provocó una crisis sanitaria― contra la que reaccionaron y se rebelaron muchas personas del mundo de la música y la creación. Nunca perdonaré a Reagan por todas las cosas que podría haber hecho para evitar el sufrimiento de personas que yo conocía. E históricamente, pienso en cuántas personas murieron por una enfermedad que podría haberse paliado. Ahora nos encontramos en un punto crítico en el que este planeta está enfermo. No queremos volver a ver esas consecuencias catastróficas, cuando deberíamos haber dicho: 'Protejamos esto. Es lo más preciado que tenemos'. Estamos de nuevo en ese punto.

Y he empezado sentir de nuevo esa energía, a sentir que tengo que reaccionar ante lo que veo a mi alrededor. Quiero creer que la gente es buena, pero es difícil cuando se ha creado y se sigue creando esta atmósfera. Es parecido a lo que experimentamos hace 40 años y tiene unas consecuencias terribles. Puede que las cosas no pinten bien, pero te haces mejor cuando reaccionas ante ellas. Te vuelves bueno.

Tana Emmolo-Smith, 1980. Imagen cortesía de la Casemore Kirkeby Gallery, San Francisco / TBW Books

Tío desmayado, 1979. Imagen cortesía de la Casemore Kirkeby Gallery, San Francisco / TBW Books

Claudia Summers en mi Chevy Nova, 1978. Imagen cortesía de la Casemore Kirkeby Gallery, San Francisco / TBW Books