Foto de Gonzalo Andrés

Fuimos a la colección de discos más grande del mundo, parte 2

Zero Freitas es el mayor coleccionista de vinilos del mundo. En esta segunda y última parte de la charla que nos concedió, exhibe su discoteca personal y explica su forma de ordenar vinilos.

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dic. 7 2018, 5:15pm

Foto de Gonzalo Andrés

Hace unos días publicamos la primera parte de un perfil realizado al mayor coleccionista de vinilos del mundo, el empresario brasileño radicado en São Paulo, Zero Freitas. Terminamos de revisar su perfil con esta segunda parte de la entrevista realizada en sus archivos, donde hay entre 300 y 400 mil discos clasificados, exactamente en el sótano de su casa, donde se apilan unos 5 mil. También fuimos a uno de sus varios depósitos, donde descansan 5 millones de discos. São Paulo es un bloque de cemento y de gente, sus calles no dan respiro, insoportable tráfico, un nivel de caos y frenesí que forman parte del ecosistema diario. Todos estos atributos se sienten en el aire. Por lo tanto, un galpón imponente dentro de un bar residencial no llama la atención.

Zero nos comunicó que el depósito solía ser una fábrica de diversos rubros durante las últimas décadas y que en el pasado albergó a trabajadoras y trabajadores de barrios alejados al centro de la ciudad. Hoy sirve como un gran almacén de los containers que llegan mes a mes desde diversas partes del mundo. La logística para poder mantener los discos a buen resguardo no está librada al azar. Está todo fríamente calculado. Ninguno de los discos está expuesto al sol ni al moho; recubiertos con bolsas de polietileno, herméticamente cuidados, los discos esperan ser catalogados. A su vez cuenta con un excelente sistema de control de plagas que dispersa alrededor del establecimiento. Dejando en claro que no solamente los objetos materiales son resguardados, sino que los momentos que esos mismos discos representan son el verdadero bien a preservar.

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De vuelta en los archivos de Freitas, es complejo lograr algún grado de abstracción de la enorme y majestuosa cantidad de discos que hay alrededor. Zero muestra con orgullo la canasta de los recién llegados, listos para ser clasificados: queda claro que parte de su placer es el de tener un disco nuevo, sin importar cuál sea, la satisfacción de pasar de cero a uno. Mientras se presta a las fotos de Noisey, con una mano en cada estante, encuentra un vinilo que no escucha hace tiempo y le cambia la mirada. Luego sigue el desfile de discos: un enorme vinilo del pianista Teddy Wilson, uno de esos discos que el gobierno norteamericano envío al extranjero para promover su propia cultura. Otro disco, uno de los más antiguos de la colección, un objeto gigante de metal repleto de pequeños círculos de la forma de hormigas, un objeto fonográfico de apariencia medieval, fabricado para ser reproducido en una antigua máquina de música. Le sigue un picture disc, una grabación de Iron Maiden en vivo en Brasil, con su mascota Eddie llevando la remera de la selección.

Zero Freitas

NOISEY: ¿Te interesa el rock pesado?
Zero Freitas: Iron Maiden y Led Zeppelin. Hace poco en una entrevista mencioné el hecho de que mucho del heavy actual tiene muchos elementos de Robert Plant a la hora de cantar o de Jimmy Page cuando tocan la guitarra. Las bases vienen de ahí, de The Who, Iron Butterfly.

Iron Butterfly se usa mucho en el hip hop por “In a gadda da Vida”.
Sensacional. La mayoría de las bandas fracasan al intentar imitarlas. Lo peor es que hay muchas que piensan que suenan igual pero no tienen fuerza, les falta creatividad. Son muy pocas las que demuestran que tienen algo original, algo simple pero con estilo, pero que no se haya hecho antes. Dos, tres acordes y componen riffs como Ritchie Blackmore. Él hizo cosas que nadie hizo antes. Mejor crear, no las imites. Robert Plant, Blackmore y Jimmy Page son músicos con un trasfondo musical que proviene de la música clásica.

Y también del Blues yanqui del delta del Missisipi.
Los americanos tienen esa cualidad que tocar la guitarra sin haber aprendido. Pero el hecho de que fueran ingleses hizo que tengan una base musical muy rica. Ni los mismos americanos conocían a sus propios artistas del blues de la década del 50. Fueron los ingleses quienes los mostraron. Eso se debió a la existencia del racismo. La generación del rock americano de los 60 re-escucha la música negra de los 50 por los ingleses, que le devolvieron a los norteamericanos parte de su historia. Fue un fenómeno único y extraordinario

Cuando hablamos de lotes de discos, ¿cuáles se te aparecen?
Después de un tiempo compré lotes de algunas tiendas de discos. Mol discos a un dólar por disco en Venice Beach. El vendedor me dijo: “Los tengo en mi disquería pero no los voy a subir a eBay porque no vale la pena”. Empezamos a hablar y le pedí que me mostrara algunos. Y ahí nos pusimos de acuerdo. Desde ahí empecé a negociar, conocí a vendedores en Nueva York y Los Ángeles, empecé a tener acceso a las personas que vendían. Y comencé a comprar lotes. De 1000 por ejemplo. Tuve una situación particular, compré un disco por eBay y me puse en contacto con un vendedor y hablamos en inglés. Me di cuenta al momento de pagar que él estaba en Rio de Janeiro. Entonces en vez de poner los discos por correo, los puso en el coche. A partir de ahí, comenzó a venir una vez por mes para acá. Fue así que conocí la disquería Modern Sound de Rio de Janeiro. El de a poco empezó a venir en coche a São Paulo para traerme más material. Fue en ese momento que comencé a comprar en dosis de enfermo. Y el comenzó a ser un amigo como de la infancia también pasó a ser socio mío. Se fue a vivir a NY con una tarea la de comprar lotes de diez mil discos, tenía que deambular por disquerías que cerraban para comprar todo el stock remanente.

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¿Qué tiene que tener un comprador de discos para trabajar con vos?
Te voy a dar un ejemplo de cómo suceden las cosas. Yo trabajo con el comprador de discos Allan Bastos y él se había ido a New York. Al mes de su partida conocimos a un productor de shows brasileño, fue porque yo estaba viendo un programa llamado “Manhattan Connection”, un programa en el que se realizan entrevistas a brasileñoos que viven en estados unidos. Resultó que este productor trabajó con un ingeniero de sonido, que es el que convenció a la universidad de Columbia de juntar un par de cada disco hecho en estados unidos, al que llaman “el arca de Noé de la música norteamericana.” Entonces empezó a trabajar en la construcción de un gran archivo. Por lo tanto la Universidad de Columbia lo eligió como curador de su propia colección y le asignaron un edificio para que pueda albergar los discos. Fue en ese momento que llamé a Allan y le dije: busca al productor Bob George. Hoy en día tiene un edificio de 5 pisos en el SOHO que es de la Universidad de Columbia en el cual tiene casi 3 millones de discos. Ese proyecto tiene donaciones de gente como Keith Richards, Martin Scorcese, y tiene dos copias de cada disco. Con uno de más por las dudas. Es por eso que dije si el tiene dos, ¡seguro debe tener más! Lo que sea, artistas como Tony Bennett, Frank Sinatra, ¡entonces hablemos con el directamente! Desde entonces Bob George no realiza solamente intercambios con gente que tiene discos brasileños, americanos, también nos pasa información de personas que quieren realizar donaciones al proyecto de la Universidad de Columbia. Pero no pueden porque tal vez son colecciones de personas que viven en Florida y la Universidad de Columbia no va a ir a retirarlos. Lo mismo sucede con colecciones de personas que viven en Washington DC. Los norteamericanos generalmente dejan un testamento indicando que quieren que su colección de vinilos vaya a la biblioteca del Congreso o a la Universidad de Columbia. Muchas veces las familias no pueden realizar el objetivo, ahí es cuando nosotros nos ponemos en contacto y les decímos que queremos solucionar el problema y que en Brasil estamos montando un centro de búsqueda musical y nosotros podemos adquirir el lote de la familia. Siempre nos contestaban lo siguiente: “los EEUU no merecen la colección de mi abuelo”. Nunca tuvimos problemas. Hemos retirado colecciones de muchas ciudades en los EEUU, Tennesee, Florida, New Orleans. Pero solo cuando es un lote de 10 mil discos, eso lo llevamos a un container y una vez que se llena, lo mandamos para acá.

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La esposa de Zero nos pregunta mientras bajaos del auto: "¿Vinieron a documentar todo el desastre?”. Aprecio la ironía de la situación: Freitas puede ser el mayor melómano del mundo, capaz de rastrear las pequeñas marcas que los humanos dejamos sobre los discos y repensarlas como símbolos históricos o singulares; sin embargo, su sótano no deja de ser una versión hiperbólica del de cualquier coleccionista. CDs, libros y todo tipo de recuerdos disputan el espacio a los vinilos apelmazados, ordenandos por su región de origen. Y no, no tiene una bandeja en la casa. Como si fuera un juego de mesa de estrategia, Freitas despliega en su discoteca personal un orden geopolítico librado a su interpretación personal. Lo que sigue es una descripción ininterrumpida de Zero, una configuración del mundo a través de los vinilos.

“Acá es un gran desorden, acá dejo mis cosas. Esa es mi mesa de trabajo, donde yo trabajo es más desastroso todavía, acá estamos debajo de la calle, la única condición que puso mi mujer es que tuviera un jardín afuera. Los discos que están aquí los traje del archivo, están organizados por región: Brasil, América latina, Asia, África, Europa y Estados Unidos que es de dónde proviene la mayor cantidad de producción En Estados Unidos hay mucha facilidad para conseguirlos, los discos japoneses son los más difíciles de clasificar por la tipografía. No se sabe de lo que se trata. Hay que buscar e intentar entender.

Zero Freitas

Acá tengo Argentina: Juan D'Arienzo, Carlos Di Sarli, los clásicos. Discos de 10 pulgadas que enriquecieron mi colección. Ordeno por nación ya que se empiezan a acabar los discos argentinos. Una vez me entraron tres discos americanos de una banda californiana que hace música andina, se llaman Sukay y aun existen, formados por un boliviano, americano y un canadiense. El orden de los discos en mi casa puede ser un poco subjetivo. Algunas veces no me gusta pensar tanto, porque son conjuntos de varias partes del mundo. En casa es mi diversión es clasificar las cosas. Otra cosa que hago es colocar objetos delante de los discos, que están relacionados. Entonces la música brasilera la dividido por objetos que pueden ser de festivales de música, de deportes, infantiles, literatura y humor. Aquel estante casi no tiene música, un poco de música clásica instrumental. También tengo un área institucional de empresas, ya sea del gobierno, de bancos e inclusive de Petrobras. Aunque tienen la característica de ser de bancos o empresas grandes que tienen sucursal en Brasil. Sigamos por órden alfabético, Argentina, Bolivia, Cuba, Jamaica, Mexico, Perú, acá en el estante hay de todo, y en Perú no puede faltar la Inka Cola. Los envases siempre quedan sin abrir. Uruguay y Venezuela. Después de ahí, viene China y Japón. China Corea, India. De ahí pasamos a Medio Oriente, el mundo árabe, Oceanía. De Oceanìa que puedo tener… AC/DC, claro. Hace poco estuve trabajando buscando la tapa de un disco de Bette Middler, ella nació en Hawaii, hizo la facultad en ese estado que queda lejos del suelo americano. Hawaii es un país específico para mí.

Es muy gracioso, hay países de lo que tengo un solo disco: Túnez, Siria, Egipto. De Israel no, porque hay mucha colectividad judía aquí. De Marruecos me pude traer unos discos e incluso algunas boludeces de cuando estuve. A ver, muchas cosas, sellos de Estados Unidos que lanzan al mercado compilados de música libanesa y de Egipto. Es una colección importante, países como Francia también hacen lo mismo. Francia tiene mucha relación con el mundo árabe por el colonialismo que ejercieron en esos países. Pakistán, Turquía, Malasia y Brunei. En su mayoría es folklore de esas naciones, nada Pop. En los años 60 y 70 existió un sello americano que sacaba discos compilados de música folklórica., Oceanía, Hawaii, Tahiti. Del otro lado tengo a toda Europa menos a Inglaterra, ellos se querían separar, entonces los separé. Desde Alemania, acá tengo de Bélgica, tengo más objetos de ellos que discos. Austria, aquí hay de Dinamarca, Eslovaquia. España, Francia hay muchos discos, Grecia, Holanda. Aquí hace poco estuvieron unos productores de música que quieren hacer una sociedad, ya que ellos quieren hacer una plataforma parecida a la de Spotify y en esa plataforma poner toda la música del mundo. Y quieren que sea una especie de consultor asociado.

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Estos españoles me preguntaron que tenía de Holanda. Creo que tengo solo 200 discos, y mientras les mostraba, encontramos un compilado lanzado por un banco Holandés con sucursal en Brasil que tenía como finalidad el de difundir artistas holandeses. Material gubernamental pero con fines culturales.

La fragilidad económica de algún país tiene que ver a la hora de encontrar discos.
Sí, claro que tiene que ver. En Europa hubo un fenómeno particular vos tenés a países como Austria y Alemania. Algunos decían que Checoslovaquia era un país… ¡no amigo! O sos checo o sos eslovaco! Checoslovaquia fue un Frankenstein creado por la Unión Soviética. Y esa división generó un odio inusitado entre ellos. Italia, lo mismo. Fue unificada al final del Siglo XIX. No existía Italia…existían varios reinos. Sicilia, Toscana, Lazio. Italia funcionó, España no es un país tan unido. En Galicia por ej. en Santiago de Compostela, la población habla portugués, pero se hacen los que no entienden español… en verdad lo entienden al idioma pero no quieren saber nada con hablarlo y si lo hacen, lo hacen a regañadientes. El himno de Galicia tiene un gran porcentaje de portugués, mucho más que el español. Ellos se sienten culturalmente distintos a España. Coruña es la ciudad más grande de la región, bien al norte. Y hay un lugar que es como la plaza principal con una placa que reza “La Coruña” y un buen día alguien lo reemplazo con “A Corunha.”

“Cuando vinieron a hacerme una entrevista de la BBC, puse para el camarógrafo y la reportera un disco de Cat Stevens. Cuando sonó el lado b, el camarógrafo empezó a llorar, me dijo que era la música que sonaba en su escuela primaria todos los días.”

¿Ves una dualidad entre la frialdad del archivista y esa conexión emocional con la música tan fuerte?
Exactamente, esa es mi agonía, saber que los discos se encuentran repletos de esos momentos y pensar que están enterrados aquí.

La escena que describe Zero sobre el camarógrafo inglés llorando suena loca, pero creíble: ¿Quién recuerda con tanta emoción los días de escuela? Claro que, sentados frente a la base de datos que ordena estos cientos de miles de discos catalogados, Freitas se dispone a hacer algo parecido conmigo. Empieza por mostrarme discos de Jazz argentino ilustrados por el caricaturista Hermenegildo Sábat. En seguida es como si pudiera verlo a Sábat otra vez rumiando por la redacción de un periódico argentino, con la mirada inquisidora de los que capturan gestos corporales de forma casi automática, dispuesto a plasmar en papel a cualquier trabajador que se preste.