La estirpe del Gallo: Regresando a los orígenes de Sonido Gallo Negro

Viajamos a Aragón con los fundadores de Sonido Gallo Negro para conocer la génesis y el porvenir de la banda de cumbia psicodélica.

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ago. 31 2016, 4:25pm


Foto por Gerardo Landa


Es difícil que un artista se inspire teniendo una vida ordinaria. Cuando lo único que alguien hace es despertarse, ir a trabajar enfrente de una computadora todo el día, y regresar a ver la tele, es complicado hacer canciones que hablen de cosas interesantes. Más bien, los grandes músicos son aquellos que experimentan, que viajan, que exploran su ciudad y su barrio, que toman riesgos, que le encuentran lo mágico a lo cotidiano, y que logran contar una historia que sea tanto universal como personal. Que se salen de su zona de confort y que gracias a ello conocen música, personas, y hasta aspectos de sí mismos que de otra manera no habrían conocido.

New Amsterdam Vodka alienta a romper las rutinas y tomar riesgos, y por eso nos aliamos con ellos para crear esta nueva columna, en la que seguimos a distintos músicos por sus barrios y nos enseñan cómo es la vida en distintas zonas de la Ciudad de México. En esta tercera edición fuimos con Sonido Gallo Negro a Aragón, la colonia donde empezó todo, y que varios años después continúa fungiendo como su hogar. Ahí, descubrimos por qué es un lugar tan importante para ellos, por qué no han querido mudarse, y cómo tanto la banda como su lugar de origen han cambiado, para bien y para mal, con el tiempo.

La línea B del metro no tiene mucho tiempo de existencia. Fue inaugurada en 1999 para unir la zona centro de la Ciudad de México con otros municipios periféricos a esta misma, Nezahualcóyotl y Ecatepec. De la terminal Buenavista sale el Tren Suburbano que llega hacia otro paraje del Área Metropolitana, Cuautitlán; al otro extremo está la estación Ciudad Azteca, la 12a estación con más afluencia del metro capitalino.

A partir de la estación San Lázaro, la línea sigue en plano elevado o superficie, por lo que se puede apreciar el entorno en cuanto uno va cruzando su trayecto. Se notan fábricas y comercios abandonados, salones de fiestas y vinaterías. Se pueden ver muchos complejos multifamiliares y calles trazadas sin tomar en cuenta el plano general de la ciudad. Pronto llegamos al Deportivo Oceanía, donde al parecer siempre hay gente echando la cascarita o jugando un torneo local; en corto estamos por el Bosque de Aragón, verde y frondoso, con mucha promesa de vida. Uno o dos minutos después, al bajar en la estación Villa de Aragón, se enfrenta uno a un contraste bastante marcado: al lado del metro se encuentran fábricas industriales.

San Juan de Aragón es un marco tranquilo, a diferencia de otras colonias que hacen hincapié en el sobrenombre popular de Arabronx, aludiendo al peligroso barrio neoyorquino. Esta parte muestra un lado de barrio noble, en el que se ve gente de todas las edades pasar tiempo juntos en la calle, dentro de establecimientos o camino a algún lugar. La mancha de la gentrificación está presente en forma de algunos barber shops y cafeterías con variedades de capuchinos, pero no en tanta medida como en otras colonias de la ciudad. Su esencia, por lo menos a los ojos de alguien que no es un lugareño, sigue intacta.


Un coche fregón en Aragón. Esta y todas las fotos siguientes por Carlos Álvarez Montero

A pocas cuadras de la estación Villa de Aragón se encuentra el estudio T-Vox, en una calle que termina en una reja automatizada. He estado aquí anteriormente, años atrás. En esa ocasión, un vecino nos taloneó 15 pesos por abrirnos la puerta para poder salir. En mi más reciente visita no vi al vecino, por lo que no le pude preguntar en qué se gastó esos 15 pesos.

El estudio se sitúa en una casa blanca y pequeña, modesta inclusive comparada con las casas en la misma cuadra. Pocos pensarían que es más que una casa común, pero pasando su enrejado y puerta, uno pierde dudas al ser recibido por una consola análoga que descansa en la entrada. Pasando un pasillo que tiene un closet lleno de pedales de fuzz y otras chunches, se encuentran dos cuartos: Uno montado con batería, amplificadores, efectos y un theremin; el otro con un gran escritorio y una computadora. La puerta de este último está adornada con varias calcomanias de bandas: Telekrimen, The Cavernarios, Wau y Los Arrrghs!!!

Ambos cuartos vieron nacer, crecer, grabar e internacionalizar a tres bandas distintas entre sí. La primera fue Espectroplasma, nacida en el boom del surf nacional con epicentro en el Multiforo Alicia, quienes ofrecían sonidos de ciencia ficción en un mar de máscaras de luchador. Años después sus integrantes cambiaron los temas sobrenaturales por trajes de vaqueros y fundaron a los Twin Tones, componiendo instrumentales inspirados en las composiciones de Ennio Morricone para algunas de las mejores películas de vaqueros de la historia. El proyecto les valió un público más grande y notoriedad, llevándolos incluso a colaborar con Danny Amis de Los Straitjackets y Dan Stuart de Green On Red.

Entonces llegó Sonido Gallo Negro, tras el descubrimiento de la chicha, una fusión entre la cumbia y la psicodelia del Perú de los 60 y 70, agregando además ingredientes como el mambo y el boogaloo para establecer su sonido. No pasó mucho tiempo cuando los escenarios en México se hicieron más grandes para poder incluir a los nueve miembros de la banda, que incluye al conocido y prolífico diseñador e ilustrador Doctor Alderete, quien ilustra en vivo y toca el theremin mientras los bribones confeccionan ritmos. Primero fueron a otras tierras como Argentina y Brasil, luego a Europa, donde los han acogido con mucha dicha. Llegaron al festival Kustendorf en Serbia por invitación del músico y cineasta Emir Kusturica, y al Todos Santos en Los Cabos gracias a Peter Buck de R.E.M.


Gabriel López, Julián Huerta y Enrique Casasola, los fundadores de Sonido Gallo Negro, Twin Tones y Electroplasm

Aunque han sido caminos que los han llevado lejos a probar experiencias increíbles, siempre regresan a esta casa en Aragón, el estudio donde los vio nacer. Son tres personas, amigos desde morros, las que anclan a las tres bandas en cuestión: Gabriel López, Julián Huerta y Enrique Casasola, constantes en las diferentes alineaciones y ritmos, con quienes me reúno para platicar en el mismo cuarto donde comenzó todo.

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“Prácticamente [nos conocemos] desde 1998, más o menos,” dice Casasola. “Conocí a Gabriel y un día me invitó a un ensayo aquí [señala el cuarto]. Después Gabriel entró al Bachilleres 2, donde conoce a Julián y a Delgado, que es el bajista, y de ahí surge Espectroplasma.” López continua: “Patinábamos juntos, teníamos amigos en común en la sección 6 y en la Pradera. Luego íbamos a fiestas juntos. Aquí habían las fiestas techno; [una vez] nos fuimos con toda la banda y estaba horrible; Truco [Enrique] traía la camioneta de su tío y estaba escuchando a los Pixies. Nosotros nos pasamos toda la fiesta en la camioneta escuchando a los Pixies [ríen]. Ese día fue fundamental para todo lo que hemos hecho desde entonces.”

Varios discos después, es un poco increíble creer que este es el mismo cuarto donde Gabriel pasó su infancia, aprendió a tocar sus instrumentos y tuvo sus rituales de pasaje, y que continúe siendo el lugar donde ensayan y graban bandas de tamaño internacional. Aún vive en esta casa (“ahora mi cuarto es una tablaroca que está en lo que era la sala y ya no cabemos,” dice riendo), junto con su padre Félix. “Gran parte de las cosas se han logrado porque Félix es una persona chida, súper alivianada y siempre ha apoyado a las bandas,” cuenta Julián. “Con él se hace aún más familiar la situación. Cuando empezamos, al terminar una tocada nos llevaba a cada uno a nuestra casa. No importaba si yo vivía en Iztapalapa o Ecatepec, nos llevaba en su vochito” [ríen]. “Aparte también sabe mucho de música y aprendemos mucho de él,” dice Enrique. “Todo el tiempo está tratando de darnos consejos para hacer las cosas bien. Es el papá de Gabriel, pero [también] es como el papá de las bandas. Siempre ha estado ahí.” López cuenta que su recién adopción de máscaras para su última gira europea no sólo fue idea de su padre, sino que él se las compró.

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¿Por qué tener un estudio en Aragón, donde han grabado casi todo el material de tres bandas por casi dos décadas? “Nos gusta estar aquí,” dice López. “A diferencia de la Roma, aquí tenemos una tranquilidad y silencio para grabar bien cabrón. Lo aprovechamos para poner un chingo de micros ambientales, cosa que no podríamos hacer en el centro de la ciudad.” Casasola agrega: “Pasan cosas bien extrañas, como en el disco de Twin Tones que se hizo con Dan Stuart: se grabaron ruidos externos a la casa o el estudio. Un día estábamos escuchando lo que habíamos grabado, y de repente se escuchó el ruido de los camotes y quedaba muy bien con la rola; entonces paramos al de los camotes, sacamos un micro y lo grabamos [ríen]. La misma tranquilidad da la pauta para poder hacer eso.” Gabriel agrega que en “Chamula” de Sonido Gallo Negro se escuchan tres marimbas: una grabada en La Lagunilla, otra de Alexis Ruiz (Paté de Fuá/Jessy Bulbo) “y otra es una que paramos en seco, les dimos la idea y empezaron a tocar. Esta casa y este barrio nos han dado muchos sonidos que están disponibles en los discos.”

Hacer un estudio en casa se hizo algo real muy temprano cuando Gabriel comenzó a tocar. Un tío suyo era parte de una banda tropical; cuando se separaron, guardó el equipo con el que tocaban. “Tenía prácticamente las cosas para hacer un estudio casero,” dice. Así comenzó Gabriel a aprender sobre audio, junto con Enrique y Julián. Desde entonces no sólo graban sus proyectos, sino el de varias bandas más. “Prácticamente empezamos a hacerlo desde cero, sacando discos que sonaban culeros y teniendo sesiones desastrosas de grabación que hacían que nos replanteáramos todo,” dice López. “Somos de clase baja, no tuvimos el chance de entrar a una escuela de música o de ingeniería en audio y no teníamos acceso a internet.

“Últimamente los discos de Gallo Negro han sido trabajos que se han exhibido fuera de México, con banda que tiene equipo análogo, y nunca hemos recibido un comentario malo,” continúa. “Al final de cuentas, nadie tiene una foto de cómo se grabó y con qué equipo. Es como se hacían los discos en Jamaica o como Joe Meek, que hacía los discos en su departamento —pensamos que este lugar tiene ese pedo. Los discos de Gallo Negro se han editado en una compañía grande con presupuestos grandes. Es un alivio que es un trabajo decente y nos anima a hacer un trabajo más chido.”

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Los primeros toquines de Espectroplasma fueron en fiestas del Bachilleres, Valle de Aragón y La 600, con muchas bandas de las que pocas sobreviven: Resistol, los Smarties, Los Magníficos, La Quinta Galaxia. Por ahí del 2001 dejaron su demo a Nacho del Alicia, y pronto los llamó para alternar con bandas establecidas como Lost Acapulco, Los Esquizitos y The Cavernarios unas tres veces al mes. Los tres tienen una tradición de pasarse música y clavarse con diferentes cosas, y particularmente se obsesionaron con la música western y Morricone. Compusieron canciones en ese estilo para Espectroplasma, pero “no daban”, por lo que una nueva banda se formó. Años después pensaron sacar un disco de cumbias como Twin Tones, pero decidieron hacer un nuevo proyecto con más personas. “Siempre hemos jalado con el núcleo que inició esto,” dice Gabriel. “Los compañeros y amigos que se han sumado, todos tienen la misma importancia. Al final de cuentas, ese núcleo ha ido avanzando y es raro, porque ya no cotorreamos tanto juntos, pero nos conocemos tanto, en el escenario, [que] a veces ni siquiera necesitamos hablarlo. Está bien cagada esa comunicación, es sin palabras [ríe]. Hemos aprendido mucho. Está bien cabrón ese pedo porque es una ley casi de la selva, donde debes saber no invadir espacios o hacer comentarios. Dentro de la banda, ese es un sentido común que hace que nuestro trabajo fluya demasiado fácil y no nos encontramos con comentarios así, banales.” Enrique agrega, “nunca ha habido eso, en verdad. Eso es lo que hace que terminen bandas chidas que sólo un disco y bye. Es algo chido porque cuando tenemos ensayo, es ‘¡a huevo, güey! Ya quiero llegar a tocar, compartir lo que escuchamos o lo que tenemos en la cabeza,’ y cuando hemos tenido la participación con otros músicos, nos ven tan amalgamados y que no tenemos pedos, hasta ellos mismos se sienten a gusto de hacer cosas con nosotros.”

Aragón ha sido la constante para estos tres músicos que buscan nuevos ritmos y sonidos de forma inquieta, pero inclusive su barrio ha visto muchos cambios. Notan que en la época en la que se conocieron no había metro por ahí, mucho menos metrobús; Huerta cuenta de sobre el impacto de varias cosas en la cultura: “Antes podías ir a tocar a más lugares por acá. Sobre la avenida estaba el Tropirock, Rock Center, el Doberman; todos estos lugares que de unos años para acá han cerrado. Han llegado cosas como el narco y se refleja un chingo.” López dice que el centro de la ciudad ha absorbido la zona, pero que los problemas de extorsión y droga han causado que muchos habitantes no salgan de sus casas. “A las 9:30 de la noche ya no hay una pinche alma en la calle; antes no recuerdo que fuera así tan drástico. Ni modo, hay que adaptarse y seguir en este pedo. Preferimos esto a pagar una renta muy elevada en el centro y con mucho ruido,” dice.

Igual que no renuncian a San Juan de Aragón, Julián, Enrique y Gabriel no renuncian a su amistad. López comenta que en la última gira “tuvimos unos conflictos o momentos de tensión”; incluso en esos momentos, no piensa en otra realidad. “La neta sólo imaginar tocar con alguien más y explicarle cómo es el pedo, olvídalo; prefiero subsanar las heridas aquí. Somos amigos desde hace mucho tiempo.” Enrique dice que “el tiempo que llevamos juntos genera confianza. Es como todo; seguro va a haber conflictos que van fuera de la música o de la banda. Somos diferentes con carácteres diferentes, pero llega la hora de tocar y decimos ‘ya, güey; la cagué o la cagamos, pero ya, a seguir dándole’. Creo que eso nos ha unido más.”

Gabriel concluye: “Estamos aprendiendo a hacerlo cada vez mejor y que el fin sea común, que todos queramos llegar al mismo lugar, el único lugar, [que es] hacer la música lo mejor posible y mostrarla a la mayor cantidad de gente que se pueda. Es una especie de lema, un sentido común con todos los que se integran a la banda.”

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El futuro pinta bien y ocupado para todos los proyectos del trío. “Ahorita estamos grabando el nuevo disco de Sonido Gallo Negro; ya está todo instalado y lo estamos pre-produciendo,” dice Gabriel sobre el titulado Mambo Cósmico. “Tuvimos una campaña de Fondeadora que se logró [fondear por completo], entonces es un disco prometido que ya está precomprado. Le estamos chingando, es bien interesante que ahora estamos sobrepasando nuestro trabajo anterior. Tocando en Europa nos dimos cuenta que se generaron cosas bien chidas con un esfuerzo que no fue del 100% de parte de todos nosotros, entonces se nos abrieron los ojos. Es como estar encerrado en tu cuarto: puedes tener cosas bien chidas en tu compu, pero si nadie las escucha no puedes saberlo. Estamos comprando más equipo, pero estamos haciendo las [cosas] conscientemente y mejor, desde nuestra ejecución hasta la composición. Es cagado porque es como una renovación; ya no es llegar nada más a tocar como antes, es estar más involucrados. Con Twin Tones va a pasar lo mismo, y sirvió para saber qué línea tomar, porque estábamos un poco encontrándola. Con Espectro tenemos unos demos guardados. Ahora tenemos rolas con voz y con otra onda más rockera, como que ya Twin Tones no da para eso. Entonces tal vez se desprenda en otra banda. Es lo mismo: es tener canales de salida para todo lo que estamos creando y escuchando.”

Marcos Hassan escribe, pero también tiene varios proyectos de música. Síguelo en Twitter - @kiddieriot