Desde Buenos Aires, 5 productores imperdibles de electrónica experimental

Música compleja con una recesión económica de fondo.

|
ago. 1 2018, 9:35pm

Manija, chispazos eléctricos. Compresión, rarefacción, longitud de onda, muestreos, distorsión y delays. Bailes tranquilos, desencajados, transpiración, aullidos, ruido blanco y sets A/V. Sororidad, amistad, algoritmos, controladores, síntesis modular, walkman, computadoras, 8-bit y máquinas hechas a mano. Fiestas de dirección por mensaje vía inbox en una Buenos Aires ahogada en la recesión económica.

Con ese marco y tales herramientas, la escena subterránea de electrónica experimental de la capital argentina mantiene la ebullición tan identitaria como distópica. Así se resignifican la música ambient, dance, noise, juke y ritmos latinos en el encuentro interpersonal y con el baile.

Lo mejor de la música urbana actual estrujando digitalmente sonidos de la calle, de las sierras, del agua o de una olla de cocina. Te presentamos 5 productores de la escena electrónica alternativa de Buenos Aires que no se te pueden escapar.

Rrayen

Maia Koenig hace música con su Game Boy y con generadores de ruido y mixers construidos por ella misma. Agitadora/organizadora del ciclo Feminoise, Maia lleva adelante Sister Triangla Records, por donde edita compilados que congregan chicas ruidosas de Latinoamérica. Su más reciente, el tremendo Canciones de Mujeres Argentinas, reúne verdaderas perlas de creadoras atravesadas por “amistades, sonrisas sonoras y sororas”.

Rrayen fue convocada desde Montreal, Canadá, para ser parte del line up de Mutek 2018. “Lo peculiar es sentirme viva cada vez que pierdo el control en el ruido blanco, y el sonido se transforma en canalización” entiende. Y sigue: “Nadie sabe, ni siquiera yo, qué va a pasar o cómo se desencadenará la ruptura del propio imaginario”.

Como una rave ocurriendo dentro de un videojuego de los 80, su música 8-bitera carga “lo imprevisible como modo de existencia”, replicando “un fruto energético que nunca nadie probó”.

Astrosuka

Luego de una década viviendo en La Paz, Bolivia, el ruso Sergey Kolesov se instaló en Buenos Aires en 2010. Desde entonces, el trabajo de su proyecto Astrosuka lo llevó a ser miembro fundador de TRRUENO, un colectivo de artes experimentales del cual es responsable de la imagen y del manejo del sello.

En una coproducción de TRRUENO y el sello de Shanghai Genome 6.66Mbp, Sergey acaba de editar Astrosuka, un EP de seis tracks pesados en procesamientos algorítmicos que generan paisajes caóticos como de un futuro distópico donde la carne humana es una aleación más. “Mi idea era armar temas que tengan beat y sean adaptables a una situación de baile, pero a la vez mandar mis bizarreadas de siempre”, sincera.

La creación de esos ruidos digitalmente inquietantes es parte de un proceso bien artesanal: “Creo que hay énfasis en el diseño sonoro con grabaciones medio fisura: grabé muchas chapas, objetos de metal que excitaba de diferentes maneras para poder usarlos como percusiones o como elementos melódicos; todo a partir de un mismo objeto. Eso lo reforzaba con síntesis para darle un toque más de alta definición. O sea, la parte estética está armada con chapas, y el refuerzo es con sintes y cosas puntuales”.

Sergey cuenta que jugó mucho con voces y acapellas, grabaciones de amigos, de Tati Heuman y Agus Genoud, y un par de acapellas de canciones poperas mainstream. “Lo que hacía era samplear esas voces, chopearlas por sílabas y tocarlas como un instrumento. Rearmé lo que decía la letra, y daba la sensación de decir palabras, pero es como un lenguaje desarmado. Quería que sea bastante manija y melódico y medio emotivo también”.

Yoto

En Córdoba, una de las provincias más grandes y pobladas de Argentina, además de esa tonada súper reconocible, está calado en sus habitantes el sonido de la “R” como una “sh”, y que en Buenos Aires puede sentirse como la fonética de la “y”. Así, las sierras son “las sieyas”; Rambo es “Yambo”; arruinado se dice “ayuinado”. En ese sentido, el cordobés Ignacio Sandoval es Yoto.

Salta, corre, deambula enérgico de un lado a otro, mientras sus bases se expanden y retuercen igual que él. “Cuando descubrí hacer collages con samples fue como si se me hubieran desempañado las ventanas de la imaginación por la cantidad de cosas posibles que se me venían a la mente para hacer”, explica.

Nacho, como le dicen, ejecuta sus instrumentos favoritos: la voz, la batería y la guitarra, en ese orden de preferencia, deformando todo con alteraciones de pitch y efectos: “Armo cosas con ruidos, golpes y muchos instrumentos metálicos de cocina, donde estoy seguido porque amo cocinar. Ahora sumé una (Akai) MPC donde puedo meter desde sonidos de vinilos, de YouTube y sobretodo muchas baterías que había grabado en estudios, y que me terminaron funcionando re bien”.

Habiendo editado por Abyss, el sello especializado en juke latinoamericano, Nacho concibe sus creaciones como una hermosa ensalada experimental. “Cuando surgió tocar en vivo, metí la voz y el cuerpo explorando el mundo de la intervención con el público y las coreografías espásticas, por lo cual estoy teniendo que entrenar para no morir en vivo. Quedo siempre yoto (risas)”.

Minicomponente

Los climas sonoros que la compositora y multiinstrumentista Paula Acuña confecciona en su proyecto Minicomponente irradian una energía onírica y sanadora. “Trato de escuchar con todo el cuerpo y buscar sonidos que generen empatía, tranquilidad y que permitan relajar”, cuenta la artista sonora con base en Adrogué, al sur del conurbano bonaerense.

Armada de un teclado, un walkman, un pedal de loop, delay y reverb, Paula bucea en una música ambient colmada de pequeños detalles: “Los encuentro y los dejo sonar hasta lograr un momento claro en el que, a partir de la consciencia cotidiana, accedo a otro lugar mucho más especial, alterado, de conexión. Ese momento es curativo, yo he sanado por medio de las frecuencias y quisiera que los demás también lo sientan”.

Paula ha editado de manera independiente y a través del sello Pakapi, dónde también coló material de su alias más pesado, Lota. En cuanto a lo que le atrae escuchar y sentir de su trabajo, resuelve: “Me gusta ir hacia lo hondo, donde están los recuerdos, o el dolor, pero para liberarlos, no para quedarme allí”.

Shis Unusual

Micaela Pérez vuelve de dar una clase de síntesis sonora en Balcarce, a más de 400 kilómetros de Buenos Aires, y durante el viaje usa el Paint para dibujar un pianito tumba que funcionará como sequencer en Pure Data.

Licenciada en artes electrónicas, ha sido parte del combo Tildaflipers, se ha presentado como Mica Ruido con un set de juguetes intervenidos, generadores de onda y sintetizadores hechos por ella, y su más reciente alias es Shis Unusual: "un proyecto ruidista industrial bailable dedicado a la fabricación de ritmos y sonidos mediante la utilización de instrumentos auto construidos".

Así lo siente: “En lo que hago me gusta encontrar otras músicas, ruido, estructuras arquitectónicas geométricas, programación, teoría de circuitos, luces de neón, baile, conurbano, frames frizados de algún fílmico o pedazos de libros que leí y que sólo entendí al pasar el tiempo, cumpleaños, ramen, procesamiento, paisajes rurales, fábricas abandonadas, centrales nucleares y todo tipo de objetos industriales; un montón de cosas que reflejan lo que siento que soy: un amontonamiento de data hermosa inolvidable”.

Bajo un ritmo no lineal donde el arte no es más que hacer indiscutiblemente todos los días, Mica encuentra fascinación y emoción en el oficio diario de creación. “Me encuentro a mí misma rendida, encandilada y sorprendida ante el aprendizaje en general. Así como hago, hablo; como hablo, me visto; como me visto, pienso; como pienso, siento; como siento, soy; y como soy, sueno. Cuando entendés que el arte está en el ser y hacer todos los días, y que eso es gratis, no existe la frustración. Y cuando la frustración no existe, me gusta pensar que la música que construís es libre. En conclusión, me gusta la música libre y eso es todo lo que intento hacer”.

Conéctate con Thump en Facebook.