Foto por Shawn Brackbill

Beach House y su inagotable genialidad

Luego de 30 años y siete álbumes, platicamos con el dúo de Baltimore sobre la inmortalidad del arte, el estado mundial y la neta, cosas insólitas.

por Ryan Bassil; traducido por Elvira Rosales
|
04 mayo 2018, 5:01pm

Foto por Shawn Brackbill

Llegan y se van tantas bandas. O para ser específico, muchos grupos que se formaron a finales de la década de 2000 y principios de 2010 se han convertido en polvo. Algunos solistas siguen rifándose: Toro Y Moi, Grimes, Blood Orange. ¿Pero bandas? Muchas desaparecen luego de sus primeros discos, apenas capaces de hacer un single exitoso entre el público urbano para el verano. Otros hacen un tercer álbum apenas soportable para continuar el éxito de los primeros dos. Algunos anormales han permanecido y evolucionado, mira a Tame Impala o The Horrors. Pero aún así —dejando de lado los detalles— no son Beach House. El dúo de Baltimore es especial, tal vez hasta únicos en su tipo; nadie puede negar que son geniales. Y luego de siete álbumes (¡siete!) no han bajado el ritmo.

“Esta no es nuestra primera vez”, bromea Victoria Legrand con una sonrisa, acomodándose para su primera entrevista desde que lanzaron Thank Your Lucky Stars hace tres años. Nos encontramos en Bethnal Green Town Hall, un hotel en el este de Londres, donde se detuvieron para pasear —una noche, un día y de regreso a Baltimore—. Es un lugar extraño: una locación opulenta y aún así barata para hacer una entrevista, donde un oso disecado cubierto con cachemira se cierne sobre la habitación en donde estamos cenando. La decoración hace reír a Alex Scally, quien completa el grupo, mientras esperamos nuestras bebidas. Al principio se veían nerviosos; yo también lo estoy, Beach House son famosos por odiar a la prensa. Pero en cuanto el café fluye por sus sistemas, es momento de empezar. Contradiciendo las connotaciones estereotípicas de estar vestido de negro de pies a cabeza, ellos son cálidos, abiertos y alegres cuando hablan sobre su obra.

Este mes lanzan su séptimo álbum, 7. Dado que Beach House se formó en 2005, es un logro notable. Pero bueno, la lista de tracks de la banda es impecable. En donde otros grupos de su era tropezaron, Beach House avanzó siempre, evolucionando con cada álbum. Su debut homónimo de 2006 podría considerarse dream-pop — “Master of None” es como la recapitulación de una fiesta—, pero desde entonces han construido más su sonido. Su quinto álbum, Depression Cherry (2015), presentó un tono más pesado pero real y dignificado, mientras que su sucesor, Thank Your Lucky Stars —lanzado sólo seis meses después—, existe como la hermanita rara que fuma y baila a la luz de la luna. Este disco, dicen, fue creado de manera natural como una reacción a la agitación social de 2016/17, pero también como un proceso de renacimiento y rejuvenecimiento; una forma de comenzar desde cero luego de limpiar el clóset con el álbum B-Sides and Rarities (2017).

Esta vez, Beach House renunció a los viejos métodos. Primero, convirtieron su espacio de práctica —una bodega de 84 metros cuadrados con piso de madera y vigas de 4 metros— en un estudio casero. Las piezas físicas de su carrera descansan ahí: las piezas que conforman los cimientos de su sonido, teclados, pedales y sets antiguos. Todos los discos de Beach House tienen canciones que no tocan en vivo (como: “Home Again” de Devotion), pero decidieron no limitar sus tracks para el público en vivo específicamente en 7. El resultado: algunas canciones no tienen teclados, otras no tienen guitarras o contienen tantos layers que no pueden recrearse fuera de un estudio; en donde se les unió el antiguo miembro de Spacemen 3, Pete Kember, así como el baterista itinerario, James Barone. Y todo lo escribieron instintivamente. Escogieron las herramientas creativas o las dejaron de lado dependiendo de una conexión musical indescriptible que ha durado por más de una década.

Aunque Victoria dice que existen diferencias —algo refrescante—, hay un nivel de creatividad casi telepática que mantienen la evolución de Alex y ella. “La cercanía en general, eso es lo que sigue evolucionando”, dice. “Creo que en cualquier sociedad —amistad, romance, trabajo, lo que sea— no hay límite de la cercanía. Me parece que la intimidad no es sólo una cuestión romántica, es conocer a alguien. Es algo que sigue agudizándose”. Pausa. “Y eso es sorprendente. Conoces a alguien por más de diez años y sigues encontrando detalles nuevos que nunca habías notado antes o cosas que intentabas esconder, por fin salen”.

Una parte de envejecer, dicen, —y escribir un séptimo disco— es saber no caer en los mismos errores. “Cuando eres más joven y sigues averiguando cómo funcionan las cosas, pasas demasiadas horas analizando, palabras gastadas y peleas. Y conforme te haces viejo, ves esas errores y ya no los cometes”, explica Victoria, acentuando la parte final de su oración. De manera que, en esencia, ¿dices al carajo? “Exacto, al carajo. Y es la mejor parte de ser viejo: ese ‘al carajo’. Hay mucho de esa sensación de mandar todo al carajo en este álbum, y en general en la forma en que trabajamos”.

Y así, 7 al carajo. Más que cualquier otra cosa de ellos, este disco tiene un enfoque político. En el material de prensa para el álbum, Beach House dice “La discusión alrededor de los problemas femeninos fueron fuente constante de inspiración y cuestionamientos. La energía, las letras y el ánimo de este récord creció a través de reflexiones sobre los roles, las presiones y las condiciones que nuestra sociedad impone a las mujeres, en el pasado y el presente”. Mira y verás a la banda en una de las marchas a favor de las mujeres en enero, cuando empezaron a grabar 7. O checa el arte del álbum (arriba), un collage de estilo sesentero en el que, para el lanzamiento del vinilo, incluye una lámina tornasol en el centro del rostro de una mujer, un espectro brillante que refleja la luz en una composición mayoritariamente blanco y negro.

El diseño artístico solo es una descripción acertada de los temas en 7. Desde la caótica y electrizante apertura de “Dark Spring” hasta la calma consoladora de los últimos tracks del álbum (quizá su máximo triunvirato de canciones hasta ahora), es un disco dualista, torcido riesgoso y perfecto. Si los presionas al respecto, la pareja preferirá no mezclar asuntos personales con la música, o hablar sobre la inspiración detrás de cada canción; prefieren que el disco recobre su propia vida, “desafiando una especie de verdad pesada” que la audiencia puede percibir de manera propia. Eso no quiere decir que no estén dispuestos. En cuanto se toca el tema de política, ambos se enfrascan, hablando por encima del otro y añadiendo sus propios puntos de vista. Por ejemplo:

Alex: “Creo que todos se volvieron adictos a las noticias a lo largo de todo el año, yo mismo he leído más que nunca. Es algo ya casi insano; creo que nos estamos haciendo conscientes de la confusión y desinformación que las redes sociales desatan en el mundo de diferentes formas. Para mí, esta etapa de mi vida es donde ha estado más palpable una sensación de conmoción, intranquilidad e incertidumbre”.

Victoria: “...oscuridad.”

Alex: “Como despertar en una dimensión extraña. Es horrible, estimulante, extraño...”

Victoria: “... psicodélico”.

Alex: “Y en definitiva ha infectado a todos. Es imposible negarlo. Ha aumentado. Conozco a personas que no le prestan mucha atención y sólo puedo pensar, ‘Debes prestarle atención, estamos experimentando algo aquí’.”

Victoria: “... es un cambio muy importante”.

Para intervenir aquí yo mismo, es verdad. En términos de cultura, política e incluso la deconstrucción del ser, existe una sensación de inseguridad: un sentimiento de que hemos llegado tan lejos para irnos sin nada; y aún así, al mismo tiempo, un cambio dramático está ocurriendo. La estrella más grande de la cultura popular —el Kanye West que usaba camisas rosas, el predicador de Chicago— ha entrado tan rápido en un agujero espacio-temporal que incluso sus discípulos más devotos empezaron a dudar de él. Las charlas en bares sobre relaciones, rumores y celos pueden convertirse en temas esotéricos rápidamente; los pensamientos que escondemos en lo más profundo gritan al unísono ¿qué chingados está pasando? Mientras buscamos en colectivo las respuestas.

El álbum 7 de Beach House respira este mundo. “Estoy emocionada por los jóvenes. Es bueno pelear”, dice Victoria. Y no todo es malo. Al principio de nuestra conversación, acerca de cómo el 2017 fue el año en que varios poderosos cayeron de sus pedestales aparentemente impenetrables, Alex mencionó una diferencia generacional: nosotros frente a los llamados librepensadores del pasado. “Muchas personas de los 60 tienen una actitud ridícula” —pone una voz drogada como en Woodstock— “‘en verdad hacíamos cosas en ese entonces’. No claro que no, eran peores. Ahora está pasando lo mismo, pero nosotros sí estamos arreglando las cosas. Tuvieron su revolución sexual, pero no significó que hubiera salarios justos para ambos sexos”.

Mientras disertamos sobre estos aspectos actuales del mundo, dice Victoria que siente una violencia energética como si alguien agitara las cosas arriba y abajo; esa es una pieza clave de este disco. Cuando le menciono los elementos oscuros y claros que se estiran y se aflojan a lo largo de los singles como “Lemon Glow", dice: “En 7, para mí, existe una fuerza. Y no es débil. Y no es pequeña. No es femenina ni masculina. Es una encarnación de la energía y creo que eso es lo que sentíamos como humanos en un nivel muy básico, en nuestra vida; yo como mujer, atravesar los cambios constantes y analizar… son tantos detalles que se unieron para convertirse en un álbum”. Los procesos de escritura y grabación para este nuevo álbum ni siquiera estaban planeados, entre risas Victoria lo describió como un “embarazo no deseado” y un “milagro feliz”. En algún punto, se quedó pensando “cómo ha sido cada disco, ‘¿Crees que haremos un álbum nuevo?’ Y siempre pasa que sí. ¿Es el destino, el sino, magia? No lo sé”.

En persona, Victoria y Alex se ven como seres intuitivos, casi espirituales. Más allá de las ideas sobre la energía, el destino y el sino, me cuentan sobre las cosas extrañas que les han pasado a lo largo de su carrera. Sobre parientes lejanos que se conocieron en los años 60 y 70 mucho antes de que el dúo se conociera en Baltimore, a pesar de que Victoria había crecido en Francia. Sobre la primera letra de sus primeros seis álbumes que está secuenciada ( B each House, D evotion, T een Dream, B loom, D epression Cherry, T hank Your Lucky Stars; BDTBDT; según ellos es coincidencia pero sigue siendo una teoría importante entre los fans). Y sobre 7, el título del disco es un número que, si crees en la numerología, representa al “pensador, al buscador de la verdad”; la idea de que nada es lo que parece se relaciona con los temas caóticos y contradictorios del álbum, las ilusiones del diseño artístico que precedieron su lanzamiento y el número recurrente en el proceso de escritura.

Por ejemplo, la canción “L’Inconnue”. Es la primera vez que Victoria canta en francés y hace una cuenta progresiva del uno al siete. “¿Podemos mencionar la máscara de la muerte?” Alex le pregunta a Victoria, refiriéndose a L'Inconnue de la Seine , una pieza de arte que se convirtió en un accesorio en las casas de los artistas durante los 40, 50 y 60; se supone que es la recreación del rostro de una mujer que se ahogó en el río parisino a principios del siglo XX. “No se trata de eso en específico”, dice Victoria, y aún así la letra de la canción hace referencia al Sena, a una niña que debía ser amada e incluye la palabra ‘l’inconnue’ (en español: ‘la desconocida’). Escribieron los versos antes de que Victoria escuchara sobre L’Inconnue de la Seine y describe la conexión como “otra cosa extraña y misteriosa”.

Y también está Edie Sedgwick, una inspiración más detrás del disco, quien resulta ser la séptima hija de su familia. A lo largo del proceso hubo pequeños detalles que, si Beach House no pensara llamar al álbum 7, el universo estaría en contra. “Y estamos muy abiertos a eso. En especial creo en ciertas señales y cosas así”, dice Victoria, en este momento terminó su café. Incluso la última canción de 7, su séptimo álbum, dura exactamente siete minutos; algo que apenas notaron cuando lo mencioné. Y así, considerando este giro casi metafísico en nuestra conversación, no puedo evitar preguntarles… ¿Creen que escribir música es un proceso espiritual, o me estoy proyectando?

Victoria: “Sí”.

¿Me estoy proyectando?

“No, no, no”, se ríe, “siento que lo espiritual y lo físico están unidos, son uno”. Incluso hay una extraña sincronía en nuestra conversación. Esa mañana —antes de hablar con Beach House o saber que había sido una fuente de inspiración— había estado pensando en Edie Sedgwick y su supuesto ex, Bob Dylan. “Sad Eyed Lady of the Lowlands” cambió la vida de Alex; estaba “enamorado” de la letra, la sensación. Mientras tanto una de las canciones favoritas de Dylan de Victoria es “Wigwam”. Le gusta el diseño artístico del disco, y lo poco convencional que es. “Me gusta cuando un artista piensa ‘Al carajo’”, dice. “Siempre he resonado hacia esa energía con las personas. Me gusta seguro. Y es el espíritu de Géminis, supongo. Soy Géminis. Cuando alguien te encajona, reaccionas diciendo ‘Vete al carajo, no me pinches conoces’”.

Photo credit: Shawn Brackbill

Habiendo dicho esto, la gente encajona y seguirá encajonando a Beach House. A pesar de las variaciones tonales del álbum —el volumen más alto, la espesura— la audiencia casual sostendrá la idea de que cualquier disco de Beach House suena igual. En este punto Alex y Victoria responden con pasión. “Es como un disparo en la oscuridad”, dice Alex, “Creo que somos una banda para que la gente se adentre en serio. No digo que la gente debería volverse fanática en serio, sólo hablo por las obsesiones musicales que he tenido en mi vida, creo que no comprendes las canciones y sus diferencias en serio hasta que te enfocas en la banda”. Se refiere a My Bloody Valentine y cómo, aunque no crea que Beach House haga algo remotamente parecido al icónico Loveless, los matices del catálogo de Beach House podrían beneficiar a la audiencia fiel. “ Loveless es un disco que la primera vez que lo escuchas piensas, ‘Oh, parece una hora del mismo sonido’, pero entre más lo escuchas y escuchas, cada composición se hace más audaz en sí misma”.

Victoria tiene otra teoría. “Como no estamos viviéndolo, para nosotros no es posible que cada disco sea igual. Sería devastador si lo fuera. O sea —*pone un tono de confusión*— “Entonces, ¿no cambié nada?’’ *apenas pasa un segundo antes de que añada* “‘Imposible’. Y es imposible, porque todo el mundo cambia”. Aún así, a pesar de ser apasionados, vale la pena mencionar que Beach House también son indiferentes a este tema. Ambas citas las dijeron con una sonrisa; sabiendo que es algo que sucede en la industria desde hace más de una década, y Victoria cree que tienen menos deseos de analizarlo ahora que son mayores. Dejar ir. Otra vez: "Al carajo".

Además, esa no es la razón por la que hacen música. Lo hacen porque —desde mi punto de vista— están dentro del panteón de los grandes actos de guitarra, cuya música existirá en las disqueras por siempre. Se pueden comparar con algunos de los músicos sobre los que hablamos en la entrevista (The Doors, T-Rex y Built to Spill se unieron a los ya mencionados Bob Dylan y My Bloody Valentine) y otros que no dijimos (Cocteau Twins, Slowdive, Smashing Pumpkins en sus inicios), pero todos compusieron música que parece extenderse mucho más allá de los límites del tiempo.

“Y esa es la parte bella del asunto”, dice Victoria, explicando por qué siguen grabando como Beach House. Prefiere hablar, impulsiva, sobre los grandes aspectos del significado de crear arte que pueden tener un efecto duradero en la vida de alguien; en la gente que, según Alex, escriben a Beach House y dicen que su música los sanó, funcionó como terapia o incluso los ayuda a dormir.

Esta entrevista y momento, dice Victoria, “es el comienzo de nosotros abriéndonos a otras personas. A diferencia de una pintura colgada en la pared, que físicamente no es tuya porque alguien más la compró y puede hacer lo que quiera con ella —pueden golpearla (bromea Alex)—, la música es invisible. Resuena y muta en el cuerpo o mente de las personas, y así funciona este increíble proceso de lo que acabas de hacer”. Es una entidad viva que respira, existe y crece con el tiempo, ¿no? “Sí, para nosotros, debería aliviar la presión. Y creo que ese es el momento más emocionante: cuando la música comienza a hacer cosas en las personas y ya no nos pertenece”.

Puedes encontrar a Ryan en Twitter.