Grace Jones y el poder del sexo

Jones escribe sobre el sexo como si fuera algo sin lo que no podría vivir. Por ello, tenemos que agradecerle por cada cuerpo pintado, escena de bondage y pezón liberado que vemos hoy.

|
ene. 17 2017, 7:05pm

Grace Jones tenía nueve años cuando la encontraron escondida dentro de un barril. Estaba con un niño de su ciudad natal en Jamaica y fueron descubiertos por un miembro de la iglesia pentecostal y puritana de su abuelo. La comunidad de la iglesia tuvo que reflexionar durante dos semanas el castigo que le darían. En otras palabras: "Un pequeño hormigueo y curiosidad natural sobre lo que sentía realmente –y no lo que me obligaban a sentir– desencadenó un juicio porque se suponía que había quebrantado la ley y enfurecido a su malicioso dios. El castigo era la forma que tenían de mantenernos a raya".

No es de extrañar que se escapara a Nueva York tan pronto como cumplió los dieciocho años, dejándose crecer el afro, tomando un montón de ácido y disfrutando de todo el sexo ocasional que le viniera en gana. Pero eso no quiere decir que su nueva existencia en los EEUU fuera sinónimo de una libertad total. Aunque su educación profundamente religiosa la controlaba de formas mucho más extremas, la sociedad que la rodeaba ahora también estaba llena de una opresión sexual más sutil pero no menos real. Sobra decir que ser mujer –y, sobre todo, una mujer negra en los años 60– implicaba (y sigue implicando) que tienes que contenerte. Porque ciertas personas encuentran incómodo que expreses tu deseo sexual sin ningún tipo de vergüenza. Es atemorizante, un adjetivo que se ha utilizado para describir a Grace Jones más de una vez. 

En un artículo reciente para Hazlitt, la escritora Jess Zimmerman comentó que: "La mujer ideal no tiene apetito". Y añadió: "Un hombre puede tener un gran apetito, pero una mujer con apetito es siempre una mujer voraz, su hambre es siempre excesiva, porque se supone que no debe existir. Si quiere comida, es una glotona. Si quiere sexo, es una puta. Si quiere cuidados emocionales, es una zorra exigente que solo quiere atención". Y ahora, cuatro décadas después de que Jones llegara a la gran ciudad, y cuando la BBC está a punto de lanzar un documental para celebrar su vida y carrera, estas ideas son más relevantes que nunca.

Jones nunca ha reprimido su apetito y siempre ha destacado por ello. De hecho, a lo largo de los años, su nombre se ha convertido en sinónimo de libertad sexual, hasta tal punto que algunos llegan a sonrojarse simplemente al ver la imagen de sus pómulos afilados. Desde su voz grave que siempre suena como si estuviera al borde de sugerir un escándalo, hasta la forma que tiene de cambiar entre un rol más macho y otro hiperfeminista, hasta convertirlos en lo mismo, Jones siempre ha encontrado la forma de inyectar una dosis de sexo en todo lo que hace. Pero lo más importante es que desde el principio de su carrera ha hablado sobre el sexo como si fuera algo sin lo que no podría vivir. 

Tiene sentido que Jones se diera a conocer al mundo en 1975 con "I Need a Man", un tema que llegó junto con un vídeo donde la vemos moviéndose lentamente al ritmo de música disco y vestida con un corsé plateado mientras canta "Él entenderá lo que siento muy dentro de mí", como si fuera un extraterrestre extraño y sexy que ha venido a visitarnos desde el planeta Venus. La canción no llegó al número uno de las listas de popularidad, pero pronto se convirtió en un tema de culto en los antros gay del underground neoyorquino: un himno de la liberación del apetito sexual reprimido en una época en la que el sexo homosexual se acababa de legalizar.

Hablando con Pitchfork, Tom Moulton, el primer productor de Jones, describe cuando la vio interpretar el tema en directo en una disco gay: "De repente, el foco dio con ella. Empezó a cantar 'I Need a Man' y la gente se volvió loca. Cuando acabó dijo: 'No sé ustedes, amores, pero ¡yo necesito un puto hombre!'". Jones no se limitaba a expresar su propia sexualidad, sino que invitaba al resto a que expresara la suya también, de cualquier forma que estuviera en sus manos.

Obviamente, "I Need a Man" se consideraba casi una obra pornográfica. La mayoría de los temas de Jones de esta época eran más suaves y menos directos que los que sacaría después, cuando dejó el disco para adoptar un estilo new wave más andrógino y unas letras más provocativas en la década de los 80. "Pull Up to the Bumper", por ejemplo, habla claramente sobre el sexo anal (aunque Jones todavía insiste en que va sobre estacionar coches). "Apóyate sobre mi defensa, nene, con tu larga limusina negra", ronronea, "Rápido, enderézala, deja que la lubrique, apóyate sobre mi defensa, nene".

Además de ser la única persona de este planeta que podía hacer que una letra así sonara ligeramente cachonda, era algo revolucionario que una mujer cantara sobre sexo anal. Incluso hoy en día sigue siendo revolucionario. Pero por aquel entonces, cuando la crisis del SIDA estaba a punto de destrozar comunidades enteras y cuando las mujeres muy raramente cantaban sobre sexo, se consideraba un tabú. Y además de cantar sobre ello, Jones cantaba que lo deseaba y pedía que alguien se lo diera, dándole instrucciones detalladas. Escucharle cantar esas palabras sin una pizca de timidez era muy atrevido y el tema pronto quedó vetado en la mayoría de emisoras de radio mainstream. 

Su actitud positiva ante el sexo no se limita solo a sus letras, sino que impregna todo lo que hace. La primera y única vez que me he encontrado con Jones, exclamó que la música y el sexo siempre han de ir juntos porque son la misma cosa. "¡Es imposible separar la música del sexo!", me gritó, abriendo los ojos como platos. Estábamos en un restaurante en el sur de Londres, y ella había pedido un enorme plato con chuletas de cordero y salsa, una copa de vino tinto y unas Sambucas de postre. Devoró pronto la comida, tomándose un respiro solo de vez en cuando para contar una historia o reír ruidosamente. Si pasaras tan solo una velada con Jones, ya sea en un restaurante o viéndola actuar sobre el escenario, te quedaría claro de inmediato que es la personificación de la alegría de vivir. 

Aunque no seas un fan incondicional de Grace, seguro has visto las populares fotos que le hicieron Keith Haring, Andy Warhol y Jean-Paul Goude. Sus colaboraciones con Goude, sobre todo, dieron como fruto algunas de sus imágenes más icónicas, donde aparece con el cuerpo cubierto de aceite en un retrato con un alto contenido sexual, enfatizando su piel negra y su androginia. Desde entonces, muchos han definido el trabajo de Goude como explotador, pero Jones siempre dijo que Goude simplemente captó y celebró la energía que ella rezumaba, y afirmó estar orgullosa de sus colaboraciones. "Esa energía brutal y animalista que era parte disco y parte teatro de la crueldad, era una forma lúcida de presentar un apetito por la vida", escribió más tarde. "Era una descripción visual de una bestia original imposible, solo posible en este planeta, una centaura voraz saliendo de un abismo desconocido y enfrentándose al miedo de la gente. Quizás se puede ver a Jean-Paul enamorándose de mí y convirtiéndolo en una carta de amor visual". Grace Jones nunca quiso reprimirse, y Goude la animó a que no lo hiciera. 

Es difícil adivinar lo qué habría sido del panorama pop de no haber existido Jones ¿Habría aparecido FKA en plan bondage en su video para "Pendulum" si Goude no hubiera fotografiado a Jones de ese modo? ¿Habríamos visto a Rihanna enfundada en ese bonito monocromo en "Rude Boy" si Jones no hubiera aparecido desnuda y pintada por Keith Haring hace todos esos años? ¿Habría lucido Janelle Monae ese traje masculino en "Tightrope" si Jones no hubiera sido la pionera de esa estética andrógina? ¿Habría roto Internet Kim Kardashian con la portada de Paper magazine si Jones no hubiera posado en la misma pose décadas antes? ¿Se habría retorcido Nicki Minaj dentro de una jaula para su vídeo "Stupid Hoe" si Jones no hubiera sido inmortalizada en una posición idéntica en el polémico libro Jungle Fever de Goude de 1982? ¿Estaríamos llenando nuestras cuentas de Instagram con el hashtag #freethenipple para protestar contra la objetivación sexual si "Nipple to the Bottle" de Jones no hubiera sido prohibida en la radio en 1982 por la misma razón? ¿Existiría Lady Gaga? 

Celebrar cómo Jones ha aceptado plenamente su poder sexual a lo largo de los años es celebrar todo lo que vino tras ella; todo lo que no habría existido si no hubiera sobrepasado tantos límites. Porque Jones no se limitó a utilizar el sexo para seducir o complacer la mirada masculina, sino que ejerció y explotó lo que consideraba que era suyo por derecho pleno. Desde muy al principio, decidió no contribuir a una sociedad que sometía a la mujer al papel de objeto sexual, fetichizaba a las mujeres negras y esperaba que la mujer reprimiera su apetito. Y lo que es más importante, decidió que si lo hacía, sería según sus propias condiciones, con sus reglas y de una forma más fiera y decidida de lo que cualquiera habría podido esperar.

(Ilustración principal de John Garrison).