Todas las fotos por Alejandro Aramburo.

20 años de flyers: Un capítulo de la historia gráfica de la cultura rave en la CDMX

Un raver veterano de 37 años colecciona flyers que datan de 1995.

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27 agosto 2018, 11:31pm

Todas las fotos por Alejandro Aramburo.

En pleno 2018, una avalancha de flyers inunda el Internet vía redes sociales. Cientos de archivos con invitaciones digitales van y vienen a diario de dispositivo en dispositivo. Atrás quedaron los tiempos en los que la invitación a una fiesta, a un club o a un rave, era de mano en mano.

La relación flyer-música electrónica en México data por lo menos desde los 80, la época en que surgieron bandas de techno pop, EBM; y post industriales como Artefakto, Década 2, Interface y Casino Shanghai. El multifacético Mateo Lafontaine diseñó algunos flyers de la época. Martin Parra en los 90––durante la llamada época dorada del rave en la Ciudad de México fue uno de los autores intelectuales de los flyers más codiciados y aplaudidos por la calidad de sus diseños. Lo mismo Demian Nájera, ex integrante del Parador Análogo y Erich Martino, entre otros.

Con el paso del tiempo y con la ayuda de la tecnología el flyer fue evolucionando. La temática de la fiesta o el título de ella, definían la estética y la información que contenía, muchos de ellos verdaderas joyas que había que poseer y conservar.

A lo largo de por lo menos tres décadas la Ciudad de México ha visto correr cientos de flyers que se han convertido en verdaderos objetos deseados por los amantes del diseño y la música electrónica. Una de las colecciones más impactantes es la de Josué Macías Rosas, un raver veterano de 37 años y chilango de nacimiento. Josué asistió a su primer rave en 1997 en el Cine Ópera, desde entonces nunca más se ha alejado de la escena. En su larga trayectoria como raver, se cuentan algunas de las más legendarias fiestas de la ciudad y sus alrededores. Con el paso del tiempo se convirtió en DJ. En 2004 formó parte del line up de la edición mexicana del festival Love Parade. En el mundo electrónico es conocido como Skywalker.

La colección de Josué data de 1995, conserva flyers de fiestas icónicas como Ecosistema, Acid City, Epicure, Union Fest, Aca World Sound Festival; y de clubes celebres ya extintos como Rímel, el Colmillo, Pervert Lounge, club 69, la Tirana, Palace, Danzoo y Alfil Negro.

Es imposible cuantificar el total de flyers que ha acumulado en por lo menos 20 años, son cientos de ellos. Tiene flyers, literalmente, hasta en la cocina. Un archivero de cartón casi a tope, con capacidad para unos 10 kg, resguarda la mayoría.

“En el Cine Ópera me dieron mi primer flyer, en el rave de Boo Williams. En esos años no había Facebook, todo era bien under, y el flyer se repartía de mano en mano. Antes no había tantas fiestas como ahora, había una cada mes, cada dos meses. En la fiesta te daban el flyer del siguiente rave. Yo me enamoré de la escena desde la primera vez que fui y me clavé mucho. Guey que veía repartiendo flyers, iba y le pedía uno para saber dónde iba a ser la próxima fiesta y para coleccionarlos”, recuerda Josué.

En los noventas y dos miles los flyers se repartían en las fiestas y otros tantos se distribuían en las tiendas de discos. Tanto era el interés del joven raver por poseerlos que se trasladaba desde su casa, en el Centro Histórico, hasta las colonias Roma y Condesa, donde se ubicaban la mayoría de establecimientos que vendían música electrónica, como Groovadelia y Rock Shop. Por lo regular se llevaba tres o cuatro flyers para repartirlos entre sus amigos o para intercambiarlos.

La manía de Josué llegó al nivel de robarle a un amigo el flyer de la primera edición del rave Ecosistema. “Yo tenía todos los flyers del Ecosistema, pero me hacía falta el primero. Era tanto mi pedo por coleccionarlos, que se lo chingué a un amigo en su casa (risas). Después mi amigo se enteró que le había robado su flyer y con todo el dolor de mi corazón se lo tuve que regresar”.

A partir del line up, del diseño y de la calidad de los materiales del flyer, el raver podía identificar a cuál fiesta valía la pena asistir. El mismo criterio aplicaba para conservas las piezas. “Empecé pegando uno y terminé tapizando todo mi cuarto, una recámara completa de puros flyers. La neta no es mamada, pero estaba bien verga (risas). ¡Se veía bien bonita! Eran como cuatrocientos flyers pegados en las paredes, cuenta Josué”.

Algunos de sus flyers favoritos––y que él considera de los más significativos––los ha enmarcado, como el de Love Parade 2004 y el de Epicure. “Me acuerdo de un diseño que me gusta mucho, de hecho lo mandé enmarcar, lo diseñó Martin Parra, es de la primera fiesta a la que vino John Digweed. La fiesta se llamó Epicure y se armó en el Parque Ecológico Xochitla. ¡El flyer estaba bien loco! Estaba hecho como en tres capas, se veían un chingo de madres, ¡alucinábamos un chingo con ese flyer! Veíamos a un cocodrilo, veíamos un coyote”.

Los flyers que conserva Josué son diversos, de todos tamaños y materiales, algunos en forma de disco de acetato, otros tienen la apariencia y el estilo de calendario de carnicería; los hay con diseños dedicados a celebraciones de día de muertos, fiestas patrias, o al 14 de febrero. Uno de los más llamativos es un flyer de la fiesta llamada Ácido Desoxirribonucleico, el diseño es muy minimal con tres colores, el negro predomina, viene dentro de un sobre blanco emulando una invitación de boda o XV años; hay otro muy vistoso en forma de mariposa que mide unos 40 cm; tres o cuatro de los flyers más grandes en sus dimensiones que posee Josué, miden 90 cm de largo y unos 50 cm de ancho aproximadamente.

A partir de la llegada y la consecuente masificación de las redes sociales a finales de la primera década de los dos miles, el flyer en formato físico fue desapareciendo, algunas productoras siguen recurriendo a él, pero son las menos. La mayoría migró al formato digital por costos y por el alcance masivo que tiene. “Cuando llegó Facebook todo cambió. Algunos flyers se enviaban por correo electrónico, pero luego vinieron las redes sociales y todo se expandió”.

Continua Josué: “En la actualidad no tiene sentido que saques un tiraje de 20 mil flyers, algunas productoras lo siguen haciendo, pero ya no son tantas. Hay algunos flyers con diseños muy buenos, más que nada en festivales como Ommix. Son diseños muy ad hoc con la época. En las fiestas de techno siento que sí ha bajado la calidad de los diseños”.

El flyer era y es tan relevante porque es el primer contacto entre el público y la fiesta, si el flyer no es lo suficientemente poderoso en el mensaje, la gente no acude al evento. Posee una carga simbólica significativa, más allá de informar datos básicos como hora y dirección, es una pieza relevante de la historia de la música electrónica en México y en el mundo, que ha contribuido de alguna forma al desarrollo de la escena.

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