Lechuga Fresca: Crujidos desde el subterráneo chilango Vol. 4

La última y nos vamos. Pero a los reductos atípicos del under capitalino, justo donde yacen las joyas más sensibles. Artistas como Manitas Nerviosas, CNDSD, La Bruja de Texcoco y otros.

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04 abril 2019, 5:50pm

Esta es la cuarta y última entrega sobre actos musicales emergentes representativos de la capital mexicana en la actualidarks. Revisa aquí la primera tanda, acá la segunda, y acá la tercera.

En el principio fue la palabra la canción y la guitarra, luego vino el ruido y la imaginación oblicua, y después las texturas, secuencias y ritmos programados. Escuchada a detalle, y amén de no faltar a la honestidad, la música que surge en la Ciudad de México puede distar un poco de llamarse diversa, en tanto la diversidad implicaría cierta sintonía con la convivencia mutua y armonía.

Habría que decir, mejor, que lo anárquico y lo heterogéneo es más propio de la megápolis mexicana, ahí donde los otros Estados y el extranjero enriquecen las microescenas ––cada vez más fragmentadas––, y en donde el toquín gratuito y la lista de invitados se persiguen de forma rabiosa. La capital mexicana abruma porque es extrema con sus artistas sonoros y músicos en todo momento: es ingrata y generosa; aprieta, ahorca, traga y escupe. Parece estar en un estado de sitio permanente, violentamente silenciada, inconforme.

Y sin embargo…

La música emergente que habita en el antiguo DF lleva el sino de la irregularidad y la discrepancia, paga con morralla escasa el precio de la disidencia y la lucha a la contra. Es un salmón apestoso que se procura a sí mismo.

Algún día, todos esos talentos que saben delicioso ––la lechuga fresca mejorada de hipermercado suburbano–– se cansarán de ser. O bien se convertirán en otra cosa, aún no lo sabemos (qué mejor). De igual manera, esta materia viva que leemos y escribimos dejará de existir.

En tanto, en un momento que apunta a ser uno de los puntos más álgidos de la crisis existencial citadina, queda el registro de las sensibilidades más inusitadas de nuestra urbe; músicos y personajes únicos que desde su percepción e imaginario íntimo esparcen un poco de brea dulce sobre la llaga de los corazones quebrados de la Ciudad de México. Que quede.

Luisa Almaguer

En cosa de tres años, Luisa Almaguer ha logrado edificar sendo camino artístico que dan cuenta de una sensibilidad trans genuina, inteligente y sumamente chilanga. A veces dolorosísima y oscura, otras tantas ñera y sensual, pero siempre con un sentido honesto ––sin precedentes–– que le da una vuelta de tuerca a las cosas aparentemente oxidadas. La ex integrante de proyectos como Lowboy y Acidandali ha logrado refinar su universo personal para decantarlo en una de las propuestas con mayor potencia de la CDMX.

Su más reciente trabajo, MATARONOMATAR, puede leerse como una impronta maciza del momento por el que atravesamos, desde ese fractal dinámico que es el espíritu creativo de Almaguer, artista que no ha dejado de mostrarse como una novedad atípica y refrescante del panorama subterráneo mexicano.

Aqua Mute

Solvente y juguetón, desenfadado y retorcido, oscuro e inteligente a ratos. Algo habita en los matices sonoros de Pablo Mendía que logra una cohesión particular, ya sea desde sus colaboraciones como músico de acompañamiento ocasional en otros proyectos (Quiero Club, Aj Dávila, Belafonte Sensacional), o bien desde su trinchera propia como el ya extinto Forecast in Rome.

Con Aqua Mute, Mendía da rienda suelta a sus vericuetos creativos más profundos, desde un trabajo que, si bien aún podría parecer incipiente y de una búsqueda subconsciente más sustancial, es ya mismo una de las sonoridades y conceptos más destacados de su cancha: insectos sonoros, dislocaciones electrónicas provenientes del rhythmic noise a lo Amon Tobin, vaporwave traicionado, y un sentido lúdico acompañado de finos sablazos de genialidad.

Dietscha Jung

Carlos Bergen dice que es menonita y por eso algunos pensamos desde entonces que Chihuahua está en otra órbita, una en la que la Ciudad de México y su especie chavalona es la más beneficiada con la obra de este fascinante compositor.

Sensible, fresco, autodidacta y divertido, Dietscha Jung juega de forma dinámica y memorable en sus canciones, yendo de la melancolía al humor, y generando un tercer elemento algo indecible y más complejo que lo que permite la primera escucha. Estamos ante un artista genuino y con mucha inventiva personal, provenientes de la ansiedad y la timidez más hermosa, ahí donde la música es abrazo y galletas para compartir. Hermoso.

Hay mucho, todo el tiempo: bandas, cuantiosas iniciativas, numerosas redes y burbujas o escenas. Desde hace cinco años [en Resistencia Modulada] hemos tenido de dos a tres invitados por semana en un radio-programa de entrevistas y solo un puñado diminuto nos ha visitado una segunda vez; esos son casi 500 proyectos, de los que nos enteramos. La gran mayoría son/fueron independientes y/o emergentes. La gama de sonidos es amplia, no hay duda. Pero, que haya mucho no hace de facto que se viva un buen momento solo porque sí. A veces pareciera que existen más bandas que audiencias dispuestas. Y tenemos menos de diez foros recurrentes para disfrutar. Músicos conmovedores y desgarradores con diez asistentes por toquín. Hay tanto como para pasar completamente desapercibido”. ––Francisco de Pablo (Resistencia Modulada, 96.1 de FM en Radio UNAM).

Manitas Nerviosas

En la música de México, son escasas las veces en las que los héroes subterráneos de una geografía determinada logran pegarla dos veces de forma casi opuesta. Valis Ortiz dejó atrás el ruido psicodélico de esa leyenda regiomontana llamada Bam Bam, ––además de proyectos como Hypnomango y XYX–– para encarnar un personaje complejo, redondo y de una indecible belleza. Experimentación y retruécanos pop de una factura prístina en su sensibilidad e inteligencia. Una cosa muy cabrona se vino a vivir a la CDMX y tiene nombre de batalla: Manitas Nerviosas.

La Bruja de Texcoco

Tal vez haya sido desde Los Nena, que la capital mexicana no había experimentado un suceso musical con tan alto grado de humor, oscuridad y mexicanismo, todo en clave de agudeza subversiva. Octavio es arpa, música estudiada, experimentación y fusión folclórica-contemporánea, pero también es transgénero con huipil y fiesta mística nacional.

Si bien su corpus sonoro aún no tiene un registro discográfico, verla en vivo es una de las experiencias más cabronas que uno puede tener en esta ciudad.

CNDSD

Algoritmos, sintetizadores y live coding de alcances múltiples. El corpus creativo de Malitzin Cortes, arquitecta y artista audiovisual, comprende la experimentación, composición e improvisación desde la transgresión e intersección de ejercicios y plataformas múltiples, resultando en un estilo denso y complejo, que lo mismo puede adquirir el tamiz del drone y el ambient, que las postrimerías breakcore y noise.

Además de crear paisajes de estilo hipnótico y texturas granuladas de un cuño por demás particular, lo de CNDSD destaca de sus contemporáneos al expandrise en su dislocada narrativa, ahí donde la postura ante el mundo es una declaración de principios pero también una sensibilidad que sublima los reflejos de ese masacote confuso al que llamamos realidad.

Creo que ahora estamos mucho más enterados de lo que ocurre en el mundo, en todos los aspectos. También ya no tenemos miedo de entrarle a cosas fuera de la música que enriquecen nuestra carrera: las redes sociales, las relaciones públicas, la imagen de nuestro proyecto, etc. Lo que no me gusta tanto es que sigo percibiendo fragmentada la ciudad. Cada tribu con su tribu. Creo que ya le estamos entendiendo a eso de crear comunidades pequeñas, ahora creo que hay que perderle miedo al hacer comunidad con lo diferente”. ––Federico Sánchez, músico

Dolphin Star Temple

Víctor Navarro debe ser una de las mentes más retorcidas, coloridas y contradictorias de la nueva camada de exploradores sonoros mexicanos. Eso, o viene del futuro, o de otro planeta, o de ambos lados a la vez. Originario de Hermosillo e integrante de una de tantas generaciones perdidas de Ciencias de la Comunicación en el ITESO, como Dolphin Star Temple, Navarro logra un maravilloso error en la Mátrix de la electrónica local.

Saoui es un compendio sonoro multicolor conformado por siete tracks, que surgió de un viaje accidental a Marruecos y la observación de “turista loco” de Navarro en la célebre plaza Jemaa El Fna de Marrakech. Los temas van sobre la investigación, la comprensión y la asimilación que detona ese diálogo “invisible” entre extranjeros y locales, más allá de sus barreras lingüísticas, ideológicas y socioculturales.

¿A qué suena la complejidad, exotismo y particularidad sonora de Marruecos desde la sensibilidad de un mexicano que articula y argumenta de forma atípica su música? Dolphin Star Temple plantea algunas posibilidades desde el futuro, ahí en donde los instrumentos electrónicos tienen un romance secreto con un banjo antiguo de tres cuerdas, con resonador de piel de cabra, o castañuelas de metal y congas magrebíes.

Cobijado bajo el tino cada vez más sólido del netlabel chilango Melodykrafter, Saoui también teje grabaciones de campo de encantadores de serpientes con la playa de Essaouira, los camellos en el desierto de Merzouga o los altavoces de las mezquitas que resuenan en las calles de Fez. Toda una travesía.

H Deep

Aunque pareciera que Hugo Villarruel habita los mismos linderos techno de sus contemporáneos chilangos, lo cierto es que bajo el nombre de batalla de H Deep, este amante de la pista de baile y los linderos más cálidos del garage y el acid, ha logrado confeccionar un deep house de prístina factura y gusto, ya sea como DJ o productor.

Con una década de trayectoria a cuestas, H Deep comienza a despuntar de forma sólida en esa delicia anacrónica nacida en Nueva Jersey y Nueva York en la década de los noventa, llevándolo a compartir noche con artistas de la talla de Esteban Adame de Underground Resistance o Keith Tucker. Uno de los fichajes norteños más preciados de nuestra ciudad, H Deep es actualmente residente del club Japan de la CDMX.

Diego Suárez Balleza

Aquí habita una transgresión amorosa y pop experimental para llevar gozando. Diego Suárez no tiene aún un disco grabado y sus maravillosos ejercicios y registros en forma de canciones son más bien escasos en Internet. Lo de él es andar libre y buscar, dar clases y seguir a su paso y ritmo.

Sin embargo, Suárez Balleza tiene un don de altos vuelos: una voz privilegiada y un talante emotivo lo suficientemente genuino como para ser una de las grandes revelaciones del entramado sonoro de Ciudad de México.

Suárez es un artista natural al que no le da pena ni miedo echar mano de los juglares o los cuentacuentos para indagar sobre su universo, uno que es vasto y cautivador, y logra exploraciones que abrevan de la abstracción y la tradición latinoamericana a partes iguales.

Monstruos del Mañana

Algo tiene de generoso y universal el referente tropical, que siempre resulta en una música de molde refrescante multicolor, sea ésta una playa de Veracruz o un asidero de guiños a cualquier paraíso latinoamericano enraizado en los corazones y los cuerpos.

Rodrigo Martínez encabeza este quinteto que, a primeras de oídas podría parecer una ola más del corpus neopop latino que abunda en las frecuencias radiales, pero que escuchados a detalle nos revelan sus secretos: una psicodelia garage tamizada en cumbia, con ínfulas salseras y grooves latinos polimórficos. Todo eso sin ser enteramente aquello de lo que maman y brillando de forma muy distinta y extraña cada vez que se vuelven a repasar sus adictivas melodías, las cuales estimulan el inevitable ritual de los cuerpos libres.

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