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Más allá de Pussy Riot: Bandas rusas para volarte la cabeza

Adrián Mazzeo

Si tu curiosidad no se limita a las melodías prefabricadas que propone la FIFA, esta lista te llenará el oído.

Cada cuatro años buena parte de la población mundial apunta su atención y sus horas libres (o transforma sus horas productivas en libres, mejor dicho) a ese evento que es la miel de las multinacionales y gobiernos por igual: el Mundial de Fútbol.

Pocos acontecimientos son tan descaradamente capitalistas y tentadores al mismo tiempo: puedes aprovechar el momento para cruzar bromas con tus amigos extranjeros; si tienes niños puedes hablarles de la cultura de los países que tu selección enfrente; es la oportunidad de ––en medio de un gol importante, vamos, que no sea por otra cosa–– darte un abrazo con esa tía que no ves desde Brasil 2014; de intentar hacer unos blinis en casa, o pillarte un mega pedo de vodka, o también aleccionar a los estrechos de siempre y repudiar el odio hacia países “rivales”.

Y también es el momento para debatir por qué otra vez es tan malo el “himno del mundial”; este año a cargo de esa eminencia llamada Nicky Jam con la inestimable ayuda de Will Smith, además de Era Istrefi y Diplo, quienes ganaron la pulseada por el hit de los huevos de oro a la big-in-Russia Natalia Oreiro y el Droopy del pop globalizado Maluma.

Como grandes entusiastas de la música maldita que somos en Noisey, buscamos en las antípodas de esta canción que luego del 15 de julio, el día de la final, será una patada en los huevos en el recuerdo emotivo de todos los hinchas del mundo, excepto tal vez de los del equipo que levante la copa.

Para ahondar en la escena border del país más grande del mundo, armamos una lista de recomendaciones para digerir con mucha medovuja. Esta generación de músicos visionarios e inquietos llega mucho después de la fundación del rock ruso, que sucedió en los tempranos años sesenta de la mano de bandas como Mashina Vremeni o de gente como Boris Grebenshchikov, líder de Aquarium.

Estos artistas se movían por los márgenes legales que imponía la “industria discográfica” de la Unión Soviética, cristalizada en una única compañía estatal llamada Melodiya. Si bien son las figuras que dieron impulso a toda una escena que tuvo que enfrentar las imposiciones del Estado en las formas más insólitas, es quizá el padrino del punk ruso Yegor Letov a quien debamos prestarle atención si queremos entrar a los bajofondos del retorcido under soviético.

Letov (nacido en 1964 y fallecido en 2008, ambas en Omsk) recibió el honorario de “padrino del punk ruso”. Desafiante, vanguardista, perseguido, contradictorio y valiente como ninguno, sentó las bases en su país de una cultura que, si por defecto lo tuvo difícil en todo el mundo, ya se podrán imaginar lo que eso significó en Rusia. A mediados de los años ochenta, Letov fue encarcelado por la KGB debido al contenido combativo de sus letras. Los amables oficiales le propinaron drogas “lobotómicas”, que le originaron principio de ceguera y daños irreparables en su psique. Murió de un ataque al corazón a los 43 años.

Su trayectoria de alto perfil ha servido de inspiración para las siguientes generaciones de bandas y solistas rusos. En la actualidad, la escena que sobrevive en los márgenes del sistema en el país que lidera el maquiavélico Vladimir Putin, es de una variedad y calidad destacables. Hete aquí algunos ejemplos de movidas interesantes que podrás disfrutar si tu curiosidad no se limita a las melodías prefabricadas que proponen los directivos de FIFA y que van más allá de actos locales de relevancia internacional como Pussy Riot, Jenia Lubich, Motorama o Leningrad.

Eject

Humo eléctrico sobre San Petersburgo. La dinámica y retorcida música de Eject podría haberse desarrollado en cualquier subsuelo húmedo del mundo, pero cuando descubres que vienen de la preciosa San Petersburgo, puedes adivinar los lados más oscuros de la espectacular urbe, bien al margen de su pomposa arquitectura. Contrabajo, guitarra eléctrica y batería para unas composiciones que suenan a un matrimonio ilegal (y sin saxos) entre Morphine y Zu.

uSSSy

Amplitud de miras ruidosas. Voyage es el título del último disco de los moscovitas uSSSy. Creo que no se puede titular mejor. El periplo que inauguran con “African Rock”, la abridora del álbum, no es para oídos pacatos; o te subes a la nave o te quedas fuera. Con varios cambios de formaciones en sus diez años de historia, 2018 encuentra al actual trío (guitarra barítono, guitarra, batería) en plena forma haciendo gala de un sonido tan adrenalínico como cerebral, donde transitan sonoridades y sellan sus pasaportes mentales en Oriente Medio y los terrenos del noise psicodélico de Don Caballero. A partir de este año, forman parte de la plantilla de koolarrow records, el sello de Billy Gould, bajista de Faith No More.

Theodor Bastard

Dark wave étnica. La distintiva voz de Yana Veva aporta misticismo a un concepto que capta la elevación espiritual de cada continente y, con señas particulares muy interesantes, entrega un sonido lejano a los cosacos, dando taconazos que aparecen en el consciente colectivo cuando se piensa en música de Rusia. En su contemplativo combo sonoro, incluyen samples y sinterizadotes, así como instrumentos regionales de cada latitud del globo (harpa, címbalo húngaro, morin juur ––violín mongol––, cajón peruano, gusli ––antiguo instrumento de cuerdas rusos–– , marimba, etc.). Theodor Bastard no es solo otra banda más de trip-hop y ambient.

Holy Palms

World music de actitud. En vivo Pavel Emereev se planta con su guitarra barítono ante una inmensidad de pedales y dispositivos electrónicos de ritmo, para convertirse en una one man band que se auto complica la vida como pocos, pero que sabe siempre salir triunfante de sus delirios.

Una mente privilegiada que divide sus ideas en los infinitos enfoques de la World music, con groove y agresividad, sin relegar su gusto por la electrónica experimental. En estudio parió un disco como “Jungle Judge” de 2016, el cual es un excelente muestreo de lo que este buen hombre (al que le gusta mucho viajar también físicamente) es capaz de hacer.

Rosemary Loves a Blackberry

Canciones con interferencia. Recogiendo el legado exitoso de su compatriota Kedr Livanskiy ––quien este año actúa en el Primavera Sound de Barcelona––, Rosemary Loves a Blackberry de Moscú se encomienda en la idea de la electrónica oscura y desganadamente sexy. Según la propia artista, no hay intenciones de limitarse estilísticamente y en varios pasajes realmente logra sonar a un combo difícil de encasillar, donde puede haber elementos de varios estilos ––experimental, dream pop, industrial––, pero el rumbo de su música denota una búsqueda consciente al sonido propio.

JARS

Juventud sónica y cabreada de Moscú. Jars es un rústico trío que nutre su propuesta del legado más descarnado de Sonic Youth, sumando disonancia crust punkera y bajos traumatizantes. ¿Qué tienen de distintos a otras bandas del estilo del mundo? Pues que cantan en ruso y que son buenísimos. Lo dejan claro en su Bandcamp: “Somos JARS y somos mejores que tú”. La banda sonora perfecta para pensar en incendiar un cuartel de la KGB.

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