Hablé con Angel Olsen sobre cumplir treinta y revisamos su discografía completa

No sé si platicamos quince minutos o dos horas.

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18 noviembre 2017, 4:44pm

No sabía qué esperar de una chica cuya carrera musical es tan prolífica y contundente. Sus primeros discos, Strange Cacti, un EP de 2011, y Half Way Home de 2012, están completamente interpretados por ella sola con su guitarra, desde un psych-folk muy trabajado, probando con cada nota que su voz tiene un rango de posibilidades estúpidamente amplio. Más tarde, con Burn Your Fire For No Witness de 2014, Olsen modera mucho más la capacidad de su voz e incorpora una banda de apoyo. Finalmente, con My Woman de 2016 hasta se inclina hacia el pop con ese hit “Shut Up Kiss Me”, sin abandonar su elegancia e intelectualidad. Hace unos días, lanzó Phases, una recopilación con cortes que muestran cómo ha cambiado su trabajo a lo largo de todo este tiempo.

Encontrarse con un desconocido para platicar siempre es difícil. Es confuso sobre todo cuando es un músico que te gusta, porque de alguna manera hay una relación emocional con su trabajo, y es fácil convertirla en una conexión personal. Probablemente hay una parte inconsciente que cree que conoce y reconoce a la persona detrás del personaje, pues su trabajo revela una pequeña parte de su vida privada, pero del otro lado esa persona no reconoce a nadie en ti. Con Angel Olsen me pasa eso. Cuando se lo conté, ella lo describió de la mejor manera posible. “Es como ir a un funeral. Estás presenciando la muerte de alguien más, pero estás experimentando tu propia pérdida y te enfrentas a tu propio dolor”, me dijo con su voz bajita y dulce. A partir de ese instante, ya no supe si platicamos como quince minutos o dos horas.

Nos dimos cuenta que tenemos casi la misma edad y me advirtió un poco lo que me espera al cumplir treinta. “Hablando de la edad, Saturno regresa como toda una experiencia espiritual. Te lo digo,” me advierte tras una carcajada. “Tener treinta es bastante padre. No me importan muchas de las cosas que me importaban antes. Y hay cosas que ahora quiero que me sorprenden. Como la idea de vivir en una casa algún día”. La búsqueda de un espacio propio y hacer un hogar llega más tarde a nuestra generación, pero llega de todas formas. “Ahora que vivo sola, sin roommates, me doy cuenta de que no podría compartir mi espacio con nadie nunca más. Tal vez necesito tanto tiempo sola porque viajo mucho, pero lo único que quiero es llegar a casa, tomar vino y pasar un rato con mi gato”. Hay tantas palabras adultas en esa frase con las que inevitablemente te relacionas cuando te acercas a los treinta, que hasta me sentí cómoda. Quítate, Saturno, que ahí te voy.

Olsen creció en St. Louis, un puerto importante en el estado de Missouri, cuya escena musical se limitaba al noise y al punk cuando ella estaba en la secundaria. A los 20 años se mudó a Chicago, donde comenzó su relación formal con la música, la cual muy pronto la llevó a trabajar con Will Oldham, alias Bonnie Prince Billy, como cantante de apoyo. “Chicago definitivamente fue una gran parte de mi carrera. Fue el primer lugar en donde toqué en vivo. Empecé a hacerme de una pequeña audiencia y a tomar confianza en mí misma”. Vivió ahí durante siete años y se mudó a Asheville, Carolina del Norte, hace como cuatro. Ahora vive frente a las montañas, en un lugar lindo, tranquilo y cerca de la naturaleza.

Cuando intento ubicar su música en un lugar físico, no pienso en Chicago, pero tampoco en Asheville. Olsen es una mujer de palabras, y su música depende más de sus historias personales que de los espacios que la contienen. “Puedo escribir una melodía muy linda, pero hasta que las palabras no están ahí, la melodía no va a ningún lado,” dice a carcajadas. Aunque ahora tiene alcances de artista pop, su manera de trabajar no está esclavizada por las audiencias. “Me gusta tomarme mi tiempo en mis canciones. No me gusta sacar cosas solo por mantenerme relevante, ¿sabes?” Y sí, cada disco de Olsen tiene referencias distintas y se escucha un trabajo completamente independiente al anterior. “Quiero hacer cosas con las que eventualmente pueda mirar atrás y sentirme orgullosa. A veces eso toma algunos años”, y se ríe de nuevo, también sin ninguna prisa.

Este último disco, Phases, es una muy buena retrospectiva de todo su material, donde se puede ver claramente la diferencia en sus procesos y resultados. “El propósito de Phases era mostrar las distintas etapas de mi estilo en cuanto a producción y composición, lo que estaba haciendo y las afectaciones que estaba probando con mi voz”. Hay una canción en especial, “California”, que remonta a su primera etapa, donde usa su voz con toda destreza. “Es un estilo de canto por el que me inclinaba en ese momento. Estaba tratando de alcanzar cierto rango de posibilidades con la voz. Ahora, en lugar de hacer esos sonidos casi guturales, intento ser menos barroca. Mi política ahora es ‘menos es más’, pero si llega el momento de hacer cosas locas con la voz, te tienes que rifar”. Es cierto que ha moderado el uso de su voz, pero en cuanto a instrumentos, ha aumentado con cada disco que ha hecho.

Cumplir treinta no solo la ha obligado a hacerse de un lugar en el mundo, sino también a distanciarse de su trabajo anterior y respetarlo tal cual. “Cuando saqué el Half Way Home estaba escuchando a muchos cantantes de jazz como Mildred Bailey. Si fuera a escribir esa canción de nuevo, ahora, no la cantaría así. Está escrita como una canción de jazz. Por eso canto primero arriba y luego abajo todo el tiempo”, explica con una calma implacable, mientras Saturno se alinea con el resto de los astros para abrirle sinfín de posibilidades.

Olsen me confesó que disfruta cantar y muy seguido fantasea con ser parte de una banda, en donde la música no tenga que depender creativamente sólo de ella, alejarse un poco de la intelectualidad en sus canciones, y dejar que alguien más elija cómo quiere que suenen las cosas y ver qué pasa. Burn Your Fire For No Witness es un disco que habla un poco sobre tener un proyecto en solitario. “No tenía disquera, ni manager, ni nadie que me orientar a tomar decisiones. Eso me hizo sentir un poco sola, pero también me dio la posibilidad de darme cuenta que podía hacerlo bien y fue una buena manera de canalizar mi enojo”. A pesar de su apariencia frágil, sus ojos azules casi transparentes y su voz bajita, Olsen tiene pelotas. Es una mujer que puede cantar “California” y no tener que justificarse si decide sacar una rola pop como “Shut Up Kiss Me”. Para mi gusto, la cronología de su discografía se siente muy natural, y My Woman es, sin duda, un intento más radiable completamente válido en la carrera de cualquier artista. De todas formas, Olsen tiene un último secreto que revelar. “A veces me pregunto qué hubiera pasado si My Woman hubiera salido antes que Burn Your Fire For No Witness”. No hay respuesta para esa pregunta, lo único que queda es esperar a ver qué hace en su disco siguiente.

Angel Olsen estará hoy sábado 18 de noviembre en el escenario Doritos del Corona Capital 2017. Su set es de las 5:20 a las 6:20 pm. Recuerda que si no pudiste ir, acá abajo puedes disfrutar del livestream.

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