Desenmascarando a Augusto Bracho

Conversamos con el venezolano Gustavo Guerrero sobre 'Mercado de los Corotos', el primer LP de Augusto Bracho, personaje que inventó para experimentar con ritmos tradicionales.

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09 agosto 2018, 6:56pm

Un heterónimo es un nombre con el que un autor firma su obra cuando adopta una personalidad fingida. Como autor ficticio, el heterónimo es un personaje con personalidad, biografía y emotividad diferentes a las de su creador. No es un un nombre artístico, un apodo o un alias. Es un individuo artístico autónomo, un “otro yo” del autor.

El creador en este caso es el artista venezolano Gustavo Guerrero, y el heterónimo es el enigmático músico latinoamericano Augusto Bracho. La obra es Mercado de los Corotos, el disco que publicó en mayo y que representa el debut en solitario de Augusto, (que no de Gustavo).

Gustavo se dio a conocer en Venezuela hace una década al frente de Cunaguaro Soul, el power trío que lo coronó como la máxima esperanza del rock de su país. Internacionalmente, el reconocimiento le llegó en su etapa como guitarrista y director musical de Natalia Lafourcade, que quedó plasmada en esas tres obras maestras que son los discos Hasta la Raíz y los dos volúmenes de Musas. La idea de Augusto Bracho comenzó a masticarla hace nueve años en Caracas cuando se interesó en los ritmos tradicionales venezolanos y latinoamericanos, y se le ocurrió crear este personaje como vehículo para experimentar con ellos.

Para sumergirnos en el imaginario de Augusto Bracho llamamos a Gus, que antes de comenzar nos hizo una advertencia: “Quiero dejar claro que la entrevista se la estás haciendo tú a Gustavo Guerrero. Augusto Bracho no da entrevistas y eso es bueno aclararlo porque es un personaje que vive solamente en los escenarios y en los discos. De todas formas, la identidad es una cosa que no tiene mucha importancia para mí. Ahora mismo estás hablando con Gustavo pero a Augusto Bracho ya lo conocerás alguna vez en un concierto".

El personaje

Lo que se sabe de Augusto Bracho es que es un misterioso cantautor popular nacido en algún lugar de América Latina y se le conoce como El soldador de los ritmos por su capacidad de fundir elementos de un sinfín de tradiciones del continente en su ilimitado repertorio: puede cantar con el mismo entusiasmo un merengue, una ranchera, una cumbia, un son cubano, un golpe tuyero o una gaita zuliana.

Debutó ante el público en Argentina, registró sus primeras grabaciones en Ciudad de México, en donde fue visto en la estación Jamaica del metro cantando con su cuatro y una armónica prestada. En Lima lo escucharon recitando versos de amor a su perra Roberta frente a la tumba de Chabuca Granda; y aparentemente en Barranquilla hizo palmas en varios recitales de chandé con un entusiasmo solo comparable con el brío y la magia que se derivan del aguardiente o el ají. Son legendarios sus enigmáticos recitales por toda Iberoamérica, destacándose los célebres Cantinazos que organiza en el DF mexicano acompañado por conjuntos como La Bullanga Atronadora o el colectivo de tambó la Candela Matancera.

La primera aparición grabada fue en Pajarera Vertical, el disco a distancia que hizo en colaboración con el cantautor caraqueño José Ignacio Benítez y que firmaron bajo los heterónimos de Augusto Bracho y Moisés de Martín. Después vino el artesanal EP que editó en solitario en el 2014 y donde quedaron asentadas las bases estéticas del personaje. Luego cuando hizo junto al argentino Martín Bruhn el LP de El Conjunto (2017) Gustavo logra meterse por completo en la piel de Augusto Bracho y construye un colorido universo que se termina de consolidar en Mercado de los Corotos. Dejemos que el padre de la criatura sea quien nos termine de presentar a Augusto Bracho.

NOISEY: ¿Cómo nace Augusto Bracho?
Gustavo Guerrero: Hace unos nueve años que empiezo a tener ganas de experimentar con la música tradicional venezolana pero sobre todo con la música y las tradiciones de gran parte de Latinoamérica. La idea era ponerse una especie de disfraz para trabajar en ese universo. Yo venía haciendo otra música más orientada hacia el rock, el funk, el soul y un poco de coqueteo con el jazz y la salsa en algún proyecto de los que participé; entonces se me ocurrió que una buena manera de jugar y tener un rol aparte era creando este personaje.

¿Qué tan ligado está el universo musical de Augusto Bracho con tu experiencia migratoria?
El personaje no nació como una conciencia del proceso migratorio que iba a tener yo en mi vida personal. De hecho, nació en Caracas con este coqueteo con la música tradicional. Recuerdo que en ese momento descubrí el golpe curarigüeño que es un género que creó un músico llamado Don Pío Alvarado, un maestro y cultor de esas tradiciones del Estado Lara en Venezuela y Augusto Bracho nació un poco para rendir tributo a esa música que me pareció fenomenal. Después de eso, me fui a vivir en Buenos Aires pero ya estaba un poco integrado en mi concepción artística crear a través de este personaje que fue agarrando forma a través del tiempo; y luego mientras más yo viajaba por Latinoamérica en las giras de Natalia Lafourcade, fue agarrando más personalidad latinoamericana y eso ayudó muchísimo para el crecimiento del universo y de la poética musical y lírica del personaje.

¿Y cómo te las arreglaste para mantener vivo el proyecto de Augusto Bracho mientras estabas trabajando con Natalia?
Era una especie de vía de escape. En ese momento se convirtió como en un hobby, suena horrible pero eso fue lo que pasó. Se convirtió en un pasatiempo para mí cuando no estaba de gira y no estaba trabajando con ella que me demandaba muchísima energía y tiempo. Yo visitaba el universo de Augusto en los tiempos que tenía fuera del universo de Natalia y hacia el final de mi etapa como colaborador y músico en su proyecto, hay muchos paralelismos con lo que yo estaba viviendo con Augusto Bracho. Yo pude tener alguna vía de escape de repente en mis viajes a Madrid que fue fundamental para poder definir lo que era el personaje.

Tenía un bosquejo y una pequeña historia en mi cabeza cuando hicimos el proyecto de Augusto y Moisés, pero yo no sabía meterme en el papel de Augusto Bracho todavía en la época en que vivía en Buenos Aires. Ahí nosotros simplemente éramos Gustavo y José Ignacio haciendo un proyecto familiar que nos gustaba muchísimo y eso dio pie a que yo experimentara un poco con la parte folclórica dentro de esas canciones y eso fue una punta de lanza. Después, cuando viaje a Madrid y conocí a Nacho Mastretta y a Martín Bruhn, que son otros pilares fundamentales de mis procesos musicales y de mi vida personal, ahí empezó a agarrar más sentido la voz de Augusto Bracho. La voz de Gustavo Guerrero se conoce poco pero es la que tenía Cunaguaro Soul, la que tenía Augusto y Moisés o la que aparece en la "Tonada de Luna Llena" con Natalia, hay una voz ahí medio ya desarrollándose pero definitivamente la etapa decisiva de yo entender a Augusto Bracho fue en Madrid con Martín y Nacho.

Pero la voz de Augusto Bracho ya había aparecido en el EP Primer Acercamiento al Mito.
El EP fue todavía una transición. Estética y conceptualmente el personaje ahí tomó una forma, pero el momento en el que se descubre la personalidad del personaje y me meto en su piel es cuando voy a Madrid y empiezo a trabajar con Martín Bruhn canciones populares del repertorio latinoamericano y empezamos a hacer lo de El Conjunto. Ahí conozco a Nacho Mastretta, Marina Sorín y a toda la Orquesta Mastretta y eso me da muchísima motivación e inspiración para sentar un poco mejor las bases estéticas, expresivas, conceptuales y la vida misma de Augusto Bracho. Digamos que yo me fui convirtiendo humildemente en una especie de actor y ahí yo empiezo a entender que meterse en el papel de este personaje requiere muchísimo más esfuerzo y trabajo que simplemente cantar unas canciones que tengan un poco de inspiración y entusiasmo con respecto a las tradiciones latinoamericanas.

Eso del papel de actor se nota mucho con los distintos personajes que aparecen en el disco, como que Augusto Bracho puede tener muchas voces.
Lo que pasa con Augusto es que es una especie de canalla. Él es muy camaleónico en su gusto por las canciones y por la música; entonces si él quiere volverse mujer puede volverse mujer, de hecho yo también tengo mis heterónimos femeninos y hay coristas que participan en el universo de Augusto y que son sus amigas o que fueron sus amantes en algún momento y que cantan en parte de las canciones. En el EP se puede observar eso en los coros, pero cuando ya yo tengo un poco más de cancha, de entendimiento y sobre todo de quitarme un poco el miedo de meterme en ese universo del personaje fue con el proyecto de El Conjunto que fue muy libre. Luego cuando conozco a Nacho y entra cono productor del disco de Augusto Bracho él le da una añadidura al proyecto y que es super importante para la música que básicamente es la dinámica, algo que yo tenía un poco revuelto y lo tenía un poco ignorado. Eso ayudó muchísimo a que la narrativa y los personajes de las canciones tomaran vida y el retrato de cada historia y de cada personaje fueran muchísimo más claros y mucho más bonito.

Foto: Elisa Rugo

La obra

Un mercado de los corotos es como se conoce en Venezuela a un mercado de pulgas. En este sentido, ya desde su título el LP, Augusto Bracho expresa una declaración de principios: llevarnos a un lugar pintoresco lleno de cosas del pasado que ganan otra vida y tienen su universo propio. En este disco, Gustavo Guerrero experimenta con diversos ritmos tradicionales para llevarnos a un viaje sin pasaporte por América Latina con las canciones de Augusto Bracho como medio de transporte: nos lleva a a una fiesta de chandé en el Atlántico colombiano, comemos pescado frito en algún lugar que se parece al litoral central venezolano, cantamos coplas en la Costa Chica de Oaxaca o caminamos por las calles de La Habana.

Si bien la fuente de inspiración de las canciones de Mercado de los Corotos son diversos ritmos latinoamericanos, es un disco que se aleja de la interpretación purista para sumergirse en la experimentación dando como resultado una delirante reinterpretación festiva de estas tradiciones que la música de Augusto Bracho respeta e irrespeta a la vez: pone un cavaquinho brasileño donde debería ir un arpa, sustituye una flauta de millo por un clarinete, le mete percusiones de chacarera a una gaita zuliana o toca una chilena oaxaqueña como una cueca. Cada canción tiene su propia identidad pero todo parte de la premisa de que la música latinoamericana se parece.

NOISEY: ¿Cuanto tiempo te llevó hacer Mercado de los Corotos?
Gustavo Guerrero: No tardó mucho en grabarse, se grabó en enero del 2016. Yo me tardé seis años en escribir todo el material porque dentro de ese tiempo probablemente tres años fueron afortunadamente de mucho trabajo con Natalia y en los espacios libres que tenía es que yo escribía y trabajaba las canciones. Lo que hice fue grabar unos 15 o 20 demos en mi casa con los micrófonos de una laptop porque no tenía equipos para grabarlo mejor y esas maquetas se las mostré a Nacho Mastretta en una oportunidad que vino a México. A partir de ahí empezamos la pre-producción a distancia.

Después yo hice unos primeros bosquejos de partituras, la mayoría de los ritmos eran de palos más folklóricos que estudié y me puse a investigar porque que me gustaban y me llamaban muchísimo la atención, ritmos como el quitiplá, los culo ´e puya, el merengue caraqueño, la cumbia, el chandé y entonces yo me puse a jugar con eso. Luego un par de veces me fui con Nacho a Madrid a terminar de dejar los arreglos claros para la orquesta que básicamente casi todos los músicos de la orquesta de Nacho participaron de la grabación. Ensayamos un par de veces nada más, música completamente nueva para ellos que son músicos de un altísimo nivel y grabamos el disco entero en cuatro días prácticamente.

Se siente que muchas cosas fueron grabadas en directo.
Toda la base rítmica, melódica y la voz están grabados en directo. Me refiero a dos percusiones que son Coque y Martín, el contrabajo que es Pablo Navarro, el clarinete de Nacho y la voz, el cuatro y la guitarra de Augusto. Después pusimos en over dubs los coros en los que todo el mundo cantó, algunos arreglos de cello que grabó Marina Sorín, el violín de Diego Galaz, arreglos de flauta y acordeón que grabó Jorge Arribas y alguna trompeta que grabó David Herrington, pero casi todo se grabó en directo. Hacerlo todo en directo siempre favorece muchísimo a la música cualquiera que sea, de hecho después de esa experiencia yo no quiero grabar otro disco que no sea en directo, como yo he concebido la música hasta el momento me parece que es el estado ideal para hacer una canción.

Eso debe haber ayudado mucho a generar ese ambiente de fiesta popular que se siente en el disco.
Esa era la intención justamente. Era importante registrar lo divertido que era el proceso de tocar esa música sobre todo para los músicos que no conocían esos géneros y no tenían tanta relación con esa música sudamericana, en especifico los ritmos venezolanos y colombianos. Era necesario que la espontaneidad tuviera un lugar primordial y eso creo que se consiguió.

Otro ingrediente importante del disco es el el humor, independientemente de que sea una canción de amor o estés cantando sobre una tragedia.
En Latinoamérica probablemente el baile y el humor sean los dos pilares de nuestra cultura. Por lo menos yo lo veo así. Si no hay humor dentro de esa búsqueda, pues entonces es una expresión para mí fría y carente de sentido.

En este disco se siente más la influencia de la música venezolana que en los anteriores en los que aparece Augusto Bracho.
Mucha gente lo siente así pero yo no lo siento así. Si la hay es una cosa realmente accidental porque no pensaba yo crear una declaración super criolla a nivel musical, en todo caso una declaración de que la música de toda Latinoamérica se parece entre sí, que toda me gusta, que no le tengo miedo y que quiero indagar en eso. Sí hay ritmos venezolanos muy claros, el que conoce los ritmos venezolanos lo va a conseguir pero no necesariamente fue la intención.

Foto: Elisa Rugo

El Cantinazo de Augusto Bracho

El otro aspecto fundamental en la idea de Augusto Bracho son las presentaciones en vivo, que son no amplificadas, con instrumentos acústicos y contacto muy cercano con el público. Esta puesta en escena se materializa en los Cantinazos de Augusto Bracho, la serie de presentaciones que Gustavo Guerrero organiza en la cantina el Puerto de Veracruz en la Ciudad de México y en donde la canción desnuda y la relación con sus autores son los protagonistas principales.

NOISEY: ¿Cómo se te ocurre la idea de las presentaciones íntimas sin amplificación ?
Gustavo Guerrero: Me sentía un poco cansado y aburrido del tema de la amplificación, los efectos, el sonido y el volumen y me pareció muy novedosa y gratificante la experiencia que tuvimos en Buenos Aires con Augusto y Moisés de ir a tocar en salas de departamentos frente a poco público pero que estaba realmente atento a lo que estaba pasando. Eso se fue transformando en un gusto adquirido de no confundir la calidad con la cantidad y brindarle a esas pocas personas que estuvieran ahí lo mejor de lo mejor y que fuera una noche única. Después cuando conozco a Martín, a Nacho y a la Orquesta Mastretta y veo que también tienen un poco esa declaración de no tener demasiada microfonía en el escenario y de tratar de hacer conciertos muy íntimos, ahí me fui sintiendo menos solo en ese sentido porque en mi generación la gente siempre busca experimentar con la guitarra eléctrica, los efectos, los loops y las baterías, cosa que me parece algo super valioso y es de donde vengo, pero para mí se abrió un universo nuevo y una cosa muy bonita al poder brindarle al público eso.

Yo como músico me siento mucho más atrapado cuando la música viene desde la fuente. Ver a un cantante cantar a capella y defender una canción sin instrumento que lo sostenga me parece admirable y eso es algo que yo creo que deberíamos apuntar los artistas que trabajamos con la expresión musical. Digamos que es volver a los inicios y a la raíz de las cosas, yo supongo que el hombre cuando descubrió su propia voz y empezó a hacer música sintió lo mismo… un poder, una fuerza, se sintió super dotado y ahí yo veo un llamado de atención para estos tiempos porque ahora es muy difícil captar la atención de la gente si no tienes unas buenas luces o un buen sonido que te atrapé.

La experiencia con hacer música así a “cuatro y buche” me parece una herramienta poderosísima. No era necesariamente una intención en un principio pero ahora sí, digamos que es una necesidad también de cantar y tocar mejor porque el público que te va a ver va realmente a escuchar, a entretenerse y a ver que es lo que le puedes ofrecer tú directamente, no una máquina, unas luces o un humo, sin quitarle mérito a eso porque las personas que están por ejemplo detrás de la producción de un concierto de Roger Waters también son artistas pero no hay que desprestigiar tampoco a las gente que solo toca una guitarra y canta.

¿Y cómo surge la idea de El Cantinazo de Augusto Bracho?
Yo visité un espacio que se ha convertido en un clásico en Ciudad de México que se llama El Depa de los Plebes que es una gestión cultural que ocurre en la casa de un gran músico y artista que se llama David Aguilar. Cuando yo conocí ese espacio donde van un par de artistas a cantar sus canciones sin ningún tipo de compromiso formal ni de infraestructura me pareció muy arriesgado y muy necesario. En Buenos Aires yo ya había vivido eso de conciertos en casas y departamentos pero cuando vi que se estaba instaurando en Ciudad de México y que David estaba haciéndolo me contagió el entusiasmo por hacer eventos así, entonces se me ocurrió que el universo para hacer algo parecido para Augusto Bracho era una cantina. Era un poco como rememorar esa cosa del siglo de oro del cine mexicano donde tenías a Tintán con Marcelino cantando en cantinas y la gente iba, pagaba, se tomaba unos tragos y escuchabas la música, entonces se fue creando como un universo paralelo y como una especie de obra teatral en donde Augusto Bracho interviene e invita a otros artistas y es toda una experiencia realmente especial para el que va a verlo.

La gente tiene que callarse en una cantina donde generalmente tu vas a beber y a alborotarte y hay música a todo volumen, en este caso no, la gente si va, se emborracha, arman escándalo pero cuando cantan los artistas se callan, escuchan, aplauden, se emocionan. entonces eso se fue convirtiendo en el Cantinazo. Ya llevamos unas cuantas experiencias de esas, estamos tratando de hacerlo todos los meses, ha sido difícil pero ha sido muy placentero tanto para el público como para nosotros los que estamos detrás del proyecto.

¿Y hoy en día cómo te llevas hoy con la guitarra eléctrica?
Digamos que no es una de las herramientas que más utilizo pero sigue siendo mi instrumento principal, lo que pasa es que me enamoré de otras cosas y así sucede. Yo supongo que volveré en algún momento a tocarla pero ahora digamos que la colgué y la dejé un poquito en reposo. Por ahí de vez en cuando me pongo mis discos de Eric Clapton y vuelve un poco la ilusión por ella, pero realmente lo que más ilusión me da ahorita y me mueve las entrañas es poder hacer música afroperuana como la que hacían Oscar Aviles, el zambo Cavero y Lucila Campos.

Yo no sé si en unos años yo vuelva a tener un proyecto de rock pero para mí lo que hace Augusto Bracho es rock también, más en actitud que en un género preestablecido, tienen la misma esencia. Cuando yo canto Coplas Oaxaqueñas en un Cantinazo para mi tiene exactamente la misma fuerza que si estuviera tocando Purple Haze de Jimi Hendrix, exactamente el mismo feeling.

Es cierto, a pesar de lo fuerte que es el tema del folklore en la música de Augusto Bracho hay estructuras que tienen espíritu de rock
Es que el rock bebe de cosas tradicionales también como el blues y el gospel. Esas son estructuras tradicionales que se fueron convirtiendo en un género popular llamado Rock and Roll pero que ya existían en canciones tradicionales de los negros y canciones de campo. No es tan diferente a las tradiciones nuestras de Latinoamérica, un negro estaba recolectando algodón en Mississipi y aquí había unos negros campesinos recolectando caña en Cuba que también tenían sus canciones y sí hay algo de eso en la música de Augusto Bracho, es inevitable… y es inevitable que a mí se me salgan mis credenciales rockeras.

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