Foto de Julian White-Davis

En un rapto de gran confianza grabé un disco: Conociendo Rusia

Recién convocado al Lollapalooza 2019, el artista argentino conversó en exclusiva con Noisey en Español.

por Pedro Camacho; fotografías de Julian White-Davis
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19 diciembre 2018, 4:15pm

Foto de Julian White-Davis

En 2011 Fito Páez preparaba su disco número 15, Canciones para aliens, que contaría con 14 temas; covers de varios de sus artistas predilectos, de Charly García y Nino Bravo a Queen y Bob Dylan. Fue grabado en el estudio de Leo Sujatovich, tecladista de cabecera de Spinetta, quien también lo produjo. Hasta acá todo normal, un disco más en la trayectoria de una leyenda del rock argentino. Pero esta no es la historia de Canciones para aliens ni de Fito Páez. Esta es la historia de un adolescente merodeando en ese estudio durante la grabación del disco, el hijo de Leo, quien terminaría grabando las guitarras del disco a petición de Fito, sin haber cumplido los 15 años. Esta es la historia de Mateo Sujatovich, alias el ruso, un chico destinado desde niño a ser una estrella de la música y la mente detrás de uno de los mejores discos de Hispanoamérica en 2018. Bienvenidos al universo de Conociendo Rusia.

“Este estudio existe desde que yo nací y vengo acá desde que tengo dos años”, explica Mateo sentado en el living del Club Atlético Sujatovich, el estudio de grabación y creación musical ubicado en el barrio de Villa Crespo, en la capital argentina, fundado en 1991 y que sirve como laboratorio para que padre e hijo canalicen sus talentos. “Leo le aporta al Club el ‘récord mundial’ de Siete (7) Lápices de Platino y Mateo el talento y la energía emergente”, lee la descripción del club en su sitio web, además de afirmar que “en el Club Atlético Sujatovich creamos la música que está en tu imaginación”.

Para Mateo, la experiencia de compartir esta faceta con su viejo sería determinante para su posterior recorrido como músico. A diferencia de la mayoría de sus contemporáneos, pudo hacer el recorrido a la inversa, aprendiendo muchos de los trucos y gajes del oficio de la producción sin siquiera haber pisado una tarima. “En general está la cancha del escenario y la cancha del estudio”, explica, “y este último es el espacio en el que yo aprendí a hacer música en una habitación con una computadora, manejando distintos instrumentos para poder producir y entender la música desde un lugar más estructural”.

Sus primeros pasos como acto musical los dio con la banda Detonantes junto a Joaquín Carámbula, Juan Manuel Colonna y Juani Agüero. Con una impronta rockera, el proyecto fue el espacio ideal para que Mateo, guitarrista del grupo, encontrara su propia voz con el instrumento y entendiera la escena de la música indie porteña desde dentro. “En ese momento no estaba tan relacionado con componer, estaba más relacionado a aprender a ser guitarrista de una banda. A cómo entre dos guitarras no ser una, sino ser dos, que se puedan diferenciar, pero que vayan juntas, el lugar de cada instrumento en una canción. Para mí, eso fue Detonantes: aprender. La pasábamos bárbaro porque ensayábamos mucho, pero no tuvimos la fortuna de ser un proyecto convocante y eso no es fácil para una banda cuando trabaja mucho y toca y cree que está bueno lo que se hace pero no se está escuchando”. Luego de seis años, Mateo abandonó la banda, motivado a continuar ampliando aún más su desarrollo como músico. “Necesitaba salirme para empezar a encontrar al Mateo canción, al Mateo que escribe y que se conecta”.

Conociendo Rusia, foto de Julian White-Davis

Componer y escribir resultó ser, para Mateo, un proceso más difícil y dilatado de lo que había imaginado en un principio, plagado de momentos de introspección y dudas. “Hay una cuestión al componer de confiar mucho en lo que tenés para decir y a veces lo que tenés para decir sientes que no le va a importar a nadie. Y poco después tenés una racha de confianza y escribes algo y hacés una canción y después dices: ‘es una cagada esto”, explica en medio de risas. Otro reto que se le presentó fue aprender a cantar, incluso otro factor que se vio facilitado por su experiencia en el Club Atlético Sujatovich. “La voz fue apareciendo en mi trabajo en el estudio, cantando canciones para programas de televisión que hacíamos. Me empezó a gustar. Así que para el día que empecé a grabar el disco ya yo tenía una relación con el micrófono que no era solamente cantar sino que tenía que ver con la distancia del micrófono, con los matices. Había ya un poco de entrenamiento”.

El fruto de todo este trabajo fue Conociendo Rusia, no solo el nombre del proyecto y el disco homónimo, sino dos palabras que abarcan un concepto más amplio, desde la ropa que usa Mateo hasta el arte del disco, la puesta en escena y el contenido audiovisual. “Me gusta que un proyecto piense en todo. Ver una banda y no ver cinco pibes que se pusieron la ropa de todos los días. Me gusta que los proyectos me sorprendan, no solamente en la música, sino en todo. La número 1 para mí es Nathy Peluso, por lejos. Musicalmente está buenísimo, y hay un nivel de coherencia entre la música, lo que dice, lo que le pasa, cómo baila, lo que expresa. Te golpea por todos lados, te da nocaut. Te pegó trompadas en todo el cuerpo, te calentó, te tocó el corazón, te sorprendió”.

Conociendo Rusia

El concepto detrás de Conociendo Rusia parte de un detalle casi trivial: a causa de su apellido, a Mateo lo apodaron ruso desde la secundaria. Esa idea, aunada a buscar que el proyecto fuese una puerta de entrada para conocer su historia, derivó en el nombre, lo que abrió un abanico de posibilidades sonoras y visuales. “Se me abrió una paleta enorme de juego”, explica. “Podía inventarme en un montón de cosas que aún no había probado y ahí me junté con un amigo que sabe mucho sobre Rusia y la Unión Soviética y tenía un montón de libros rusos, imágenes y películas para mostrarme. ‘Rusia está llena de alfombras en las paredes, las casas son re bizarras, tienen mal gusto pero todo queda bien’, me decía. Es un mal gusto pero mezclado con una onda. De todo eso me permití armar una licuadora de elecciones”.

Probablemente en ningún espacio sea tan aparente esta licuadora como en el arte de la portada del álbum, del cual se desprendió posteriormente un video de 26 minutos, un plano fijo de Mateo que dura lo que dura el disco de principio a fin. En la imagen se le ve sentado en una suerte de living soviético, cuya pared de fondo es un estampado de alfombra con arabescos de mal gusto. Mateo, sentado sobre un sofá (con estampado distinto al del fondo pero igual de kitsch) viste de pantalón deportivo azul, camisa roja sin mangas y muchas, muchas prendas de oro colgando desde su cuello y sus muñecas. Mal gusto mezclado con onda, sin duda.

Los siete temas que componen Conociendo Rusia son un paseo por distintas influencias de Mateo, desde baladas y piezas más rockeras hasta una que otra sorpresa más bailable. Muestran una variada gama de influencias, ritmos y géneros, pero todas tienen algo en común: reflejan una madurez en la producción, rara para un álbum primerizo. Mucho de esto tiene que ver con la labor de los productores Nico Btesh y Juan Armani en su estudio y la colaboración de otros músicos como Julián Ares, voz y guitarra de la banda Nidos, producida por Mateo. Pero la realidad es que la calidad del disco es principalmente un reflejo de su experiencia antes citada en Club Atlético Sujatovich, experiencia que lo llevó a trabajar más de dos años y medio en el resultado final. “Yo entiendo que es parte de un proceso, entiendo que a veces para que las cosas suenen bien hay que esperar. Si estoy escuchando algo sé como suena porque no tiene la mezcla hecha y no estoy diciendo: ‘che este tambor suena como el orto’. Sé que no suena como el orto sino que le falta trabajo. Quizás son cosas que a mi me sirven para estar tranquilo, entender que la grabación es un proceso por el que se va pasando y que no todo es de una”.

Actualmente Mateo cosecha los frutos de su esfuerzo. Además de participar en festivales locales como Nueva Generación en Córdoba y Manantial Beat en Buenos Aires, ha presentado un par de shows solitarios agotados en los que se ha abocado a expandir cada vez más los límites del proyecto. (En un show reciente en Santos 4040, por ejemplo, salió al escenario mientras sonaba el himno ruso a todo volumen). Esta exitosa racha culminó con el reciente anunció de que será uno de los actos locales en el próximo Lollapalooza Argentina a llevarse a cabo en marzo 2019. La noticia la recibió durante un viaje a Israel y significó una muestra clara de que va por buen camino. “Era una noche que no podía dormir. Me metí a bañar y cuando salí tenía un mensaje de mi manager que decía ‘¿Cómo te ves para el Lollapalooza 2019?’ Y yo le dije: la puta madre, me veo muy bien”, explica antes de reírse. “Es una muestra de que el disco le está llegando a orejas importantes, orejas que toman decisiones importantes en la industria”. Por si fuera poco, tuvo el aval de un músico muy importante: “a mi viejo le gusta el disco, me banca”, dice en medio de una sonrisa.

Conociendo Rusia

Lejos de estar conforme con el éxito, Mateo ya está componiendo de vuelta, en una continua exploración por el universo que creó. ”Es un proceso que recién empieza. Conociendo Rusia me llama por teléfono a mí mismo cuando me despierto en las mañanas y me dice: ‘¿y? ¿Cómo seguimos?”.

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