DJ Zikuta habla sobre los inicios de la electrónica en Chile

Carlos Latorre, precursor de las raves en Chile, critica duramente el estado actual de la escena y recuerda cómo un político fue clave para realizar la primera Love Parade en Santiago.

por Ignacio Molina; fotografías de Carlos Molina
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22 agosto 2018, 5:01pm

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Carlos Latorre —DJ Zikuta, uno de los primeros deejays de música electrónica que hubo en Chile, y que crearon la escena a comienzos de los noventa— lo recuerda así: “En el 93 o 94, con la recuperación de la democracia, empezaron a llegar muchos retornados políticos a Chile. Y entre ellos, los hijos de ellos, que en algunos casos eran bastante famosos, como Alexi Delano, Ricardo Villalobos o Cristian Vogel. También había colectivos como Corriente Alterna, Distrito Distinto, Barracuda o Euphoria, que yo formé con Manuel Martínez. Y todos estábamos en la misma: hacer las primeras fiestas de música electrónica en Chile. Éramos bien pendejos y queríamos que pasaran cosas porque nos encantaba esta música”.

En esta entrevista con Noisey, con motivo del primer capítulo de TrasEscena Chile, dedicado a la electrónica, repasa los primeros años del movimiento: recuerda las raves masivas que se hacían en Santiago y también cómo logró traer desde Alemania a Chile la fiesta Love Parade.

De 45 años, y a cargo de una agencia de marketing digital, Zikuta comparte que todavía no ha colgado los audífonos. “Sigo tocando, muy poco, pero todavía con la venia y el cariño de mucha gente que considera que sigo siendo un muy buen deejay”, dice. “La vida me ha enseñado que hay etapas. Y creo que cumplí una gran misión en la música: tal vez yo fui el deejay que ayudó a que las cosas ocurrieran. A que las grandes fiestas ocurrieran”.

Y sigue: “Recuerdo con cariño haber creado la Red Euphoria, que después se llamó Colectivo Euphoria, y que en un principio era básicamente un grupo de personas que hacían difusión de todas las fiestas que había en Santiago. Finalmente derivó en la creación del Cianuro Tóxico Bar, el año 95, en Bellavista, que fue el primer bar de música electrónica que hubo en Santiago, administrado por Manuel Martínez. A partir de ese bar, se crea Euphoria como colectivo; y a partir de ese bar, juntamos la plata para hacer las raves La Perrera y también la primera Open Rave de Santiago, el año 95, en el Parque Forestal, con 300 personas. Después hicimos la Open Rave del 96, que todo el mundo recuerda con cariño, con videos en YouTube, donde llegaron 3.000 personas. Eso hizo que Euphoria fuera un colectivo que intervino la ciudad más allá que solamente la escena nocturna. Y si es que hubiera escena: estamos hablando de los noventa y en los noventa no había escena de nada.

NOISEY: Siempre se habla de la Rave del Eclipse (1994) como el hito más importante de esos años.
Zikuta: Yo no le quiero cagar a nadie la fantasía de lo que fue la Rave del Eclipse. Pero tiene más de mito urbano que de realidad en términos de que no fue masiva. No fue una fiesta a la que llegaran miles de personas. Pero el valor fue que era impensable que tuviera el line-up que tuvo. No sé, hueón, o sea, Stacey Pullen, Derrick May, John Acquaviva, Ricardo Villalobos. Es como un poco surrealista. Incluso para el día de hoy sería una rave de Detroit o de Torino, como el festival Movement, o un Tomorrowland, donde estuviera Carl Cox. El line-up de la Rave del Eclipse sería súper complicado de ver hoy día.

¿Cómo afectó esa rave a la escena en Chile?
Sin duda que generó un mito alrededor de Chile. Hizo que se hablara de la conexión chilena en Europa. Que Chile tenía algo muy potente en la música electrónica. Y de hecho lo tenía y lo tiene: Ricardo Villalobos, Luciano, Cristian Vogel… Podís sumar y sumar y sumar. En términos de minimal y house, Chile da mucho que hablar. Y por supuesto que la escena electrónica tiene este gran mito iniciador, esta gran creación espiritual, que es la Rave del Eclipse. Que ocurriera significó que mucha gente en Chile se viera afectada positivamente con este espíritu de la música electrónica, que bajaba de Detroit, de Frankfurt, de Berlín, a la Península del Alacrán, en el norte de Chile, que es lo más loco de todo.

¿Quién organizó esa rave?
Siempre hablamos de los deejays, pero nunca de los creadores detrás de estas cosas, de los productores que se pegaron la volá detrás de esto. Por eso es súper importante mencionar que la gestión para que vinieran esos deejays a Chile es de Miguel Bustos, un ariqueño radicado en Copenhague, que por años manejó las relaciones públicas de Derrick May, o sea, estamos hablando de las relaciones públicas del sello Transmat y también del festival Movement.

Tú fuiste uno de los productores que trajo la Love Parade a Chile.
Nosotros [en Euphoria] estuvimos haciendo entre los años 96 y 2000 la Open Rave, una fiesta abierta, en la calle. Partimos en el Parque Forestal, y eso significó que estuviéramos aguantando toda la mala onda del alcalde, que en esa época era Jaime Ravinet, que nos echó hacia el Parque Almagro, porque allí no había vecinos cuicos de Santiago. Recordemos que el Parque Forestal es en donde están los vecinos más caros de la comuna de Santiago. Y estuvimos el 97 y el 98 en el Parque Almagro y el 99 y el 2000 en el Parque O’Higgins porque a Joaquín Lavín [sucesor de Ravinet como alcalde] le reventó que estuviera tanto raro bailando en las calles. Eran fiestas a las que iban, no sé, unas catorce mil personas. Lo que ocurrió ahí fue que nos apestamos. Esta cuestión de que nos echaran cada vez más lejos, y que nos trataran como marginales, era absurda. En vez de premiarnos, la ciudad de Santiago echaba a esta gente que hacia fiestas, que hacía un carnaval que no le hacía daño a nadie. Entonces de alguna manera renunciamos a las Open Rave.

¿Y entonces?
Cuando llegó el intendente Marcelo Trivelli a Santiago, como el 2002, nos mandó a llamar y nos dijo « Oye, ¿por qué ustedes dejaron de hacer la fiesta?» Y nosotros le explicamos que en realidad nos merecíamos como un premio porque nadie nos ayudaba a hacer la fiesta, salía de nuestros bolsillos la plata y también de la colaboración de muchos deejays y también de la gente de Gemini, que era la empresa de audio que nos apañaba con estas cosas; era todo muy colaborativo. Trivelli entonces nos dijo «Hagamos algo: yo les voy a dar el lugar más importante de la ciudad ». Y el año 2003 nos dio la Plaza de la Constitución, que está frente a La Moneda [sede del presidente de la República de Chile]. Aunque no lo creas, el 2003 hicimos una fiesta con 24.000 personas frente al Palacio de La Moneda. Y si buscas en YouTube vas a ver un video increíble donde están todas esas personas bailando sin ningún problema. Ahora te quiero ver en Estados Unidos una rave frente a la Casa Blanca...

¿Cómo pasan de organizar las Open Rave a traer la Love Parade?
Después que hicimos la Open Rave del 2003, Trivelli dijo: "Pongamos a Santiago en el mapa." Yo creo que Trivelli ha sido de los pocos políticos que ha tenido visión. Él quería que Santiago estuviera en el circuito mundial, ¿cachái? Entonces nos preguntó cuál era la fiesta más importante de música electrónica en el mundo. Y nosotros le contamos que estaba la Love Parade en Berlín. Y justamente el año 2004 nosotros nos ganamos un fondo concursable, del Ministerio de Relaciones Exteriores, para que los artistas chilenos tengan la posibilidad de mostrar su arte en el extranjero. Nos ganamos ese fondo y le dijimos a Trivelli «estamos ad portas de irnos cinco meses de gira en Europa». Y él nos dijo: «acá tienen la carta, firmada por el intendente de Santiago, invitando a Love Parade a hacerse en Chile con el permiso de la ciudad ».

Wow.
Entonces fuimos a Berlín, fuimos a la Love Parade, como cualquier raver común y corriente. Fue una fiesta de doce horas, que te volvís loco, un festival mundial. Y el lunes, después de la fiesta, fuimos a las oficinas de Love Parade, pero estaban semi cerradas. Lógico, porque después de trabajar casi diez meses para hacer una fiesta, el día después nadie quiere ir a trabajar. Recuerdo que nosotros llegamos con chalas [sandalias] y shorts [pantalones cortos] a tocar la puerta de la oficina. Y nada pos, nos abre una niña, y después de entender que íbamos con la intención de hacer la Love Parade en Chile, se rió un poco. Y tratando de disimular la risa, nos dice, «ya cabros, acá tienen unos poster, unas chapitas, unos cidis, unas poleras, y vayánse porque aquí no hay nadie», como diciéndonos una vez a la semana viene un hueón de cualquier parte del mundo que quiere hacer esta fiesta en su país. Entonces cuando le mostramos la carta de Trivelli, la tipa quedó loca. Dijo: «Es imposible lo que está pasando: nadie ha venido a esta oficina con una carta firmada por el gobernador de una ciudad diciéndole a Love Parade Berlín que tiene el permiso para hacer esta fiesta en su país». Eso significó que nos demoramos todo el 2004 y parte del 2005 en poder hacer la fiesta en Santiago.

Zikuta hoy en día. Foto por Carlos Molina.

¿Cómo fue esa primera versión?
Tuvo alrededor de nueve camiones y más de 300 deejays [entre ellos, Richie Hawtin y Ricardo Villalobos]. Fue impresionante: esa fiesta fue espectacular: llegaron 180.000 personas al Parque Forestal. De pasar de nuestra última fiesta de 24.000 personas a 180.000 personas fue algo realmente impresionante. El 2006 la volvimos a hacer, pero la tuvimos que hacer en la Alameda, porque nos dijeron que en el Forestal era muy invasivo. Recuerdo que se tuvieron que cerrar tres estaciones del Metro. Y también que gente de todo el mundo quería participar. Nos llegaban mail de todos lados, onda, «oye, Tiesto quiere tocar». Pero estaban locos, porque cobraban una locura. Finalmente se repitieron el plato los que tenían que participar y cerrar el evento: Ricardo y Luciano. Y ese mismo año [2006], cuando nos premia Love Parade Berlín por la fiesta que hicimos en Chile, nos dicen que tienen un camión para nosotros que se llama Zikuta y Euphoria Chile. Un camión para tocar doce horas con nuestro propio line-up, ojalá todos de Chile, en Love Parade Berlín. Increíblemente, además, ese año la Love Parade de Berlín y Santiago la cerró Ricardo y Luciano.

¿Por qué ya no hay Love Parade en Chile?
El 2007 estábamos con todas las pilas para hacer el evento. Pero ese año cambió la intendencia de Trivelli a [Víctor] Barrueto. Y la verdad es que fue un desastre: se notó mucho el cambio de mano. Barrueto tenía un jefe de seguridad que era un desastre. Eran dos tiros al aire. Para hacerla bien corta: a un mes del evento, nos avisan del Ministerio del Interior que no se había pedido ningún cierre de calle, que no se habían hecho ninguna contingencia con Carabineros, que el Ministerio del Interior ni siquiera estaba informado por la Intendencia, que nunca se hizo nada para hacer la fiesta. A esa altura ya teníamos la cagá... Y no teníamos los recursos para cambiar la fecha de la fiesta.

“CUANDO ME PREGUNTAN POR QUÉ NO SE HACE LA LOVE PARADE, LES DIGO: HAZLA TÚ”

Suena terrible.
Love Parade es una fiesta muy cara. Y no es una fiesta que nos hiciera ganar plata –o sea, nunca ganábamos; a pesar de lo grande en términos de montaje, siempre salíamos para atrás. Era como un apostolado para que la ciudad tuviera algo. Por eso cuando me preguntan por qué no se hace la fiesta yo les digo hazla tú. Pero no hay nadie que tenga las bolas para hacerla. No solamente las bolas: hay que ser bien hueón para hacerla, bien naif para darlo todo por la ciudad. Y ni siquiera por la música electrónica, porque al final le estái entregando un regalo a Santiago, le estái dando un regalo a Chile. Esas 300.000 personas que iban a la fiesta, a la calle, no les gusta la música electrónica. Esa gente son chilenos y extranjeros que quieren bailar un rato y que quieren conocerse. Imagínate que por fin un cuico baila con un flaite y un gay con un neonazi; o sea, toda la gente pasándolo increíble bien en una ciudad donde siempre nos dicen que somos agresivos el uno con el otro y donde todo se marginaliza. Creo que nosotros le hicimos mucho cariño a la ciudad. Le hicimos un gran regalo emocional: yo estoy seguro que al día siguiente de la Love Parade había mucha gente sonriendo en el metro.

Por otro lado, y al parecer, las fiestas electrónicas dejaron de tener onda. Muchos clubes cerraron y paralelo la música indie chilena ganó espacio en los locales donde se ponía electrónica. ¿Qué fue lo que pasó? ¿La electrónica pasó de moda?
Voy a ser bastante soberbio en la respuesta. Perdóname, pero el 2006 se murió la escena, porque se murió el motor, se murió Euphoria. Nosotros estuvimos más de diez años haciendo las raves y las intervenciones electrónicas más importantes de Santiago. Eran fiestas míticas. Ve cualquier película gringa de las raves de esos años y te vas a dar cuenta que éramos contemporáneos. Los argentinos, en cambio, no tenían ni tienen raves como las nuestras. No tenían ni tienen intervenciones urbanas. Tal vez tienen súper eventos masivos, pero no fiestas de culto. Nosotros interveníamos espacios (…) Yo creo que se necesita mucho espíritu para hacer esas fiestas. Y la verdad es que yo creo que el 2006 murió un poco la escena porque no había nadie con las pelotas para seguir haciendo fiestas en las calles. O no había nadie con la capacidad de organización como para llamar a toda la escena electrónica y hacer una fiesta de tres pisos en la Ex Fábrica. Pero yo no le resto mérito a la gente nueva; de hecho, creo que la escena actual está entretenida. Es diferente nomás, porque nunca va a ser lo mismo, pero sí hubo un bajón: desapareció Euphoria, desapareció la escena.

¿Por qué muere Euphoria?
Los motores de Euphoria éramos Manuel Martínez y yo. Y la verdad es que nos dio paja seguir después que cachamos que no teníamos este respaldo realmente importante de las autoridades locales. Era como decir ¿para qué seguir luchando contra este monstruo de la seudo democracia? Es súper difícil hacer una fiesta para 300.000 personas en la ciudad. Y es súper difícil también que al final del día mires tu cuenta bancaria y digai «loco, soy veinte millones más pobre por querer hacer una fiesta para la gente». Tal vez no fuimos lo suficientemente hábiles para que hubiera auspicios. Tal vez, de alguna forma, llegó la época para entregarle toda la cama hecha a gente que también trabajó duro, pero de otra manera, como las productoras Street Machine o Electro Factory, grupos que estaban enfocados en ganar plata. Tal vez eso también nos faltó a nosotros. En resumen: nos agotamos, nos cansamos, tiramos la esponja. Uno tiene que aceptar las cosas cuando se acaban por la buena o por la mala. Y yo creo que se nos acabó un poco por la mala. Pero todo bien igual.

“LA ESCENA ESTÁ MUY ENSUCIADA POR LOS NARCOS Y LAS PUTAS”.

¿Dónde están actualmente las mejores fiestas electrónicas en Chile?
Tengo que reconocer que prefiero más el under de la semana que las fiestas más grandes que se hacen los fines de semana. Pero también tengo que ser bien franco y decir que la escena está muy ensuciada por los narcos y las putas. Voy a ser bien honesto: creo que hay mucha mafia en la noche. No de los productores pero sí del público. Está un poco sucia la noche. Está contaminada con gente que no tiene nada que hacer en la electrónica.

¿A qué te refieres con contaminada?
A veces vas a una fiesta y es como que te da miedo entrar. Yo creo que mucha gente buena de la noche ya no va a algunas fiestas o algunos after porque está muy rancio. Y eso yo creo que eso es ya responsabilidad de los que piensan que esto es un negocio y que hay que facturar a toda costa. Sin embargo, veo mucha creatividad, me llama la atención algunos conceptos como la gente que creó Misa. Me parece súper irreverente hacer el domingo una fiesta que se llame Misa. Una fiesta que es impresionante, que es buena, que es entretenida, que cuando tocái por primera vez te entreguen un rosario que en vez de tener una cruz tiene un plug para poner en el mixer. De eso se trata: de ser creativo y hacer cosas entretenidas. También hay mucho clásico: [El club] Santo Remedio también está haciendo un buen trabajo todos los miércoles. Creo también que las fiestas que se están haciendo en Micro Club los lunes están pasando a ser un ícono de la escena nocturna. La Salita, que actualmente no sé cómo se llama, tiene sus martes asegurados. Y también hay otros proyectos como Club Arzobispo. Pero no me gustan las fiestas súper masivas en que te preguntas ¿de dónde salieron estos tipos? Fiestas en que más de la mitad o un tercio son colombianos y tú decís ¿ qué onda esta hueá? Está rara, cachái, no es Chile esta cuestión. O quizás es el nuevo Chile. No me molesta que vengan inmigrantes. Lo que me molesta es que vengan mafias. Que ya no se trata de la música sino de la droga. Tampoco voy a escupir al cielo: me faltan dedos para contar todas las sustancias ilegales que he probado en mi vida. Pero eso no me transforma en un narco. Me transforma en una persona que ha querido experimentar.

Mencionaste a las prostitutas. ¿Existe un mercado de scorts en las fiestas electrónicas?
Yo he estado en fiesta bailando, así piola, relajado, cagado de la risa, y se me ha acercado una mina. Y yo me he hecho el canchero y la mina me ha dicho « flaco, son ochenta lucas si querís estar conmigo». Y yo no voy a una fiesta para eso. No voy a una fiesta a relacionarme con prostitutas, cachái. Yo voy a una fiesta a conocer gente, yo voy a una fiesta a bailar, a hacer amigos. Porque de eso se trata la hueá, ¿cachai? Y tampoco quiero lidiar con una manga de narcos que se compran los VIP y se creen la raja. Es penca, cachái, es penca porque Chile se había mantenido bastante limpio de estas mafias. Pero ya está llegando un poco el cuento. Nos habíamos mantenido al margen de estas fuerzas negras, que tal vez son muy cotidianas en países como México, Colombia o Perú. Pero ahora tú vas a alguna fiesta y después de ver que hay unos tipos decís qué lata que esté tan rancio el evento, con gente que está tirando muy mala vibra. Y en realidad, al final del día, si querís ser puta o narco me da lo mismo, es tu vida, cachái.

¿Entonces?
Hay mucha gente que se ha alejado de la escena porque en muchos carretes el público está penca. Y ojo, no estoy hablando de gente que pueda tener un estrato social diferente o tampoco que pueda ser inmigrante. Estoy hablando de gente que es rancia, que es agresiva, que necesita venderse, que necesita demostrar que es poderosa, que está rodeado de un séquito de minas, como un pimp. No sé, es raro. Yo creo que debo ser de las pocas personas que lo dice porque yo no vivo de la escena hoy día. Pero sí echo de menos esa escena donde había gente súper linda y honesta y que iba de corazón a bailar a las fiestas y que no andaba tirando mala vibra.

¿Qué sensación te queda de todo lo que hiciste por la electrónica chilena?
Me gustaría pensar que hicimos todo este esfuerzo de crear esta escena y esta fiestas con un objetivo más elevado, más espiritual, que la gente abriera su mente y corazón y pudiera entender que hay más que la competencia, que el exitismo y las cosas materiales. Creo que con Euphoria les dimos la oportunidad a muchas personas a atreverse a ser músicos, a hacer música, a crear con la música en cualquier contexto, como productores, como sonidistas, como djs, como roadies. Una persona una vez me dijo en la calle: «Yo fui a tus fiestas, hueón, eran tan lindas, eran tan increíbles. Te doy las gracias porque siempre me regalaste una fiesta gratis, en la calle». Y yo creo que ese es el verdadero arte: inspirar a otros.