Lentamente, Blood Orange ha construido un canon extraordinario

Hoy se estrenó ‘Negro Swan’, otro paso sólido en la creación de un universo musical en el que este cantante y productor ha invertido años.

por Daisy Jones; ilustración de Esme Blegvad
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24 agosto 2018, 7:24pm

Este artículo se publicó originalmente en Noisey UK.

La primera vez que vi a Dev Hynes fue en una tarde soleada a fines de la década pasada. Estaba caminando por Brick Lane, en el este de Londres, con una guitarra a la espalda, gafas grandes de pasta gruesa con micas transparentes, y su cabello recogido como a la mitad, en ese estilo tan dramático que amaban los muchachos en MySpace. Según recuerdo, se dirigía a Rough Trade para tocar bajo su, en ese entonces, nuevo nombre de Lightspeed Champion. Test Icicles, la banda de thrash-dance-punk por la que se había hecho famoso, se había separado el año anterior. En ese momento tocaba canciones indie acústicas con guitarra alegres y letras que hablaban del amor perdido, de crecer y de escuchar crunk.

La segunda vez que lo vi fue como cinco años después, en The 100 Club. Las gafas de pasta habían desaparecido, reemplazadas por un chaleco, una cadena de oro y una dad cap. Toda la torpeza de sus veinte años parecía haberse ido también, o al menos se veía así en el escenario, donde ya no estaba encorvado y escondido debajo de un flequito gigante, sino que daba vueltas con el micrófono y movía sus caderas bailando. Para ese momento, Dev estaba haciendo tracks de sintetizadores con sonido ochentero bajo el nombre Blood Orange, claramente ahora más en los ritmos funk y de electrónica que en acordes de punk o de folk-pop acústicos.

Incluso dentro de Blood Orange, Dev ha habitado varias pieles. Coastal Grooves, su debut de 2011 bajo el alias, fue un ensayo de guitarras clandestinas color neón, a la mitad entre el sonido de Nueva York a principios de los 80 y lo que Bloc Party podría haber lanzado después de A Weekend in the City. En su segundo álbum del 2013, Cupid Deluxe, Blood Orange se volvió aún más pulcro y más refinado, y entregó una colección cristalina de sintes suaves como mantequilla en la sartén, con bases de funk afrofuturista y delicado. Y luego estuvo su último álbum, Freetown Sound, una extensa reflexión sobre la raza y la sexualidad que también fue una celebración del pop, con una propuesta alejada galaxias de los días en los que solía gemir "One more time! Another line! en una banda de punk.

Hoy, Blood Orange está de estreno con su cuarto álbum, Negro Swan, y sigue esa misma trayectoria. Suena refrescante, pero sigue siendo muy suyo: puedes escuchar suaves sintetizadores ochenteros como en álbumes anteriores (la abridora "Orlando" se desliza como crema chantillí en una cuchara de plata), y el tono familiar y conmovedor de su voz (tracks como "Saint" y "Charcoal Baby" sirven para recordar que Hynes es un vocalista excepcional). Incluso las letras, —que hablan de la noche, la vida en la ciudad, el amor romántico, la política racial y lo queer, de una manera en la que todos los temas se entrelazan—, son típicas de lo que hemos llegado a esperar de Blood Orange. Siempre escribe como si estuviera proyectando una película en la mente del escucha: cada canción brilla como coches que pasan en la autopista de una ciudad de noche. No tienen que decirte que es sinestésico, vaya, se siente en su sonido.

Y sin embargo, Negro Swan —que cuenta con colabos de A$AP Rocky, Ian Isiah, Tei Shi, Georgia Anne Muldrow, Steve Lacy, Janet Mock y Puff Daddy— no se parece a nada que Blood Orange haya hecho antes. Mientras que los álbumes anteriores estaban llenos de coros brillosos e himnos emocionales para la pista de baile, este ocupa una paleta de colores totalmente distinta: es más oscuro, más triste e introspectivo, e incluso sus momentos más alegres son compensados por haber tenido que atravesar un trauma para alcanzarlos. "Mi último álbum es una mirada honesta a los rincones de la existencia negra, y las ansiedades continuas de las personas homosexuales/de color", escribió Hynes en un comunicado de prensa. Básicamente, estas canciones no son para cuando haces una fiesta en tu casa: son gemas delicadas que merecen un espacio para respirar. En lugar de estar empapado de color, este álbum está salpicado por luz de luna.

Dev Hynes debería ser reconocido por lo que es: un autor. Puede que haya comenzado como un chico indie más, en un mar de bandas con pantalones H & M de colores primarios, pero con cada nuevo lanzamiento su visión ha florecido, y su distintivo sonido se ha vuelto cada vez más hermético. Escucha su producción para otros artistas (Solange, Carly Rae Jepsen, Sky Ferreira), o bien su etéreo y rosado score para la película de Gia Coppola de 2013 Palo Alto, y vas a notar su sello también. En otras palabras: durante la última década más o menos, Dev ha construido lentamente un universo musical, un espacio de 360 grados, que siempre está evolucionando, pero que le pertenece solo a él.

Negro Swan bien podría ser el proyecto más completo de Hynes hasta la fecha. Como Blond(e) de Frank Ocean, o Flower Boy de Tyler, The Creator, o Melodrama de Lorde, este es el tipo de disco sobre el que es difícil escribir después haberlo escuchado una vez. Tienes que tenerlo a la mano por un tiempo más largo, luego sostenerlo ante la luz y observarlo desde diferentes ángulos. Lo más importante es que ha consolidado a Hynes como la potencia creativa que siempre ha sido, quien ha pintado un nuevo paisaje, a partir de voces dulces y espesas, sintetizadores brillantes, y letras que significan algo. Ahora, entremos todos.

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