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Rodrigo Dávila y su encuentro con las películas y las canciones de luna

Marcos Hassan

Charlamos con el cantante de Motel sobre su nuevo proyecto musical D V L A, y sobre los scores para películas que ha hecho: 'I Hate Love' y 'Camino a Marte'.

Nada es lo que aparenta, sobre todo en la música. Aunque piensas que ya te la sabes, seguro te sorprenderá algo: Punks que trabajan en agencias de publicidad, metaleros con la frente entiznada en miércoles de ceniza, reggaetoneros que prefieren dormir temprano los fines de semana. En cuanto a la seriedad percibida que solemos asumir, podríamos jurar que todo el pop que se programa en la radio estaba manufacturado en una fábrica a las afueras de la ciudad, ni siquiera asemejando a algo como el Brill Building o la Tamla Motown. Puro polímero procesado con estribillos armados por logaritmos de primera.

La música fluye de maneras que a veces no podemos predecir, no solo cuando pensamos en estos estereotipos sino para los mismos músicos; cuando creen que se dedican a algo, que su llamado los lleva a un destino, el camino se parte y de pronto el paso se tuerce o se encuentra con una cuchilla y una decisión que tomar. En su sentido más puro, la vida de los que se dedican a esto es caminar sin detenerse.

Rodrigo Dávila se encontró con una situación parecida recientemente. Este camino lo ve cerrando el 2017 con dos obras que pocos creerían del músico. Uno es el score que creó para la película mexicana Camino a Marte del director Humberto Hinojosa Ozcariz, la cual basó en instrumentos electrónicos y complementó con arreglos para piano y cuerdas, logrando paisajes sonoros aproximados al ambient con su buena dosis de Hollywood. El otro proyecto es D V L A, un trabajo solista que lo ve explorar sonidos en un plano de chamber pop que recuerda el plano trazado por artistas como Arcade Fire y Sufjan Stevens hace una década; las melodías despiden gotas de caramelo, pero la envoltura es de estaño mate. Prepara juntarlas para hacer una gran declaración bajo el título Canciones de Cuna y Luna.

Para muchos, saber que Rodrigo Dávila colecciona sintes análogos, le tira a música algo oscura y admira el trabajo que Trent Reznor hizo en el cine más que la música de Nine Inch Nails, puede resultar sorprendente. Dávila es mejor conocido como uno de los fundadores de Motel, grupo de pop rock con el que hace una década encontró gran fama y aceptación en el mainstream musical mexicano. Canciones como “Dime ven”, “Y te vas”, “Lejos estamos mejor”, “Somos aire” y muchas otras, se han convertido en himnos de fiesta y corazones rotos para una generación que creció con una nueva tradición de cantautores. Motel no es solo un precedente más, es algo que define la carrera musical de Rodrigo.

A diferencia de otras latitudes, los proyectos alternos de músicos que están en medio del espectáculo no son comunes, y los que llegan a existir, suelen virar hacia la vanidad o la conquista de otros públicos. Difícilmente encontramos gente que en verdad quiere explorar sus inquietudes musicales y que su chamba diurna se los permita, a menos que seas Cristian Castro y formes La Esfinge. Dávila ha decidido compartir nuevas facetas musicales para explorar una nueva perspectiva mientras continúa con Motel. Nos reunimos con él en su casa-estudio --rodeados de sus sintes-- para platicar de los riesgos de seguir tu propia musa, acercarse de nuevo a la música clásica y hacer lo que quiere.

Noisey: Ayer fue la premiere de Camino a Marte. Ya viendo la película finalizada, ¿cómo ves ahora el trabajo de la música que hiciste?
Rodrigo Dávila: Ver el trabajo terminado sabiendo que ya no puedes modificar nada, cambia tu percepción de cómo lo ves y lo escuchas. Al final tuve la suerte de explorar el score de una forma muy artística. Hay veces que, en ciertas película que en el corte y la temática te cierran un poco tu universo a explotar, te tienes que quedar en un lugar más tradicional, quizás con elementos más típicos de un score más hollywoodense. Aquí no. Desde la visión del director y la realización del fotógrafo, con los actores, etc; fue una película que se prestó mucho a la experimentación. El score es más interesante en el sentido como pieza que pudiera existir sin película: música de universo más ambient, electrónica, obviamente con ciertos elementos de instrumentos acústicos, pero justo abrazada de estos elementos que me encantan. Como verás soy fan de los teclados, entonces fue muy divertido entrar en un proyecto donde pude explorar esa dirección musical abiertamente.

¿Cómo comienzas a interesarte en los scores?
Comienza desde que estudié música y conecté con los fundamentos y las enseñanzas de la música clásica. Antes de iniciar Motel y esa etapa de mi vida, muchos años tuve el sueño y la convicción de dedicarme a la música clásica. Después ya empecé el retomar escribir canciones y tal, y mi vida se fue a otro lado. Pero justo a partir de hace unos años se presentó la oportunidad de hacer música para películas. Para mí ha sido muy especial porque ha sido como reconectar con ese sueño que tuve en mi adolescencia y esos momentos de conexión musical. También tengo la ventaja de hacerlo contra imagen, que ayuda muchísimo a que la gente la reciba de mejor manera. No es lo mismo ponerle a una persona una pieza de música de siete minutos sin voz ni letra y con música un poquito menos convencional sin una pantalla; a ponersela en un contexto de un cine donde tienes esta pantalla, se escucha muy bien, y siento que ayuda muy bien a que la gente reciba la música de una manera más contundente.

¿Cómo te interesaste en la música electrónica y los sintes vintage?
Como que me llegó hace unos ocho años más o menos entre el segundo y el tercer disco de Motel. Antes compraba guitarras eléctricas y de pronto me compré un sintetizador digital, uno que se llama Virus y me encantó, y de ahí empecé a investigar y ver sobre los sintes análogos. En esa época no eran tan caros, entonces tuve la suerte de comprar todo este equipo cuando todavía era un poco más accesible. En ese momento andábamos de gira mucho, entonces podríamos decir que andaban mis finanzas muy bien y en lugar de comprar un coche dije “pues vamos a comprar teclados.” Y los compré en un lapso corto, más o menos como en un año. Me encantan.

Justo el primer score que hice fue con el director de Camino a Marte que es un gran amigo mío y gracias a él he tenido esta segunda carrera en paralelo. Su segunda película se llama I Hate Love, la sacó hace como cuatro años. Él me invitó a hacer el score de la película y para ese solo utilicé mis teclados, ningún elemento extra. Ya después entré en el mundo de la composición para cuerdas y tal. Para Camino a Marte siento que logramos una buena mezcla entre elementos como piano o cuerdas pero siempre arropados por un elemento más electrónico, entonces le dio un carácter muy bonito a la película.

¿Cuáles influencias tienes a la hora de componer para películas?
Obviamente aprecio todo tipo de score cuando voy al cine pero en los últimos años los que más me han movido y con los que más he conectado por lo general han sido los compositores que hacen algo similar a mí. Mi héroe del mundo de los scores y del mundo musical es Trent Reznor. Han habido épocas en las que lo único que escucho en mi player son The Social Network o [The Girl With] The Dragon Tattoo o el Gone Girl. Lo que hace ese cuate en el mundo de los scores me volvió loco. Me encanta obviamente Nine Inch Nails pero casi casi que me gusta más él con Atticus Ross. Lo que hicieron Daft Punk con Tron también me pareció brutal. También está Junkie XL que me gusta mucho. Mucho es practicar, lo aprendo viendo estas películas, tratar de cuando me siento a ver películas no nada más estar sintiéndola y gozándola sino también tratando de analizar cómo le hacen, cómo meten los cues, qué instrumentación usan; tratar de detectar qué sonidos hay dentro de esa paleta de sonidos y a partir de ahí yo empezar a hacer pruebas.

¿Cómo ha informado tu trabajo haciendo scores para aproximar tu manera de escribir canciones?
Totalmente. El track que saqué “Luna,” si lo analizas es una rareza total. No hay coro, no se repite nunca la letra, más bien fluye como una pieza de música que tiene un voz y letra pero curiosamente me encuentro en una situación en la que estoy promocionando el tema y te das cuenta que es una cosa extraña. Independientemente que no sea dentro de un género que sea rockero o agresivo, es una rola que no es muy comercial. Las reglas tradicionales de cómo sacar una canción al mercado, ya seas rockero, metalero, reggaetonero o dancero, por lo general es esa: es verso-coro-verso-coro-solo o variaciones de eso, la repetición a todo lo que da para que la gente se quede con eso en la cabeza. Acá no. Por lo menos esa canción y un par más que estoy trabajando me llevaron a otro lugar que siento yo cuando he compuesto para discos de Motel o he hecho para scores. Siempre trato de hacerle caso a una voz interna, un instinto que te dice “es esto, es por aquí” y cuando forzas algo por lo general te das cuenta. Probablemente por toda esta influencia que en estos últimos años he tenido escuchando más música de score y de ese mundo y haciéndola mucho en el estudio. Eso se coló a mi composición y me llevó a un lugar muy diferente.

Estoy divirtiéndome mucho en este proceso de hacer música. Estoy de cierta forma muy liberado por darme chance de hacer lo que se me antoje, por lo menos de mi lado. No sé qué tan fácil pueda ser marketear esto y conectar con la gente a través de un proyecto así. Por lo menos para la parte que me toca a mí, estoy muy divertido. Es como regresar a ser chavito a hacer locuras después de la escuela.

¿Qué te hizo hacer un nuevo proyecto musical además de los scores y Motel?
Lo hice porque sí. Porque yo vivo aquí en mi estudio y si no tengo algo específico que hacer, me pongo a componer. Esa es mi dinámica de trabajo. El proyecto se hizo porque me puse a crear y generé este grupo de canciones que me di cuenta que no cabían en el universo de Motel. Entonces dije "O las dejo aquí para que las escuche mi gente cercana cuando vengan en un ambiente muy privado o hago algo con ellas". Me atreví a abrir una nueva carrera dentro de mi camino que es un espacio como solista que me quiero dar para hacer mis expresiones más extremas y más raras y más artísticas sin presiones y sin ataduras.

“Luna” tiene que ver con Camino a Marte porque justo la compuse una semana antes de que me hablaran para preguntarme si quería hacer el score. Cuando la escribí, vi la película, que es medio ciencia ficción y drama, situada en Baja California y todas las tomas son muy contemplativas y hay muchas escenas en las que sale la luna. Les dije, “güey, está muy cabrón que la semana pasada escribí una canción que se llama ‘Luna’ y juega muy bien con lo que traen aquí.” A raíz de "Luna" tuve como un destapón de creatividad y salieron un grupo de canciones muy de ese planeta, que serán parte de un disco que estoy trabajando, que espero tener en los próximos meses ya completo, y se va a llamar Canciones de Cuna y Luna. Van en ese mood, con piano, cuerdas, cosas atmosféricas y electrónicas que apoyan. Es un grupo de canciones de menos decibeles y menos furia, un poco más para sentarse una tarde en tu casa y quieras bajarla un poco de intensidad a la vida.

Mi visión para el año que entra es que quiero juntar los mundos del score con el mundo nuevo que estoy descubriendo como cantante y unirlos en el escenario. Hacer una propuesta escénica con la que pueda jugar con esos dos mundos. Creo que van a jugar bonito.

¿Crees que sin Motel hayas podido llegar a hacer estos dos proyectos?
Es una buena pregunta. No creo que hubiera podido llegar con la fuerza y la serenidad con la que estoy llegando. Creo que también me ha ayudado la plataforma que es esa carrera. Motel se ha podido consolidar bien y ha superado la prueba del tiempo hasta ahora. Me ha ayudado a experimentar, componer, aprender, estar en los estudios y producir; creo que ha sido mi más grande escuela. Creo que también tenía que ir a ese extremo en el lado personal para querer perseguir el otro, que es el que estoy buscando. La necesidad de hacer arte, pensar en tu carrera como la de un artista que busca una obra especia, diferente y poderosa que un compositor que está buscando una canción para generar un éxito y poder arrancar una carrera. Son dos maneras distintas de tomar tus caminos.

¿Crees que haya cierto prejuicio siendo tú parte de Motel?
Han habido épocas en las que me han afectado más que en otras. Aunque el proyecto de Motel ha sido muy popero en el sentido de cómo salió, cómo conectaron las canciones y el público que se acercó a nosotros, tú sabes quién eres al final y todo el trabajo que viene detrás, tú sabes que tocaste todos los instrumentos, que compusiste todas las rolas. Esta línea muy delgada entre que sentir que todo lo que viene del pop es prefabricado está equivocada. En un principio me afectó mucho pero con los años te serenas y como que aprendes a aguantar un poco más la crítica. Ahorita estoy completamente consciente de que el punto de vista sea ese, pero siento que no tengo de otra. Lo único que puedo hacer es sacar mi música y seguir en esta dirección y ojalá que de pronto haya gente que piensa que de entrada no por lo que representa mi nombre o mi trayectoria; en una de esas no lo escuchan pero qué tal que en una de esas lo escuchan y encuentran algo que les gusta. No lo sé.

Me da la impresión que ha cambiando mucho el público en México y es más abierto que antes. Por ejemplo, tocamos con Motel en el festival Pa’l Norte. Yo no me imaginé nunca que nos iban a llamar y nos recibieron increíble. Justo el otro día tuve una entrevista con un medio de Monterrey y me preguntaron por Motel y me dijeron que fuimos de los que mejor nos fue. Siento que igual con el paso del tiempo y la trayectoria…

¿Qué me dices de los fans de Motel? ¿Crees que les gustará tu nueva faceta?
También estoy algo sensible con ese rollo porque no sé qué va a pasar. Sé que muchos fans se darán el tiempo para escucharlo pero no sé cuánto tiempo tardará en conectar con ellos otra vez. Es una cosa riesgosa lo que estoy decidiendo presentar. Pero es lo que es. También es importante comunicar a los fans de Motel que no ha acabado la banda; esto va en paralelo. Va a ser una cosa muy interesante ver quién se va a subir al proyecto.

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