anécdotas

Quizá el modelaje es lo tuyo: conociendo a Double Dee

Double Dee es uno de los raperos más chidos del centro de México. Checa este retrato a profundidad sobre su persona y su música.

Adrián Román


Irving Cabello, todas las fotos

Este bato chaparrito, pero aferrado y loco, como los cocker spaniel, armaba los racks de las naves industriales. Allá en un puto pueblo donde no había ni verga. Sólo alcohol. Eso era lo único con lo que podías matar la aburrición. Le pagaban las comidas y el hospedaje. Aquel lugar se encuentra perdido en los territorios de Guanajuato. Y ahí trabajó varios meses, como ocho quizás.

A donde va lleva su lap y su micro. Quiere hacer lo que le gusta, a donde sea que vaya. Durante los meses en los que trabajó en ese lugar, volvía a casa con el alma hecha jirones, sin siquiera el ánimo suficiente para seguir respirando. Pedía que sólo le pagaran la mitad de su sueldo y que la restante se la guardaran. Tenía un sueño, por eso le chingaba diario. Y no se desesperaba cuando el cansancio volvía a tumbarlo sin que hubiera grabado nada. Un día habría tiempo.

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No vale verga irte a trabajar. No vale verga. Ese fue su pensamiento recurrente cuando vio sus manos y bolsillos vacíos. El motor para aguantar tanta mierda de ese horrendo trabajo era el dinero. El maldito y sucio dinero. Esa extraña cosa que tanto nos altera el alma. Apretó los puños de coraje, aflojó los dedos, se miró las palmas. No podía creerlo. Algo debía estar mal. Sus manos seguían vacías. Pinches tiras hijos de puta.

Lo sacaron de los separos y lo regresaron a la patrulla. Él no tenía pedo. Él se la podía tragar solito. Total, sólo se trataba de un churro. Uno, dos días encerrado. Nel, no había tanto pedo. Pero cuando el comandante abrió la guantera de su auto para enseñarle una bolsa llena de cuanta madre: coca, piedra, tracas, y otros polvos y pastillas extrañas, además de un buen guato de mota, su pensamiento cambió.

Ese mismo día recibió el pago que ahorró durante su estancia laboral en la tierra de José Alfredo. Estaba recargado en un parabús. Pinche micro no pasaba. Estaba con sus vales afuera de un Vips. Dee cree que le pusieron un dedo. Llegaron varias trullas sobres con ellos. No había nadie más a varios metros alrededor. Lo revisó un tira, no le encontró nada. El churro estaba escondido en una de las bolsas de su pantalón, una pequeña detrás del muslo.

Ya casi la iba a librar.

Pero nel. El pinche comandante tenía un colmillo largo. Largo y retorcido. Lleno de sarro, pestilente y filoso. ¿A éste ya lo revisaron? Preguntó. Ya, le dijeron. No, éste güey la trae. Se te ve la yerba en la cara. Dee confesó que sí, y que estaba dispuesto a negociar. Les ofreció trecientos. Le dijeron que eran muchos. No iba a alcanzar. Pues llévame. Pues vámonos.

Háblales a tus jefes, le sugirió el policía. Fueron dos horas y media de paseo. Lo volteaba a ver, le palmeaba la rodilla. ¿A poco si te vas a comer esa broncota? No, pues mis jefes no me van a tirar paro. Y llegaron a los separos. Cuando lo sacaron le dieron un celular, le dijeron: Háblale a quien le vayas a tirar esquina. No, pues si yo sólo traía un churro, cuál broncota. Entonces apareció la bolsa.

Te tocó perder gacho hoy, mi chavo, te agarró el convoy. Le dijo el poli mayor. Con sus relucientes colmillos que en ese momento brillaron, como el sable de un samurái. Yo soy el chido, dijo, pero me tengo que mochar con mis chavos también.

Era el varo para comprar su bocinas. Y se esfumó. A la verga, se iba a dedicar a lo que le gustaba. No volvería a trabajar. Hoy no vive con lujos, pero hace lo que quiere. Hoy su nombre es Double Dee o simplemente Dee y es uno de los raperos que más destaca en la escena mexicana.

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También fue moflero. A los diecisiete años. Y panteonero en el panteón francés de San Joaquín, llevaba agua, limpiaba tumbas y fumaba mota en las capillas. Trabajó en un call center, pero renunció, aventó la silla cuando el jefe lo atosigó. Ahí entrenan a la banda para que sea un robot. Ni siquiera regresó a cobrar los días trabajados. Su primera rola de rap la escribió alrededor de los dieciocho o diecinueve. Su experiencia laboral supera las fronteras. Llegó a Canadá a trabajar haciendo el aseo en un hotel en la montaña, era invierno y le iba bien. Cuando la nieve se fue el trabajó terminó.

"Pasados de copas", rola que grabó con su grupo Hood P, sirvió para que Snoop Dog les diera la bendición. Ai' nomas.

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Tiene una furia creativa que no descansa. Lleva tres discos en lo que va del 2016. Todos los días produce. Él edita, escribe, produce, masteriza sus rolas. No le gusta trabajar en estudio, prefiere su casa. Su momento de lucidez ocurre en la mañana, con un jugo y un churro. Así le saca provecho a sus mañanas. El hambre es la alarma, trabaja hasta que le da hambre. Bajonea y luego graba. No le gusta depender de que alguien más quiera trabajar o no. Todo lo hace él.

Su manera de concebir el trabajo es libre, no quiere predeterminar los temas. Escucha un beat, lo mixtepea, lo baja, se poncha un gallo, y comienza a hacer la canción. A través de un tarareo. Este año piensa llegar a los cinco discos publicados. A todos sus mixtapes les llama: Mi música, Mi música volumen dos. Y así. Piensa seguir hasta el infinito.

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Hay mucho carnal, mucho pinche acá, que nada más les gusta la foto, el video, el yo soy la burguer. Pero no puedes llegar a esas alturas sin hacer lo que te va a dar el crédito, que es la música. Y está chido eso, también te la tienes que creer. Pero si haces más sesiones de fotos que música, algo anda mal contigo. A lo mejor no eres tan rapero. Quizá el modelaje es lo tuyo. Si te entusiasma más un llamado para hacer un video que meterte a la cabina, a lo mejor deberías buscar chamba de extra en las películas.

Hay gente que usa el rap para darse una identidad. Si les quitas el rap, ¿quiénes son? Quieren ser raperos toda su vida, aunque ya no rapeen. Porque no quieren volver a ser ordinarios. Mucha banda, aunque ya no publica música, no quieren decir que no son raperos por no perder esa supuesta identidad. Hay muchos que sólo aparentan. Postean fotos en el estudio. Yo nunca digo que estoy en el estudio porque yo grabo en mi casa. ¿A quién quiere engañar esa banda? A quien no los conoce solamente.

Tengo fe en lo que hago, y no es una fe basada en nada. Cuando yo comencé, si la banda te conocía era porque le dabas. No porque te youtubearan o te googlearan. Era porque le chingabas. Si alguien te conocía era porque la banda decía, a ese m'ijo ya lo he visto y la neta se rifa.

A mí me gusta hablar del momento, me gusta hablar de la mota, de lo que siento, es de mis temas favoritos. De la vida me gustan las mujeres. No me gusta hablar de cosas materiales en mis rolas, porque no las tengo, pero un día sucederá. Traeré un convertible con una ruca al lado, tres atrás, bebiendo champagne, y dándome unos pericazos.

No me gusta dar consejos a la banda, porque no soy su papá. Si dentro de lo que digo, te cae la perla, pues chido. Yo soy vocero de mi pedo. Yo no hago rolas sobre conflictos sociales.

Hay banda que tiene crisis postdisco. Como si fuera depresión postparto. A la verga. Yo escribo todos los días. Hay veces que siento que la rata se me muere, como que la perica traía raticida y mi rata está agonizando, pero luego revive.

postdata:

tres veces lo engañé. yo le mentí. le dije que lo entrevistaría y nada. nunca llegaba. la cita siempre era en el mismo lugar. el reven siempre me gana. pensé que ya no sucedería. pero una noche yo andaba perdido, como suelo andar, como perro sin casa o como perro que acaba de escapar de su casa y no sabe a dónde ir o uno que acaba de ser abandonado. a lo lejos vi a un grupo de hombres, me dio risa, parecía raperos en un círculo decidiendo a dónde irían. pasé a su lado. yo había decidido ir a reventar hasta que amaneciera, a donde fuera. pero a lo lejos reconocí una mata de pelo, claro: era yoga fire. jálate, negro. nunca sé decir que no. había en la mesa muchas chelas, todos eran raperos y comenzaron a improvisar, pero antes de eso encontré a dee, sentado con una chela en las manos. me abrazó. hablamos de las pinches casualidades nocturnas. el azufre atrae azufre. me contó que cuando era chavo daba el rol en el carro de su primo, dos años más chico. no se drogaba ni nada, sólo escuchaban música y rolaban. me contó cómo conoció a yoga y que a los dos meses ya tenían un grupo. nos despedimos al amanecer, diciendo que todo estaba bien, que con todo lo que habíamos platicado seguro quedaba la crónica, pero la neta al otro día no recordaba nada. tuvimos que vernos en una cantina del centro, en la india, para ser precisos. a ninguno de los dos nos gusta el clamato preparado.