Lechuga fresca: Crujidos desde el subterráneo chilango Vol. 2

La faceta experimental que vive la Ciudad de México, muestra una de sus modalidades más vivaces. En la segunda ronda, revisamos a Le Trash Can, AASSP, Orutzakiloji y más.

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21 marzo 2019, 5:27pm

Este es el segundo de cuatro textos sobre actos musicales emergentes representativos de la capital mexicana actualmente. Revisa acá la primera parte, acá la tercera y acá la última.

Para llegar al dinamismo y nivel expresivo por el que atraviesa hoy la Ciudad de México en sus propuestas sonoras de corte experimental, sus protagonistas han tenido que trascender una serie de circunstancias que hoy han hecho posible su germinación, diversificación y madurez, detonando así un ánimo más libre, un espíritu aún más exploratorio que en otros tiempos.

Si bien para algunos hablar de una escena experimental sigue siendo un breve entramado que comprende problemáticas recurrentes ––como la constante ausencia de espacios propicios, el golpeado dinamismo financiero de hace décadas o el desinterés de un público siempre intermitente––, hoy existen lugares e iniciativas como el 316 en el Centro Histórico, La Proveeduría, así como la presencia de rostros más jóvenes, juguetones y cooperativos, han dado como resultado propuestas distintivas y potentes.

De alguna manera la tradición del ruido, el free jazz, la plasticidad dislocada o las sensibilidades indecibles, se sigue desarrollando a saltos oblicuos, a veces oscuros y siempre imprecisos, pero que a su vez ha sido también una suerte de impronta sonora mucho más honesta, necesaria y pujante.

Estas son algunas de las iniciativas recientes que más han llamado nuestra atención; protagonistas de una ciudad que abruma, intrincada y corrosiva. Detrás de la piel encostrada de la vieja ciudad de hierro hay un sinfín de flores de asfalto que claman el canto de los inconformes.

Concepción Huerta

La exploración de la tapatía Concepción Huerta ––proveniente en sus inicios de la fotografía y los medios audiovisuales–– ha dado como resultado una de las expresiones sonoras de ensueño más inteligentes y fascinantes de los últimos tiempos en la Ciudad de México.

Poseedora de un corpus abierto y un estilo en constante búsqueda, tanto en individual como en solitario Huerta ha podido entablar un diálogo con su tiempo y espacio generacional, arrojándonos atmósferas y texturas que versan sobre las inmensidades de la contradicción, los rituales espectrales, así como el abrir y cerrar de la exploración humana íntima en el espacio público.

Además, sus colaboraciones con otros artistas clave del abanico local como Turning Torso, Enrique Arriaga o Viiaan han contribuido a sacar la exploración abstracta del sonido y sus dinámicas de ese engorrosa tradición, en donde términos como “música experimental” o “arte sonoro” eran sinónimo de tres o cuatro conceptos creativos identificables. Prueba de ello es la más reciente y fascinante colaboración en mancuerna con las artistas Gibrana Cervantes, Mabe Fratti y Camille Mandoki, combo que al parecer se encuentra cocinando un mundo paralelo de altos vuelos.

AASSP

Moviéndose de forma genuina entre las espuelas del techno y el IDM, en laceración y diálogo intermitente con el ambient, la rugosidad y la plasticidad del sonido, AASSP alias Daniel González, construye y derrumba sus propios linderos creativos, valiéndose de la síntesis, el sampleo y la deformación de audio; buscando, de acuerdo a su visión, una contemplación e introspección que solo la música pueden brindar.

Una de sus más recientes dislocaciones, Infierno libre, espacio creado en mancuerna con DICEALGO, apunta su descripción, promueve la convivencia de prácticas místicas y espirituales con las artísticas, musicales y performáticas de los invitados a cada edición. AASSP es un golpe certero y contundente en el masacote de la exploración sonora.

“La inquietud de encontrar nuevos sonidos, de experimentar y llevarlos al límite ha hecho que los proyectos emergentes no se queden en solo un género. También la facilidad para exponer su música e incluso producirla bajo el DIY ha ayudado mucho en la difusión”. ––Piaka Roela (bajista)

Orutzakiloji

Esquizofrenia enlatada en un humor corrosivo pasado de rosca, y disparando desde las latitudes más apestosas de la Narvarte, Ropo y César Oliveros (buenos conocidos del techno local con mayor cuerpo de la Ciudad) le dan forma deforme y disconforme a Orutzakiloji, un reto descarado al sistema chilango, alcanzando momentos realmente oscuros y abismales de cuño ansioso y siniestro. Sudor frío sonoro escarchado como daga sobre la espalda azotada de nuestro cerebro.

Mabe Fratti

Recientemente, la joven cellista guatemalteca afincada en la Ciudad de México, Mabe Fratti, nos ha regalado una belleza sentida en forma de canción, el tema “Todo lo que querías saber”, primer sencillo que se desprende de lo que será su más reciente producción Pies sobre la tierra.

El rango compositivo y ejecutante de Fratti sorprende por los matices que alcanza y las fibras sensibles que toca sin sacrificar inventiva por edulcorante. En sus canciones hay dolor y goce, caída abismal libre y voluntaria, sutil y sólida a partes iguales. Sus últimas canciones y presentaciones en solitario, así como las recientes colaboraciones con músicos de la escena local (Belafonte Sensacional, Malitzin Cortés, Carmen Ruíz, entre otros) es una de las cosas más inspiradoras que le han ocurrido a la Ciudad de México en últimos años. Enorme.

Libertad Figueroa

De todos los artistas locales que trabajan con código actualmente, el de Libertad Figueroa quizás sea uno de los trabajos más emotivos, desdoblados y grandes en su sutileza, alcanzando momentos hipnóticos que nos desprenden de nuestro instante de forma hermosa e irremediable.

Supercollider, linderos creativos del hackeo, así como una exploración que lo mismo acaricia el drone, el ambient y el ruido en dosis muy particulares y a veces convenientemente atípicas, lo de Figueroa articula un trabajo constante y una visión clara de su propio mundo, uno a veces sentido y expansivo, pero siempre con una exploración intrínseca de las dislocaciones humanas y su diálogo con las postrimerías tecnológicas.

Allbyna

Visto a detalle, el aún joven corpus creativo de Allbyna (César Hernández) ha estado más de cerca de las fronteras entre el beat y sus resquebrajos exploratorios, en donde el techno se desmorona y la ambigüedad de la abstracción configura pequeñas estatuas lúdicas de hielo. No obstante, ese sentido lúdico y la paciencia al dejar que la voluntad de los sonidos marque la pauta, ha construido un estilo genuino y sustancioso, rico en percusiones, texturas y timbres de cuño preciosista, que al final detonan una rareza entrañable, que si bien suele dar bandazos nunca rompe del todo lo que quiere decir. Aquí hay una mente y una sensibilidad que hay que seguir de cerca.

“Los aciertos y virtudes los resumo en una ‘explosión de creatividad’ que se potencializa en tanto los grupos tienen más recursos tecnológicos para crear sus propuestas y difundirlas. Sobre los defectos, creo que el principal es la búsqueda de ingresos a toda costa, dejando de lado la originalidad de las propuestas, algo muy fácil de identificar en ciertos grupos tanto por sus letras como por sus participaciones en medios y ‘vibra’, por así decirlo. La música no tiene por qué ser satanizada por ser un negocio; es un trabajo y muy noble, pero lo es en tanto se haga con el corazón en la mano y no con la cartera en la mente o la búsqueda de fama por parte del ego”. ––Víctor Sánchez (Percusionista de La ReDaDa y baterista de Ska Contenders)

Gibrán Andrade

Lo que hace Andrade en el escenario es un caballo desbocado de largos y potentes senderos. El eslabón citadino entre el punk y el free jazz local, que lo mismo improvisa con leyendas de culto de talle local e internacional, que con músicos provenientes del rock o el subterráneo podrido chilango más ruidista y subversivo.

Improvisador salvaje y enfocado, compositor oblicuo y baterista poderoso, su más reciente proyecto, Doquier, entabla un diálogo y versión muy particulares del No Wave, en mancuerna con los ya viejos lobos de mar Misha Marks y Manu Armida.

Harmony Korine

Lo de Pablo Romo está aún muy fresco, pero también ya está claro por dónde se tira: pesadillas tropicales de cuño dark ambient que exploran ese lado del alma humana, al que solo se entra echando a rodar la entraña y el vacío en los insondables linderos del subconsciente. Hermoso, juguetón y peligroso desde ese lado retorcido del abismo.

Virgen Siamesa

Puercos, malandros y de riguroso contacto físico, alguien podría decir que lo que hace Virgen Siamesa, tierno y violento dueto electrónico proveniente de la Gustavo A. Madero, merece un nichito prematuro en los anales de la experimentación industrial latinoamericana, aunque los envidiosos dirán que es muy temprano para asegurar tal barbaridad.

Nøvaxpress & Ulysses Avath afilan un puñal sonoro de cuño incorrectísimo con la piedra pomez de su cáustico humor, no apto para los más sensibles, el cual ha venido encontrando su público y desplaye más férreo en el chicloso submundo de las máquinas programadas, a partir de un proceso más intuitivo que aprendido o compuesto desde la ínfulas del “músico”.

La experiencia disonante y poderosa de Virgen Siamesa se aprecia en sus incipientes tracks, pero se complementa de forma brutal y verdadera cuando uno los ve en vivo: mocosos endiablados, hijos de Coil y de la electrónica shockeante ruidista que se vale del chingadazo performático para completar el ritual nihilista de su oferta ya podridona. Unos cabroncitos siniestros malcriados y necesarios.

Le Trash Can

Dice el músico Federico Sánchez (Discos Carnitas) sobre el proyecto de Manu Armida, y dice bien: “Le Trash Can es un ruidista de primera, y a diferencia de los clichés del género, su sonido se encuentra cuidado a niveles quirúrgicos”. Y es que sí: a Armida no le falta verdad ni le sobran decibelios corrugados. Agreste, violento, genuinamente raro y sumamente físico, lo de Trash Can es rudo, poderoso, intrincado y excitante a partes iguales; todas desmedidas y fragmentadas en unidades-ruido. De lo más granado que ha dado el ruido chilango contemporáneo.

Alejandro Franco Briones

Es probable que tanto la obra como la personalidad de Franco Briones con sus contemporáneos sea una de las más inconformes, herméticas y hasta antipáticas, en un sentido completamente crítico y militante contra las inconsistencias, atavíos e infantilismos de los entramados culturales y musicales de su tiempo. Pero al mismo tiempo una de las más congruentes, consistentes y focalizadas de su generación.

Proveniente de la interacción con el sonido para desarrollar formas alternativas de estructurar y percibir la música, Alejandro Franco Briones toca la plasticidad de este, detonando un flujo multilateral de información que se produce entre el compositor, el código, así como la partitura, los instrumentistas y la audiencia.

Granado, complejo e intrincado, la obra del mexicano vuela de forma audaz y desafiante entre el ruido, el live coding y la composición contemporánea formal. Una figura importante y disidente a la que vale la pena visitar y revalorar.

“Creo que hay mucha más comunidad hoy en día. Si bien se percibe que las distintas ‘escenas’ o ‘movimientos’ ocupan un lugar propio, cada uno de ellos se ayuda y creo que son cada vez menos las personas que meten el pie para frenar a otras. También gracias a la evolución tecnológica tienen muchas más herramientas a la mano tanto para hacer música como para distribuirla y para aligerar los procesos que vienen después. Son más prácticos, menos atenidos a terceras personas”.

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