Crisálida Sónica: La escena peruana del shoegaze que se adelantó al mañana

Plenitud y una experimentación que los emparenta con jornadas como las del krautrock alemán y el postrock de sus contemporáneos.

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mar. 16 2018, 9:22pm

Foto cortesía de Crisálida Sónica.

Hacia mediados de los 90 Perú era una sociedad libre del terrorismo senderista pero gobernada por la corrupta dictadura de Alberto Fujimori, el Pinochet peruano alias “Chinochet”. Mientras iniciaba el reino del neoliberalismo y de la llamada “República empresarial” unos cuantos jóvenes inquietos encontraron en los sonidos su principal vía de escape: a pesar de la apabullante presencia de géneros como el hardcore punk, el dark wave o el grunge para no hablar del folklore y las cadencias afrocaribeñas existió un puñado de creadores que apostó por cultivar músicas frescas y transgresoras en un medio que decididamente no estaba preparado para ello.

Marzo de 1997. Crisálida Sónica fue el título del cassette que reunió a algunos de los implicados en dicha escena: Catervas, Espira, Fractal e Hipnoascensión. Shoegaze, post-rock, ambient y neo psicodelia son los géneros a los que nos remite esta maqueta hoy considerada de culto en la escena peruana. Una hora de un tremendo trip por las alturas y simas del sonido, la plenitud etérea y una experimentación que los emparenta con jornadas como las del krautrock alemán y el postrock de sus contemporáneos. Mucho antes de la aparición de actos como Mogwai o Explosions in the Sky.

El vuelo ignicia con “b.2ble.p” por Catervas o Robin Guthrie y Brian Eno jugando en el jardín de niños. Ideal para tus vuelos astrales o para soñar que el mundo puede ser un lugar mejor a pesar de la insulsa realidad. Ya en la cara B “A caminar” denota la filiación new waver de la banda de los hermanos Reyes. Mención aparte para la exquisita contribución en el sintetizador de Wilmer Ruiz (miembro de Fractal y Resplandor). Espira –integrado por el Chino Burga, Renzo Lari, Aldo Castillejos y Raúl Ochoa- decora tu mente con las sensaciones naif y celestiales de “Cielo de azul ensueño” y “Espiral mi alma”. Miguel Ángel Burga canta cual shoegazer noventero mientras el grupo continúa las enseñanzas de Kevin Shields y cofradía. Notable por donde se le mire. La música se torna experimental y electrónica cuando Fractal y su admiración por Spacemen 3 y Main aparecen. En ese momento uno puede sentir que esto va en serio, que quizás para algunos no hay medias tintas. Hipnoascensión cierra ambas caras del tape con “Alma de neón” y “Mística Creación”, ejercicios musicales ideados en el cono norte limeño entre canutos de marihuana, “mixtos” y encerronas escuchando discos de scally, baggy y neo psicodelia. Hacia el final de ambos lados se incluyen fragmentos de ensayos, sesiones de radio y live takes que extienden aún más el horizonte metamusical del colectivo.

Crisálida Sónica fue más que el cassette que le dio nombre. No podemos dejar de mencionar actos como DiosMeHaViolado/Evamuss de Christian Galarreta, un acérrimo del sonido Seefeel y de My Bloody Valentine devenido en noiser laptopista al día de hoy activo e instalado en Rotterdam (Holanda); Labioxina, el proyecto de Fernando Ponce (ex Avalonia) quien en su debut se dejó llevar por los devaneos del techno ambient de la época y Girálea, el proyecto de Carlos Mariño (ex Resplandor y Espira) al amparo de gente como Low, Slowdive y Loop.

Cortesía de Crisálida Sónica.

El público de Crisálida Sónica fue ínfimo. Frecuentemente los conciertos –vibrantes desde luego- lucían vacíos. La desintegración hacia fin de milenio era inevitable. Aunque los miembros del colectivo no han parado de producir el reconocimiento a su labor pionera les ha sido esquivo en su país de origen hogar de una escena cada vez más pasteurizada y estandarizada que coquetea con el lavado de narco dinero. Lo sabemos bien: “sin música la vida sería un error”.

Cortesía de Crisálida Sónica.