Nicolas Jaar volvió a su tierra y nos dejó la panza llena de mariposas

Uno de esos conciertos que se parecen tanto al amor.

|
29 enero 2017, 3:00pm

Todas las fotos de Carlos Molina para Noisey MX.

Diciembre del 2011 y Nicolas Jaar debutaba en el país de origen de sus padres en el marco del festival Mutek, que por primera vez se realizaba en Chile. El Club La Feria fue el pequeño recinto encargado de albergar los primeros beats experimentales de Jaar, tiempos en los que aún se le confundía con un dj fiestero gracias a publicaciones como "Mi Mujer" y "El Bandido". Por esa época, en la que la gente se asustaba cuando el chileno-norteamericano empezaba a tocar en 70bpm, él todavía era un estudiante que tenía una vida relativamente normal entre Nueva York y Boston, con una que otra presentación esporádica.

Enero 2017. Seis años han pasado desde su primera visita. Nicolas Jaar vuelve a recorrer las calles de Santiago que lo acompañan borrosamente en sus recuerdos de infancia, y la historia es otra. Ya no hablamos de la visita de esta pequeña promesa con rotulación chilena, ni mucho menos del prodigio niño que con sólo 17 años empezaba a conquistar a los más exquisitos de la electrónica, como los que se reunieron en el prudente set del Club La Feria ubicado en la bohemia capitalina.

La Cúpula del céntrico Parque O'Higgins no da más. La presentación agotada hace semanas. El retraso puso impaciente a las primeras filas que se contorsionaban raro gracias a las drogas de preferencia, y el hijo de Alfredo Jaar entró a escena transformado en un de los más reconocidos músicos de la electrónica actual, y con todas sus palabras: un artista capaz de hacerte brincar y pensar al mismo tiempo sin que ninguna de las dos pierda sentido.

Largos minutos de crujidos espaciales salen de los parlantes y los primeros sonidos de "No" revientan el lugar: ahí está la consigna de Jaar en esta nueva gira que lo llevará por los festivales más importantes del globo durante el año.

En cinco minutos la masa ya está en el bolsillo del artista, que a ratos saca un saxo y sorprende con quiebres que nos dejan con el cerebro extasiado y la panza llena de mariposas. Nicolas Jaar regresó a su tierra, esa que se ve lejana en entrevistas cuando le preguntan por su primera infancia, esa que hizo que sus padres tuvieran que escapar hacia otro país, esa que, de alguna u otra manera, lo hizo llegar al país del norte para que sus sueños no se vieran coartados por dictaduras o dificultades artísticas.

Tras el grito masivo que dejó el primer track del setlist, la fiesta no pudo detenerse. Desde el juego de luces hasta la voz profunda del DJ llenaron el espacio que no era pequeño, ni física ni mentalmente. Por fin Nicolas Jaar estaba en Chile como corresponde. Sin desmerecer su primera visita, que más bien se apegaba al retrato del artista en formación y descubrimiento, esta fue la revancha que todos esperábamos, el concierto que soñábamos cada vez que leíamos que Jaar era premiado, destacado o invitado a los festivales más importantes del mundo.

Justicia musical. El DJ controla el ambiente que se le ponga delante, desde un selecto grupo de adictos a la electrónica como se vivió en el 2011, hasta una cúpula llena de curiosos, estudiantes, adultos, fanáticos, fiesteros, hipsters, acomodados sociales y quienes juntaron peso a peso el dinero para el boleto. Nicolas es transversal y la gente responde a eso. Cada sonido pensado que sale por los parlantes tuvo una respuesta clara y correcta: euforia, amor, baile, gritos, sonrisas. El familiar volvía a visitarnos, luego de una agónica espera en la que sabíamos que estaba bien pero no lo creeríamos hasta que pudiéramos confirmarlo con nuestros propios ojos.

Nosotros lo aplaudimos hasta más no poder. De alguna manera lo extrañábamos. Y parece que él también. Nos trajo regalos: unas joyitas que no acostumbra tocar en vivo hace un rato como la increíble "Space is Only Noise if You Can See", o las más bailables, esas que le dieron una fama errónea, de las que se quiere "despegar", como las mencionadas "Mi Mujer" y "El Bandido". También homenajeó a los suyos y rompió el encore con un arreglo sampleado de "Mi Viejo" de Piero, momento en que los familiares directos salieron al ruedo y dejaron en claro que estaban presentes. Cómo no estarlo, si incluso nosotros, nada más que compatriotas, teníamos que estarlo.

Es lindo re-encontrarse. Es lindo conocerse, mirarse de cerca, ver la cara que viste en tantos videos de YouTube en vivo por primera o segunda vez, esa cara que mutó, creció, y llegó para demostrar que todas las promesas que se generaron a su alrededor eran ciertas. Nicolas Jaar es futuro porque entiende la electrónica de una manera necesaria en un espacio donde todos los DJs están preocupados por romper la pista y hacerte bailar hasta abajo. Él quiere hacerte pensar y eso inevitablemente terminará en pasos como ofrendas para quien conduce el viaje. Esos fueron nuestros regalos para él, los que teníamos contenidos en nuestros pies hace mucho tiempo.

El profeta volvió a su tierra confirmando que sí lo era. Nosotros quedamos enamorados, felices, cariñosos: lo más parecido a una buena dosis de MDMA. Y esperamos ansiosos que la experiencia haya quedado tan marcada en el cerebro de Jaar como en los nuestros, a ver si conseguimos que se venga a vivir aquí y convierta los espacios más pequeños de la fiesta nacional en los conciertos más pulcros y exquisitos de la electrónica. 

***