Vulnicura es la única ruptura que vas a querer vivir más de una vez

El nuevo álbum de Björk debería de venir con la advertencia: "Al escucharlo vas a sentir la afilada punzada de soledad y dolor que marca el fin de un romance."

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23 enero 2015, 6:39pm

Hay muchísimas personas con historias de Björk. No historias tipo “La vi cuando tocó en Nueva York y estuvo increíble”, sino personales: “La vi en un mercado de pescados de Reykjavik y fue increíble”, cosas así. Siempre pienso en ella como la Bill Murray del mundo de la música—cosa que es un cumplido más grande para Bill que para Björk. Aunque las historias que he escuchado sobre ella difieren de las de Bill en una manera muy importante: dudo que cuando Björk te da un beso y canta en tu cumpleaños 27, o cuando te encuentras bailando junto a ella en Londres en el club Electrowerkz en los 90, o cuando te hace espontáneamente un charola de postres con yoghurt, dulces y barras de chocolate después de que la entrevistaste (cosas que le han pasado a conocidos míos), las hace pensando "Este va a ser un gran recuerdo para esta persona, y va a aumentar mi percepción pública como una persona 'inusual'". Mientras que cuando Bill susurra en tu oído en una calle en Nueva York, o pasa la noche contigo presentándote a extraños con el nombre inccorrecto (cosas que también han pasado en la vida real), hay un nivel consciente de ello. Dicho esto, Björk y Bill son artistas venerados que viven y operan dentro del sistema, pero no interactúan con él de una manera común. Es como si flotaran en otra dimensión, a la cual nos dan acceso cuando lo creen conveniente.

Antier Björk lanzó su noveno álbum de estudio, Vulnicura. Vaya título. No pude encontrar una definición en el diccionario para esa palabra, pero suena completamente femenino, y supongo que en un momento en el que el feminismo es más bien una idea abstracta, es una tendencia con la que puedes vender mierda. Pero Björk no se sienta en juntas con su disquera planeando cómo hacer la mercadotecnia de su próximo lanzamiento. No creo que tenga tácticas. Creo que trabaja en lo que quiere trabajar y hace lo que cree que se sienta bien, algo que probablemente sea muy difícil hacer después de nueve álbumes y una relación laboral con la industria musical que data de 1977. Si hay alguien que tiene libertad creativa, probablemente sea ella.

Pero, regresando a Vulnicura, este es un disco de un rompimiento, el cual debería de venir con la advertencia: "Al escucharlo vas a sentir la afilada punzada de soledad y dolor que marca el fin de un romance." En “Lion Song,” Björk espera que la persona que ama deje de hacerlo, lo cual es lo suficientemente doloroso, pero Björk está siempre en su mejor y más devastador momento cuando piensa en ideas más filosóficas. El primer track, “Stone Milket,” nos introduce a las cuerdas que usa en varios de los temas de este álbum. Son personajes recurrentes, bellos y ominosos, entretejiéndose entre ellos, y acompañados por beats escarsos, como pizcas del abismo. Puedes sentir tu vida escapándose de entre tus manos cuando canta “Moments of clarity are so rare / I better document this.” Estás viviendo en un montaje sin guión de una película de Bill Murray: ves a tus padres muriendo, estás en la boda de tu hija, luego agarrando la mano de tu nieto, y de pronto tu cara está toda arrugada y tu pelo blanco. Y, mientras tanto, Bill está sentado en la cima de una montaña bastante empinada, sobre una silla morada, el viento pegándole en el rostro y se ríe y llora de tu vida al mismo tiempo. A la vez, sin embargo, esta canción podría ser sobre cómo somos todos unos adictos a nuestros celulares y documentamos incesantemente todo. Eso es lo que hace a Björk tan maravillosa: puede ser una cosa, pero puede ser otra.

A veces Björk te habla de sexo. Lo está haciendo ahorita, aunque en realidad habla de sexo y la muerte, porque los dos van de la mano, y ese tango que bailan hace que estén a un pelo de distancia. Tomen, por ejemplo, “History of Touches” en donde canta dulcemente sobre cómo quería que te despertaras y le hicieras el amor porque tenía este sentimiento de que a la mejor iba a ser la última vez que iban a tener sexo juntos, porque siempre va a haber una última vez para todos, ya sea con una persona en específico, o una última vez antes de que te peles. Y te agarra la mano y canta “Sensing all the moments we've been together / Being here at the same time / Every single touch / Every single fuck we had together.” Y tú asientes porque tiene toda la razón, pero también porque es algo de lo que a la mejor no te habías dado cuenta hasta este momento, y te acuerdas otra vez de por qué amas tanto a Björk. Björk canta todo esto sobre beats estremecedores, y en esta ocasión no invitó a los violinistas y chelistas al cuarto; sólo son tú, ella, y un sintetizador, junto con un puñado de pensamientos melancólicos.

Björk, sin embargo, no se clava solamente en Grandes Ideas y relaciones amorosas. A veces simple y sencillamente sólo te quiere sacar de pedo. “Not Get” es incómoda y exigente, pero “Family” lo lleva un paso más allá. Es una película de terror en la cual no puedes más que quedarte boquiabierto de la impresión. Björk’s realmente nos está asustando. Con las cuerdas como serruchos, beeps irritantes, y ruidos sordos, Björk está en tu ático y está pegándole a algo, cortándolo, y no tienes idea de qué es. Canta, pero de manera discordante, y le va aumentando el volumen hasta que de pronto todo se vuelve bastante callado. “Family” es perturbadora, y a la vez hermosa —una combinación que prácticamente sólo ella puede lograr. "There is a swarm of sound,” canta, y empieza a yodelear hasta el techo. Es como ver a toda tu familia morir y después ver el amanecer más impresionante de tu vida.

“Atom Dance,” un dueto con Antony Hegarty, llega después para limpiarte el paladar. El par brinca uno encima del otro, inundando tus oídos con un sentimiento glorioso. Por primera vez sientes la esperanza de que este dolor y esta añoranza desaparezcan. Esto se refuerza con el último track del álbum, “Quicksand,” con su energía tensa y nerviosa. Los beats se escabullen a altas velocidades y las cuerdas van en círculos, un estribillo que se repite por un buen rato después de que la voz y las percusiones han terminado. Aunque va a seguir adelante, sabe que va a tomar tiempo: “Our mother's philosophies / It feels like quicksand / And if she sinks / I'm going down with her.” Björk está viéndote directo a los ojos, acariciándote la mejilla, y te está diciendo lo que siempre has sabido, siempre has sentido, pero probablemente nunca hayas articulado: “When I'm broken I am whole / And when I'm whole I am broken.” Justo como cuando los ojos grises de Bill Murray y su cara arrugada expresan 42 emociones al mismo tiempo, Björk te pinche entiende, y Vulnicura es la única ruptura que vas a querer vivir más de una vez.

Elizabeth Sankey es la vocalista de Summer Camp. Síguela en Twitter.