Lados B de Babasónicos

El legendario combo argentino tal vez tiene los mejores Lados B del rock en español.

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04 marzo 2019, 5:40pm

Foto de Martín Bonetto

Despacio y con espacio se desliza hacia su destrucción. Podríamos hablar de las ––Dios no lo permita–– posibles guerras que en Oriente y Occidente amenazan las fronteras y las realidades de distintos pueblos. Podríamos hablar de cómo a medida que las redes sociales continúen carcomiendo la democracia, como en Brasil, como en India, llegará el punto en que alguien le clave una estaca en el corazón a nuestro Skynet y ocasione que en 20 años veamos y pensemos, “¿recuerdas cuando el Internet, los grupos de WhatsApp de padres de escuela y la nicotina eran legales”?

Podríamos recordar que la última conjunción Plutón-Saturno se dio en 1982 y si eres argentino o libanés o fuiste entonces Primera Ministra Gran Bretaña seguramente no olvides nunca ese año. En fin, porque nada nos asegura -y menos en Argentina, hermanos- que mañana no amanezcas hipotecado o nombrado nuevo presidente del Banco Central, nos avocamos a la bíblica tarea de destacar, para la posteridad, para el Nuevo Mundo sin pecado ni campo VIP, a los Lados B de Babasónicos.

Bíblica decimos porque es así: Adrián Dárgelos no se arrodiló ante una zarza en llamas que le reveló un mandato celeste. Adrián Dárgelos habrá contemplado un puesto de periódicos en llamas que era el de su padre y que indirectamente terminó por ponerlo de cara a un mandato celeste. No fue en las faldas del Sinaí; fue en Lanús, provincia de Buenos Aires, exoplaneta bonaerense con 10.200 habitantes por kilómetro cuadrado, un lugar donde una tarde cualquiera, sales a tomar un helado con tu guasita y encuentras esto.

De ahí proviene Babasónicos y ahí inicia nuestro recorrido, con esta belleza intitulada:

Chingolo zenith

Faltan árboles en Chingolo, amigo. Hace calor. Siempre que vuelvo de donde mi amiga Luci, hay un sol que abre el asfalto y esa inmensa avenida que es Centenario Uruguayo pareciera cruzar la tierra, hundirse en el océano y salir en Cabo Verde, donde hace la misma temperatura africana que en Chingolo, pero hay más árboles. Habiendo experimentado el Chingolo Zenith en pleno verano me pregunté cuántas veces habrán cruzado los Babasónicos esta localidad lanusense en los lomos de un bus 266 y se si hubieran refugiado del sol en los toldos de las tiendas como nosotros: belleza. Si El Gran Pez es la Odisea millenial, “Chingolo Zenith” es la banda sonora de su versión bonaerense con una psicodelia hecha para y seguramente desde un Peugeot 504. “Born in Lanús in the first ‘70 / run with the drugs of the late ‘80 / culo mojado de dormir en fango /de billar, de chorros y de mucho tango / play for the cholos everytime…”. Vengan a Lanús cuando estén en Buenos Aires y entiénndanlo. O quédense en Palermo y paguen 200 libras esterlinas un vaso de cerveza.

Larga siesta

Sí -como se explica lúcidamente aquí- un vórtice es una serie de flujos en espiral que se mueven en simultáneo y son imposibles de distinguir, y el marxismo es el reciclaje sociológico por naturaleza, cuán bellamente le cabe el título “Vórtice Marxista” al primer compilado de Lados B de Babasónicos. Una mezcla de fluidos que desaguan de las sesiones de Pasto (1992), Trance Zomba (1994) y Dopádromo (1996) y que son revisitados desde la antesala de Miami (1999), un ámbito totalmente distinto para una época totalmente distinta de la banda. Con cariño “marxista” por esa mística irrepetible de los primeros discos, Babasónicos pone a girar su vórtice y nos muestra ese mundo que nos suena familiar e inaccesible a la vez. Tomaremos lo que dijo Vladimir Putin sobre la Unión Soviética para explicarnos mejor: “Quién no lamenta la desintegración de la URSS, no tiene corazón. Pero el que desea su restitución en su antigua forma, no tiene cabeza”. Bueno, quien no lamenta la desaparición del viejo Babasónicos, no tiene corazón. Pero el que desea su restitución, no entiende el mensaje que ya en 1998 estaban dando con Vórtice Marxista. De allí tomamos “Larga Siesta”, de cuando la banda era Tool con programa de becas alimentarias del gobierno provincial. Y sin saber qué carajo era Tool. Piensen que esto era Conurbano Bonaerense 1994, piensen que todo esto fue pensado y compuesto en un Ford Falcon que pesaba mil kilos, piensen, ya lo dijimos antes, que en Chingolo no hay árboles.

La hiedra crece

Qué momento de escritura el que atravesó A.D. durante las sesiones de Babasónica (1997), álbum que los más oscuros sacrifican en un altar como lo mejor que la banda haya producido jamás. Y tienen sus razones: en ese disco ya no es la casa (Pasto) ni el ghetto (Trance Zomba) lo que se incendia; lo que se pudre ahora es la Tierra. Del paisaje Pasteano de carro de bomberos con los Reyes Magos encima repartiendo regalos a los niños mientras suena Steve Wonder a las langostas apocalípticas que devoran la cosecha bonaerense de zapallos y secan los tanques de agua. “Aquí estoy / en la ciudad donde flota la herrumbre / padeciendo la histeria de la Historia / en el cadalso de mi vanidad…” arranca ese álbum. Como cara B, Vedette recolecta las canciones más luminosas / menos podridas de esa era y “La hiedra crece” es un ejemplo muy hermoso de cómo a veces un momento artístico es más fuerte que la voluntad. Cambien esa guitarra acústica por la violencia de Babasónica: quedaría perfecto. Pero ¿cómo lanzar una rola como esta en medio de la guerra interna que transmite el álbum? Imposible. Asimismo, con su pedigree de escritor recién florecido, Dárgelos se divierte con el castellano a lo Spinetta en “Por” y arranca con la cacofonía que ahora es marca registrada de la casa: “Mojada en ira / poseída se rompió / a llorar sin excusas / quemo mis cosas / y me hecho a rodar / lo sé”.

Vórtice

Más cerca de la línea de Babasónica - Dopádromo y también con una selección de palabras listas para ser arrojadas al espacio exterior en la próxima zonda que busque petróleo en las lunas de Urano, “Vórtice” abre un interrogante: ¿qué otra banda podía hacer una rockazo así y generar que le creamos? Una cosa es decir “toquemos como si estuviéramos huyendo de algo y como si nos estuvieran por echar de la sala. Y dejemos algo que las personas entiendan cinco o seis años después de la primera oída: ‘Mi juventud, te hará un collar / de rayos protectores’”. Otra muy distinta es poder hacerlo, hermanos.

Clase gata

Ya en “Groncho” (2000) y, como es normal, sin un carajo que ver musicalmente con la mayoría de los tracks que hemos repasado aquí ni con el disco del cual es B-side (Miami, 1999), la comodidad que se le siente al grupo en “Clase Gata” y la ubicación que elije Dárgelos para empezar a escribir anticipa lo que iba a venir después. Y lo que iba a venir después fue nada menos que Jéssico, el disco que cambió la carrera de esta gente y que hizo que ahora estemos dándole todos nuestros datos a Skynet con tal de leer o escribir algo sobre ellos. El hombre se posiciona para escribir como si fuera un gurú espiritual roído por la economía y la sustancia: Es cierto que / por más que el mundo acabe / no debe haber / un solo ser sin amor sin amor / Llévame hasta el hospital / a la maternidad /que voy a dar a luz / enfermeras muy sexys.

Deee

¿Cuántos miles habrán terminado de aprender a usar su adolescente organismo con las canciones de Jéssico de fondo? Esos miles, diez años después, se encontraron con unos Lados B que no eran otros más que los Lados B de su adolescencia. Para celebrar los 10 años del álbum-hito, Babasónicos mostró el resto de los temas que daban vueltas en esas épocas convulsas de la Argentina y el primero de esos, “Deee” ya da la pauta de la fineza en la que entonces se ubica el grupo después de años de surfear la psicodelia pesada o el rouge barato de las noches lanusenses. Con el Dárgelos-cantor-melódico haciendo eclosión, “Deee” presenta a una banda que ya entonces podía hacer lo que quería con su música sin temor al paso en falso o a su pasado. A flotar, pues. Y si algún día andan por Buenos Aires de noche, no se pierdan de hacer sonar esto en sus auriculares.

La jotapé

En ese tren badbunnyesco de hago-lo-que-se-antoja y no hay nada que puedas hacer para impugnarlo, “La jotapé” tira unas barras sobre los grupos armados que durante los años 70 levantaron las banderas del peronismo en plena dictadura militar. Habla de la Juventud Peronista, la Confederación General del Trabajo, la guerrilla y el exilio y lo hace con la música de una película de Fred Astaire. Too much.

El cuerno llama

“Que Dios les re bendiga”, clama una usuaria en los comentario de YouTube de Inflame, el álbum que reúne los temas no editados en Infame. Es que si justo venís en un momento medio millennial y te aparece una canción que lo primero que dice es “¿Quién en el mundo quiere ser adorado? / ¿Quién aguanta tanta presión?” y luego habla por ti cuando dice “¿Y cómo puedo darte una respuesta? / A los interrogantes que plantea la vida / Si sólo tengo dudas y vivo entre preguntas, soñando una vida para demostrar”. Es tal cual sucede con Charly García. Puedes ignorarlo olímpicamente durante una vida y condenarlo a una u a otra década, pero tarde o temprano llegará el momento en que un tema suyo te agarre mal pisado y te haga besar la lona hasta que te despiertes en los vestuarios y sin tu cinturón. “Toco de oído el cuerno que anima a los hombres a ser esclavos del amor”, dice Adrián de Saint- Exupedárgelos aquí. ¿Somos dignos?

Parece

Terminamos nuestro repaso con uno de los últimos avatares abrazados por este frontman en los últimos años. Porque para los que nacimos aquí en Baires es sumamente frustrante darnos cuenta de que tarde o temprano vamos a llegar al tango y vamos a hacer lo que hacemos como si estuviéramos en la popa de un barco que sale a París, los bemoles de la última versión romántica de Babasónicos nos dejan donde empezamos: acodados en el bar mirando a esos chicos que esperan el bus en el barrio sin árboles, listo para partir a un mundo que es más pequeño de lo que a ellos les gustaría, pero seguro mucho más grande de lo que su destino les sugirió.

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