Portada de Fever Ray | Intervención: Julián Guzmán.

10 años de 'Fever Ray', el trabajo más voraz de Karin Dreijer Andersson

La vocalista de The Knife consiguió ensamblar un álbum que, una década después, aún sigue tocando las fibras más escondidas del alma humana.

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14 enero 2019, 11:47pm

Portada de Fever Ray | Intervención: Julián Guzmán.

2009: Estados Unidos nombra por primera vez en su historia a un presidente afroamericano, Michael Jackson abandonó esta existencia terrenal tras cinco décadas siendo el rey del pop, y James Cameron lanzó Avatar, mostrándonos lo que podría haber logrado Pocahontas con un presupuesto de $200 millones de dólares.

También, el lunes 12 de enero del mismo año, la prodigiosa artista sueca Karin Dreijer Andersson lanzó su primer trabajo en solitario, bajo un proyecto al cual decidió bautizar como Fever Ray. Karin, quien junto a su hermano Olof Dreijer irrumpió en el escenario musical europeo formando el dúo The Knife en 1999, no es una música que pueda pasar en vano.

Como The Knife, aquel enigmático proyecto que exploró los terrenos más dispares de la electrónica, los hermanos Dreijer lograron separarse del montón, rompiendo cualquier brecha existente entre el donaire del europop y el nicho sombrío de la música experimental del nuevo milenio. Al igual que actos como Aphex Twin, James Holden o Moderat, The Knife penetró el mercado con un sonido disruptivo y elegantemente feroz, inédito para una época que tambaleaba en su reinvención sónica.

Ocho años después de su primer álbum como dúo, Karin Dreijer decidió apartarse del exitoso sendero trazado junto a su hermano para sumergirse en aguas más profundas, más oscuras, más reveladoras. Así nace Fever Ray, su primer alias: una criatura tan oscura y tenebrosa como maternal y afectuosa. Para explicarnos con un poco más de claridad este nuevo rumbo, Karin nos iluminó con un álbum homónimo compuesto por diez canciones que encontraron su lugar en el mítico sello inglés de Daniel Miller, Mute Records, y en el sello sueco Rabid Records, dirigido actualmente por Karin y Olof.

Estas diez confesiones, emanadas desde las entrañas más laceradas de la cantautora sueca, rápidamente comenzaron a engranarse en el subconsciente de todo aquel oído que llegaba a su cadencia siniestra. Si con The Knife recorrimos las soleadas calles de la ciudad escuchando “Pass this on”, o bailamos sin parar en el club al ritmo de la hipnótica melodía de “Silent shout”, Fever Ray nos zambulló de lleno en un pantano maléfico, en una especia de bautizo mortífero.

Solo basta escuchar los primeros fragmentos de “If I had a heart” para sentir a la muerte susurrándote al oído, dejando entrever su apetito insaciable y su pálpito descorazonado. Asimismo, en “Dry and dusty” nos dicta una cátedra de relaciones interpersonales: el amor es una simple cápsula de energía, que tarde o temprano terminará seca y empolvada.

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Pero no todo es sollozo: en cortes como “When I grow up” y “Seven”, Karin convierte el aislamiento en un prisma catalizador capaz de hacernos valorar los detalles más insignificantes de la vida. Durante el proceso creativo de Fever Ray, Dreijer Andersson se encontraba embarazada por segunda vez, y son líneas como “I’ve never liked that sad look, from someone who wants to be loved by you” las que hacen denotar su aprecio por la maternidad, por el incomparable acto de traer un pequeño ser humano al mundo.

En su totalidad, Fever Ray es un disco que se siente humano, una composición musical tan tangible que desbarata y reconstruye el espíritu a lo largo de 48 minutos. Es una catarsis voraz y divina. Karin Dreijer Andersson, junto a los sintes de Christoffer Berg y la visión productora de Van Rivers & The Subliminal Kid, consiguió ensamblar un álbum que, diez años después, aún sigue tocando las fibras más escondidas del alma humana.

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