Ruido Fest Chicago: La dualidad entre lo viejo y lo que está por venir en la música latina

Una crónica escrita, con todo y fotos y moraleja aprendida, de lo que sucedió en Chicago este fin de semana.

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jul. 12 2016, 2:58pm



todas las fotos, Carolina Sánchez

Existe una mezcla increíble de colores, sabores y sonidos que convergen en el corazón del Ruido Fest Chicago. La hermandad que nace en esta celebración es grande y quizás por eso, más que un festival de música es una fiesta de todas las cosas que podemos apreciar tanto de la música independiente hecha en América Latina, como de las viejas leyendas que decoraron en décadas anteriores los escenarios del continente.

Mientras que, por un lado, un joven de 20 años originario de Chihuahua se subía al escenario con su guitarra, música y buen humor, por el otro La Cuca reventaba en luces aquellos viejos temas que quizás para nosotros, suenen a billar de Villacoapa con 16 años encima y una gomichela (cuando el Rock en tu idioma todavía no terminaba de morir); sin embargo, para los latinos presentes en el Addams/Medill Park el pasado fin de semana, fue la oportunidad de ver a figuras que nos acompañaron durante toda la adolescencia en los audífonos.

Fue raro. Ruido Fest es una dualidad impresionante entre lo nuevo y lo viejo, donde los asistentes disfrutaron del presente, viajaron al pasado y tuvieron una clara mirada hacia el futuro.

Sin embargo, no podemos decir que todo en el Ruid Fest Chicago 2016 salió bien: no sabemos si por cuestiones relacionadas a los artistas, o por un tema de racismo en migración, pero múltiples actos no lograron llevar a cabo sus presentaciones, básicamente, porque no les fue permitido el paso en lo absoluto.

Pero vaya, es en estos momentos en los que uno descubre qué tanto quiere o no hacer las cosas, y pese a sólo llevar a dos integrantes de su banda, el Comisario Pantera decidió hacerle frente a un público de poco más de 300 personas que lo miró improvisar un set junto a Guido Colzani de Banda de Turistas, reemplazando a Piojo en la batería y medio llenando con las cuerdas de Darío y Markhinoz, el vacío que dejó Roger.

Y de nuevo, a pesar de esto, Comisario demostró que lo sabe hacer muy bien, demostrando lo absurdo de las críticas que suelen lanzarles, relacionadas a sus influencias y sonido.

Y mientras que los Comisarios sufrían, Helado Negro gozaba. Aquello de Roberto Carlos Lange fue increíblemente bien realizado: en un marco lírico, su música no sólo nos hace bailar y disfrutar del calor del día, sino que nos sumerge en un trance reflexivo en el que lo latino nos sale desde adentro generando una verdadera fiesta. Y eso fue lo que marcó al primer día del Ruido Fest.

Con viejos éxitos, esa actitud sin vergüenza y el increíble en vivo que siempre les ha caracterizado, Miranda dio seguimiento a la labor de Carlos Lange, enfocándose más en hacer cantar y bailar a la gente, que en presentar cosas nuevas o forzadamente llevarnos a su última producción.

Así, una vez que la fiesta había estallado y todos estábamos cercanos a perder la cabeza, Carla Morrison inyectó ese necesario toque de romanticismo y corazones rotos, en un show que llenó el cielo del Ruido Fest con manos levantadas y coros emotivos acompañando sus canciones.

Y pese a que tanto Helado Negro, Miranda, Morrison e incluso Gondwana y el IMS hicieron un delicioso trabajo para encender la llama latina en el corazón de los asistentes, debo decir que sin lugar a dudas Divino Niño (banda originaria de Chicago pero con raíces latinas), fue la joyita de todo el festival. Al menos del día uno.

Una base de rock clásico y western, mezclado con un toque de balada que se emociona y comienza a rayar en lo psicodélico, dan vida a las hermosas canciones de este conjunto que pese a dar la tirada de ser otra “Burger Band”, es verdaderamente un set de músicos perfectamente armados, que saben cómo, cuándo y dónde entrar al momento de hacer un show.

El día uno concluyó en fiestas en bares locales, departamentos y casas de estudiantes, y el día dos trajo consigo una fuerte dosis de ruido con Jenny & The Mexicats, Yokozuna, Vaya Futuro, Lng/SHT y La Maldita Vecindad.

Aún con problemas de migración, y una vibra muy extraña por lo acontecido en el primer día, Ruido Fest abrió sus puertas para iniciar la fiesta con Vaya Futuro presentando un poco de su Perro Verde y Triste.

Como parte de su gira por EEUU y México, los originarios de Tijuana lograron enamorar a buena parte del público presente que, honestamente, no los conocía, pero que conforme se desarrolló el show logró identificarse y apreciar el emotivo set.

Muy diferente a lo de Lng/SHT quien sin pelos en la lengua, pasó a hacer lo suyo tirando disparos a festivales como el Corona Capital, sus viejos amigos de Hello Seahorse! (que sí estaba más prendido acá que Hello Seahorse! En el Vive Latino, no pun intended), y amarrando un show lleno de Chicago Punk/rockers, que sabían apreciar el trabajo de este solitario que sin el apoyo de Cat y Wachadafunk, tuvo que valerse de Dromedarios Mágicos y Andrea Blumen.

Aunque Les Butcherettes, La Cuca y Sexy Zebras, no hicieron un mal trabajo al encender los escenarios, la corona de ese día se la tuvimos que dar completamente a Natalia LaFourcade que simplemente ofreció una de las presentaciones más poderosas de todas.

No se trata de la historia, ni de los músicos siquiera; lo de Natalia va más allá de un tema “pop” porque su música tiene un contenido social fuerte con el que la gente dentro y fuera del país, se identifica. “Hasta la raíz” toma un significado extra especial en Chicago. Estando fuera de México, junto a tantas personas cuyas situaciones son radicalmente diferentes, ese tipo de canciones hacen sentirnos a todos cerca de casa, y de todo lo que representa ser “mexicano” hoy en día.

Eso tiene un valor agregado. Va más allá de la música y Natalia LaFourcade logra expresarlo en cada una de sus canciones.

Pero regresando al cierre del día dos, todo fue muy suave y preciso. La Maldita armó una fiesta en la que incluso en el bakcstage el equipo de seguridad perdió la cabeza y se puso a bailar, aplicando viejos temas y éxitos que se corearon al calor de manos levantadas y cervezas volando, aunque si vamos a hablar de cervezas volando, Silverio definitivamente se coronó como el emperador de causar desastres en el escenario…

Eran las 13:00hrs en Chicago y por primera vez en 4 días, las nubes nos hicieron el favor de cubrirnos. Kelroy, un grupo de grunge local que parecía ser más un viejo recuerdo de una escena ya olvidada de su ciudad, abrió las puertas para que eventualmente el originario de Chihuahua, Dromedarios Mágicos, tomara su guitarra y se decidiera a dar hasta el momento, uno de los mejores shows que le hemos visto dar en mucho tiempo.

Improvisando chistes, ofreciendo ese melancólico toque de su última producción (Temporada EP), y bañando de humor y sarcasmo a su set completo, Diego Puerta no sólo logró dar una imponente presencia, sino que del poco público que inició el show, una buena cantidad de gente terminó aplaudiendo, abrazándole, pidiéndole autógrafos y coreando sus canciones; algo de mucho orgullo para un joven de 20 años que se ha valido de sí mismo para lograr absolutamente todo lo que se ha propuesto, y que además dio un vistazo interesante de la nueva sangre independiente que se está desarrollando en nuestro país al menos, en el contexto sonoro y de propuesta emergente.

Sin embargo, pese a que Dromedarios pudo haber sido considerado lo mejor de ese día, Odisseo realizó un trabajo excepcional con esos tintes de rock/pop y sintetizadores, que a pesar de creer que Chicago no conocería (no de su propuesta, vaya), verdaderamente consiguió una atención potente demostrando que si algo han hecho estos chicos desde el día uno, es trabajar sin parar hasta conquistar escenarios en el extranjero.

Por otro lado, Las Robertas reafimaron que Costa Rica sigue vigente y ansioso por mostrar a todas esas buenas propuestas que tienen escondidas, y con un show que se desarrolló bien, pero no con muchos peaks o sucesos importantes que nos sorprendieran, lo que verdaderamente lograron fue abrir el espectro del lineup que Ruido Fest ofreció, para dar a entender que no, no es un festival “Mexicano”, sino LATINO.

Y bien, el que sí no entendió eso y decidió convertir a Chicago en otra sede más del reino de Chimpancingo fue Silverio, quien honestamente se tuvo que mostrar un poquito más decente que en otras presentaciones, porque a diferencia de no sé… Un Vive Latino o un show regular, en esta ocasión Su Majestad –por muy majestad que sea– estaba frente a niños y familias presentes en el fest.

Pero todo bien con eso, el lema siguió vigente: “Patear niños, acariciar perros”. La gente comenzó el show aventando proyectiles golpeando a Silverio en la cara, cuerpo y hasta equipo, pero como el jefe que es, soportó absolutamente todo sin quejarse ni una vez, y solamente retando a la gente que le lanzaran cosas “CON HUEVOS”.

Por último, al menos por el lado mexa, Los Blenders terminaron por llevarse la grande del día tres.

Marineros (originarias de Chile), hicieron un buen trabajo y de verdad, muchos pensábamos que ellas lograrían ser el highlight de ese día junto a Dromedarios Mágicos, pero Los Blenders pese a tener un show ligeramente accidentado, sacaron a relucir los más de 10 años que llevan de tocar juntos, sustituyendo a Maya con Sebastián Neyra de los Jóvenes Adultos, y provocando un pequeño moshpit frente a su escenario como si la onda hubiera sido en cualquier gig casero del DF.

Los Blenders ya no son una banda de venues chiquitos. Pueden hacerlo mejor y lo han ido demostrando. Ruido Fest funcionó para unirnos con viejos nombres como La Maldita, La Cuca, Fabulosos y Aterciopelados, pero también nos recordó el porqué debemos seguir pendientes del acontecer emergente de nuestro país pues si proyectos como Dromedarios y Blenders, así como Vaya y Odisseo logran alcanzar estos escenarios, entonces algo se está haciendo bien.

Esa fue la enseñanza del Ruido Fest al menos como un asistente mexicano. ¿Podrá evolucionar en un futuro este festival? ¡Sí! Sí puede, pero sólo se se reinventa a sí mismo y apunta por la verdadera autenticidad latina que su música precisa, no por las viejas y gastadas leyendas del rock de las que se ha valido.